Prof. María Isbelia A. de Alfonzo

EL QUIJOTE EN EL PINACULO LITERARIO

En General - Opinión  por

Cada vez que leemos el fragmento de un gran clásico le damos diferente interpretación, tal es el caso de la obra quijotesca que encaja perfectamente en el molde de un verdadero de un verdadero clásico, la obra de Cervantes congelada en las paredes del tiempo no se termina de leer jamás, toda vez de encontrar en la misma una razón de ser y una misión análoga a nuestras vidas.

Son interminables las interpretaciones de la obra cervantina por ser el Quijote un magnífico manantial de inagotables ideas, la profundidad y la grandeza del libro encuentran asidero en esa infinidad de interpretaciones, en la calidad exegética para descifrar hasta sus más pequeños matices a la luz y contraluz de toda observación.

No obstante, después de La Sagrada Biblia nos encontramos con El Quijote en la Pirámide Literaria, Amen después El Mío Cid, La Divina Comedia de Dante, El Popol Vuh de los Mayas, El Ollantay entre las tantas.

Y es que solo un hombre con la experiencia dolorosa y el espíritu iluminado de Cervantes podía escribir tan grandioso monumento, plasmando en su obra el escritor aquellos sueños maravillosos que el mismísimo autor hubiese querido vivir tal cual las inquietudes de caballero andante, humanizando y ennobleciendo lo que solo es truculencia, de tal manera que estas ilusiones peregrinas le permitirían realizar la inigualable hazaña novelística al convertir el fracaso burlesco en piedra de toque de lo sublime.

A lo largo de la historia del sin par caballero andante se encuentran muchos y variados matices propensos a conducir el ideal de las hazañas altruistas, análogas a la reflexión sanchopancesca que nos vierte en el oído cordura, prudencia o cobardía, en el mismo escenario la tendencia consoladora a elevar las realidades hasta la altura de nuestras aspiraciones, el deseo de embellecer lo ruin, la voz de la sensatez y los intereses a los cuales nosotros queremos darle forma de vida a través de lo dicho por el buen Sancho: Estos son molinos, éstas son ovejas, esta es piara, estotros pellejos de vino y esotros galeotes…

Junto a la magra y conmovedora figura del Hidalgo está a lo largo de toda la historia el socarrón escudero, ambos extienden ante el lector ese coloquio llano y conmovedor de Hidalgo y escudero, donde la amistad adquiere su valor más sosegado.

En sentido general Sancho Panza junto al caballero andante vienen a ser la voz del sentido común, bien sea real, vulgar, grotesco y de la socarronería poco gustosa, de riesgos desinteresados, junto al altruismo e idealismo de su Señor al que en vano trata de hacerle ver la mera realidad, pues para Sancho los molinos, son los molinos, para Don Quijote son gigantes, para el escudero las ovejas son ovejas, para el Hidalgo, ejércitos en controversia, pero lo más interesante de todo es que al final el práctico y refranero Sancho acaba contagiándose de la locura y quimera de su Señor, lo que se puede apreciar en la siguiente apoyatura textual: Mire no sea perezoso sino levántese desa cama y vámonos al campo vestidos de pastores como tenemos concertado, quizá tras de alguna mata hallaremos a la señora Dona Dulcinea desencantada…”

En el anterior fragmento nos encontramos lo que literariamente se conoce como Sanchizacion y quijotizacion, es decir hay un cambio de conducta en los personajes al final de la historia, toda vez que Quijote recobra la memoria en hora de muerte y Sancho asume el idealismo de su Señor…

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