El espejo de Jean Alain Rodríguez

En Editorial - General  por

En la Constitución de nuestro país están consagrados los derechos fundamentales; aquellos inherentes al ser humano, que pertenecen a toda persona en razón a su dignidad humana. Cuando una autoridad de manera alegre los conculca, sin importar de quién se trate, debe intervenir el acreedor de esos derechos, el ente a quien protege, el único que sí está por encima de la Constitución (We the people), El Pueblo; y como Chanoc, salir a defenderlos, nunca, jamás, bajo ninguna circunstancia aplaudir que autoridad alguna nos viole esos derechos.

En nuestra Carta Sustantiva, un derecho fundamental (Artículo 46.- Libertad de tránsito) expresa que «toda persona que se encuentre en territorio nacional tiene derecho a transitar, residir y salir libremente del mismo, de conformidad con las disposiciones legales». Lo acontecido con el ex Procurador General, Jean Alain Rodríguez, la tarde del pasado jueves cuando se proponía viajar a los Estados Unidos de América, fue algo reprochable, intolerable, deplorable y que bajo ninguna circunstancia debemos aplaudir a las autoridades.

La Dirección General de Migración, de una manera ligera, alegre, temeraria y sin ninguna decisión judicial le impidió a ese ciudadano salir del país. Es preciso señalar que el «Impedimento de Salida» es una de las medidas de coerción (numeral 2, artículo 226, Código Procesal Penal). La medida de coerción es una restricción directa o indirecta sobre el derecho fundamental-constitucional a la libertad y la propiedad de la persona del imputado, autorizado por orden judicial competente, cuyo carácter temporal busca garantizar la presencia del imputado ante la jurisdicción correspondiente.

Bajo ninguna circunstancia pretendo con mi escrito erigirme como defensor del ex Procurador General, a ese que sindican creerse amo y señor del universo; que estaba por encima del bien y del mal; no, a él lo defenderán sus abogados no me vislumbro prestando mi voz ni grabando mi pluma para defender causas personales; sin embargo, a «Jean Alain Rodríguez» el ciudadano como usted y como yo, sí, defiendo sus derechos civiles; sobre todo que no se vulneren los que llamamos fundamentales.

Si como funcionario hizo alguna travesura del erario o si se involucró en actos de corrupción del pasado gobierno, que las autoridades competentes le abran un proceso legal, en donde se le conozca medida de coerción, cobijado en el debido proceso y la tutela judicial efectiva; si el juez entiende existen elementos probatorios que comprometen su responsabilidad; le  imponga el impedimento de salida del país, entonces sí está compelida la dirección de Migración a detenerlo en su intento de abandonarlo; no de la manera arbitraria y temeraria como lo hicieron.

Lo ocurrido a Jean Alain Rodríguez, es algo que puede sucederle a usted, a mí o a cualquier dominicano en un puerto de cualquier naturaleza; es como que usted salga a pie de su casa a visitar a un familiar, y de la nada sale un policía que usted está preso, sin flagrancia de delito y sin ninguna orden judicial al respecto; está preso porque sí, porque el policía o a un superior se puso para usted. Esa práctica de que la Dirección General de Migración se coloque por encima de la Constitución de la República para humillar, vejar y maltratar a ciudadanos dominicanos es totalmente trujillista o propia de una dictadura.

La violación de los derechos civiles y políticos en que han incurrido las autoridades de Migración (¿y por qué no decirlo? el Ministerio Público) con el ciudadano Jean Alain Rodríguez, no debe dejarse pasar por alto, ya que con alguna razón mañana (si es que lo presentan ante un juez de la instrucción), sus abogados tendrán sobradas razones para alegar y justificar una persecución política; pues sin un expediente acusatorio le están vulnerando sus derechos fundamentales consagrados en la carta Magna. Son las mismas autoridades las que están haciendo del Dr. Rodríguez una víctima ante la ciudadanía, independientemente que haya cometido o no algún hecho punible.

El Señor Presidente, Luís Abinader, hasta ahora ha dado señales claras de ser un hombre democrático, abrazado a las mejores causas y que no apoya arbitrariedades de ninguna naturaleza. Este hecho (aunque llama la atención por tratarse de una figura pública, ya que se comete con otros ciudadanos de nombres no sonoros) debe ser investigado y descontinuada de una vez y por todas esa mala práctica de creerse soberanos, por encima de nuestra Constitución. Mucho cuidado con eso; «si aprietan mucho la tuerca, se puede correr la rosca»

 

 

Autor

Cristian Hidalgo

Escritor, Ingeniero Civil de profesión y Realtor de oficio. Desarrollador de proyectos inmobiliarios, Asesor de Fideicomisos, Ley 189-11

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