Ing. Cristian Hidalgo

La ingratitud es hermana de la traición

En General - Opinión  por

Si analizamos profundamente el significado de la gratitud, podemos concluir sencillamente que todo el que carece de esa virtud es un ingrato. De éstos está lleno el mundo, los hay al por mayor y al detalle, en todos los estratos sociales. La ingratitud es una desvirtud inherente a la raza humana, convirtiendo a los seres que la padecen en resentidos sociales. Francisco de Quevedo, el poeta español, lo decía de otra manera: “Quien recibe lo que no merece pocas veces lo agradece”; pero Dale Carnegie, nos comparte un lema que consideramos bien oportuno: “Esperar gratitud de la gente es desconocer la naturaleza humana”.

Algunos personajes llegan a ocupar posiciones cimeras en la dirección de un estado, incluyendo la presidencia de este; a su alrededor gravita un ejército humano que en esos momentos de gloria son capaces de expresar su disposición de ofrendar hasta su vida (si necesario fuese) por el personaje; otros desde lejos elaboran planes para ocupar un espacio en las cercanías de los mismos, para lograrlo son capaces de vender su alma al mismo Lucifer, profesando ser devoto de ese «ser supremo» cuya punta de su pluma todo lo puede. Lo peor de todo es que ambos se emborrachan, crean una zona de confort de la que creen no salir nunca mas. Sin embargo, todo empieza a cambiar cuando el poder y la capacidad de resolver cosas cambia de amo.

Como expresa verdades amargas: «…amigos complacientes solo tienen los que disfrutan de ventura y calma, pero a cuantos abate el infortunio solo llevan tristezas en el alma. Si estamos bien nos tratan con cariño nos alaban, nos adulan; mas si acaso caemos en desgracia del destino, solo por un cumplido nos saludan».

Personas que ayer te dieron su mano, que te han creado oportunidades de crecimiento económico, que te han proporcionado un espacio en su exclusivo entorno, que te han cambiado la vida. Pero hoy, con tan solo una  fuerte ola menear la embarcación, somos los primeros en dar la espalda, en desdeñar al capitán, en morder su mano, esa misma que tanto nos ha servido. Se nos nubla la mente y entendemos que ese capitán va sobre barco a la deriva. Lo peor de todo es que mientras ayer estábamos dispuestos a ofrendar nuestra vida por ese capitán, hoy sin embargo no somos capaces de sacrificarnos en lo mas mínimo para que el barco llegue a puerto seguro.

“Si recoges a un perro hambriento y lo alimentas, nunca te morderá; esa es la diferencia entre un perro y un hombre”, decía Mark Twain. Es cierto que la ingratitud es un deterioro de nuestra humanidad, una mancha en nuestro carácter, un peligroso déficit en nuestra personalidad. Lamentablemente hay muchas personas que no son conscientes de esta realidad. Según Francois de La Rochefoucauld, escritor y aristócrata francés: “Los hombres no solamente suelen olvidar los beneficios recibidos, sino que llegan a odiar a los que se los hicieron.”

La ingratitud es índice de soberbia y egoísmo, cuando no de mala fe. El que es ingrato se caracteriza porque ignora o pretende ignorar el bien que le hacen los demás, si no guarda ningún recuerdo del bien recibido, con facilidad le ataca de manera despiadada e inmisericorde casi siempre por la espalda, cuan vil traición de la que solo se guarda la forma. Es que el ingrato está tan acostumbrado a obtener siempre lo mejor para sí que no le es nada fácil reconocer los méritos ajenos. Los favores que recibe, lejos de inspirarle agradecimiento, le inspiran rencor. Por ello,  expresa Miguel de Unamuno: “No des a nadie lo que te pida, sino lo que entiendas que necesita; y sin soportar luego la ingratitud.” Por eso dice Samael Aun Weor: “La ingratitud es hermana de la traición.”

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Autor

Cristian Hidalgo

Escritor, Ingeniero Civil de profesión y Realtor de oficio. Desarrollador de proyectos inmobiliarios, Asesor de Fideicomisos, Ley 189-11

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Comentarios

  1. Jose el patriota 19 diciembre, 2015 a las 6:56 am
    /

    Los haitianos son ingratos

La realidad existe como un absoluto objetivo: los hechos son los hechos, independientemente de los sentimientos, deseos, esperanzas o miedos de los hombres

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