Rubén Moreta

Los hijos ingratos del Sur

En Opinión  por

Ellos se fueron y nunca regresaron. Su éxodo comenzó a finales de los años sesenta, prosiguió durante las décadas de los setenta, ochenta y noventa. La mayoría salió de la región sur con la excusa de que iban a Santo Domingo o al exterior a estudiar, porque no había universidades.

Al concluir sus estudios superiores se quedaron a vivir en la metrópoli. No quisieron regresar a San Juan, Elías Piña y las demás comunidades sureñas e intentar abrirse paso, enfrentando y venciendo las adversidades y hostilidades del estrecho medio local y contribuir a su transformación.

Su distanciamiento fue definitivo al colmo de que se desarraigaron impunemente de la tierra que los vio nacer. Olvidaron que por responsabilidad y ética elemental debieron regresar a poner en práctica sus conocimientos para contribuir con el cambio social, económico y político de su depauperada región.

Fueron innobles. Abandonaron el barco dejándolo a la deriva, rumbo al precipicio.

Este es un factor fundamental –oculto intencionalmente- generador del atraso y la pobreza de San Juan, Elías Piña y de todo el suroeste. Se llama fuga de cerebros.

La fuga de cerebros es un factor desencadenante de muchos de los males de los pueblos sureños, porque el capital humano, llamado a contribuir con el cambio socioeconómico local, no cumplió con su papel. Esa emigración de recursos humanos ha azarosa para toda una región que aspira a un mejor porvenir.

La fuga de cerebros en los pueblos sureños es la gran problemática que abona el desamparo y postración de unas hermosas tierras, que concentran la mayor tasa de pobreza, marginalidad y desatención oficial.

Los sureños, en especial los sanjuaneros que migraron en el tiempo que he descrito y hoy exhiben ostentosos títulos profesionales, deslumbrantes currículo político y/o bonanzas financieras en otras comunidades son hijos ingratos.

Son hijos ingratos porque ellos son corresponsables de la degradación y marginalidad social que exhibe hoy el municipio capital y toda la provincia, y por las condiciones de pobreza en que vive la mayoría de la población.

No podemos culpar solo a los gobiernos por la abultada deuda social acumulada que tienen con este y los demás pueblos sureños, sino que estos elementos –insisto hijos ingratos- también tienen su cuota de responsabilidad con nuestros padecimientos y carencias.

¿Quiénes son esos sureños ingratos? El colectivo de médicos sanjuaneros/as famosos e íconos en todas las especialidades, afamados ingenieros, caciques de instituciones deportivas, grandes empresarios, renombrados artistas, sonoros deportistas, prestantes abogados jurisconsultos, administradores y jeques bancarios, jefes de empresas licoreras, ex rectores universitarios, dueños de complejos turísticos, altos cargos de la nación, entre otros desarraigados.

No hago excepción con ningunos de los aludidos y no me importa que hagan “piquito y bembita” conmigo, porque insisto, esos ausentes son hijos ingratos de su provincia y de su región.

Autor

Rubén Moreta

Periodista, Investigador y Profesor de Sociología Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).

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