Restaurant el Olvido

Las reuniones en restaurantes.

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Muchos restaurantes de la ciudad se convierten por un par de horas en salas de reuniones, con comensales hambrientos de nuevos proyectos, deseosos de compartir sus logros y también con hambre de comida y sed para saciar con una bebida. Muchos extranjeros de visitas en República  Dominicana  se sorprenden de los comunes que son las juntas-comidas en nuestro país y sobre todo lo extensas que pueden ser estas reuniones  con un plato y un buen vino de por medio.

Algunos son fanáticos de las comidas  de trabajo. Unos alegan que nunca son tan eficientes como las juntas sin comida, pero para otros es mucho más agradable sellar un acuerdo disfrutando de un buen plato que en un frío escritorio. Los que reniegan dicen que en las reuniones en restaurantes lo más importante se termina definiendo en los últimos 10 minutos del último café.
La verdad es que como fanática de la mesa, creo que es un excelente espacio para distenderse y bajar presiones a una reunión. Eso si, los extremos nunca son buenos, y no han sido pocas las veces que he protagonizado comidas de trabajo que se transformaron en cinco horas alrededor de la mesa. Por eso, hay algunos detalles que hay que tener en cuenta para que una junta restaurantera sea exitosa.

Ante todo, elegir correctamente el restaurante: siempre es bueno en uno de confianza, en un sitio que ya conozca tanto para evitar sorpresas en el menú, como para poder gestionar con anterioridad la reserva del espacio y las características que le quiere dar al evento. Si se trata de una junta confidencial, lo más importante es que el restaurante elegido cuente con una sala reservada, o bien una mesa localizada de forma aislada del resto del local.

Otro detalle que debe comprobar perfectamente a la hora de la elección de un lugar es el ruido ambiental: si se trata de un restaurante muy ruidoso o pequeño. En cuyo caso habrá que descartarlo.

Si se trata de una junta numerosa, es mucho más práctico que la comida se encargue con antelación teniendo en cuenta el gusto de la mayoría.  Si los comensales son pocos, no habrá problemas en que cada uno pida lo que desee.

En el caso del vino, sea cual fuere el tipo de organización, el anfitrión le pedirá al invitado de mayor rango: gerente, supervisor o futuro socio, que elija a su gusto.

Se acabó lo divertido y ahora se aproxima uno de los momentos de verdad: la cuenta. Nunca debemos pagar delante de nuestros invitados en el restaurante. Si el lugar es de confianza podemos pedir que nos envíen la factura con posterioridad o que nos llamen con discreción fuera de la mesa para efectuar el pago correspondiente. Si somos nosotros los invitados, no es necesario que pretendamos pagar la cuenta ni transformar a ese momento en una lucha de “si, no… Pero”, “por favor” “como se te ocurre…” No. Simplemente el anfitrión paga. Si se trata de una reunión de compañeros de trabajo, la mejor opción es compartir la cuenta, sí y solo si lo han convenido con anterioridad.

No olvidemos tener en cuenta el tiempo de los invitados, lo más probable es que tengan otras obligaciones. Debemos estipular un tiempo prudencial para la comida y RESPETARLO.

Si somos anfitriones podemos consultar a nuestros invitados que restaurante le gusta o darles varias opciones para elegir.

Si ellos prefieren que nosotros elijamos, optemos siempre por un restaurante cercano a las oficinas de quienes invitamos.

Tratemos siempre de llegar antes que nuestros invitados.

imagen: espaciossecretos.com

Autor

Marisol Brioso
Marisol Brioso

Hostelería, Etiqueta y Protocolo, Empresaria Inmobiliaria, Escritora.

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