Es peligroso tener razón cuando el gobierno está equivocado

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Tres inseparables compadres (Juan, Pedro y Pablo) vivían en una apartada comunidad del sur del país; Pedro era el más avispado del grupo y (7 décadas atrás) le tomó RD$100.00 prestados a Juan para hacer un negocio que posteriormente fracasó. Al no tener respuesta para el reembolso de Juan, Pedro se fue de la comunidad y nunca más regresó, avergonzado por la impagable deuda que tenía con su compadre, lo cual era siempre lamentado por Pablo, por ser quien insistió en que Juan prestara a Pedro el susodicho dinero. Dentro de otras dolencias, apenado por la situación, falleció Pablo, por lo que Juan tenía la certeza que en ese velatorio se encontraría con su compadre Pedro.

En plena ceremonia fúnebre y llorando todos desconsoladamente a quien yacía inerte con cuatro cirios encendidos en medio de la sala, Juan le reclamó a Pedro del porqué se desapareció sin pagarle su dinero; a lo que éste, en tono acongojado y visiblemente afectado por la muerte de su compadre, le responde: –«compadre, respecto a desaparecerme sin dejar señales, es una larga historia que tendremos tiempo de socializar, pero aduciendo al dinero, no sé de qué usted me habla; ¿usted no los recibió? esos RD$100.00 pesos se los mandé».- ¿Con quién? Pregunta Juan asombrado; a lo que Pedro, dramatizando con los labios y el dedo índice apuntaba al muerto.

El cuento anterior, a propósito del afamado caso Medusa que actualmente se ventila en la justicia dominicana, y cuyo objetivo principal es el exprocurador general, Jean Alain Rodríguez, quien en el desempeño de sus funciones como miembro del Consejo Nacional de la Magistratura cometió el error de convertirse en punta de lanza para maltratar, humillar y ridiculizar a la magistrada Miriam Germán Brito, quien se perfilaba como presidente de la Suprema Corte de Justicia (de no ser descalificada en su elección como jueza); acto mal visto por la población dominicana que seguía esas incidencias, por tratarse sobre todas las cosas de una dama con una acrisolada hoja de servicio. Eso y otras cosas como el conato de involucrar al coronel de la seguridad del entonces candidato Luís Abinader en un caso de sabotaje a las elecciones municipales de febrero, desataron los mil demonios en quienes ascendieron al poder en agosto 2020.

Aunque se ha pretendido vender una «justicia independiente» con la designación de doña Miriam Germán al frente de la Procuraduría General de la República, hay dos cosas que debemos puntualizar: la primera, la independencia de la justicia depende de la designación de los jueces y no del Ministerio Público; la segunda, que la designación tanto de doña Miriam como doña Yeni Berenice en esas funciones, presagiaron lo que hoy está ocurriendo: un turismo judicial para decapitar física y/o moralmente a alguien a quien se la habían jurado. No es fortuita la afirmación de la barra de la defensa, que «detrás del caso de Jean Alain están el presidente Luís Abinader y el ministro José Ignacio Paliza».

No conozco personalmente a Jean Alain; sin embargo, su caso ha llamado mi atención por la sui generis manera en que lo han enfocado las autoridades del Ministerio Público. En primer lugar, un ilegal impedimento de salida disfrazado de «advertencia migratoria»; su exhibición (con un casco protector) por los pasillos de la Procuraduría, como si se tratara del Chapo Guzmán; la más gravosa medida de coerción en la que gritaron a cuatro vientos tener un expediente blindado, pero a un año de su apresamiento no han podido presentar la acusación; ventilando una cosa en la sala de audiencia y externando otras muy diferentes a los medios que cubren esa fuente, entre otras cosas.

No sé cuán comprometida pueda estar la responsabilidad penal del otrora procurador Jean Alain Rodríguez en su gestión al frente de esa institución; sin embargo, tendría que ser un estúpido e ignorante, para coludirse con empleados de segunda y tercera categorías, para recibirles pesitos del «macuteo» o turbios negocios que a sus espaldas hacían con suplidores de bienes y servicios; cuando tuvo la real oportunidad de lucrarse con decenas de millones de dólares en casos sonoros (como el ventilado a Odebrecht), de narcotráfico y otros de alta gama, en los que no tendría que involucrar a alguien más que un «key person» designado para esos fines (de este no he visto el primer cargo).

No quisiera imaginar, me resisto a creer que a la dirección de un Estado puedan llegar personas tan salvajes, inescrupulosas, resentidas y perversas, que se aparten de los cánones legales; que por la carencia de fehacientes pruebas materiales que comprometan penalmente a alguien, recurran al subterfugio de negociar con quienes realmente timaron al Estado y se enriquecieron en el desempeño de sus funciones, eximiéndoles de toda culpabilidad a cambio de que declaren en un juicio al fondo, que todo cuanto hacían obedecía a instrucciones de la persona cuya cabeza desean hacer rodar. Si Jean Alain robó, que le apliquen todo el peso de la ley; si por el contrario, de lo que se trata es de apretar la tuerca hasta su fatiga, tengan cuidado porque podría correrse la rosca.

Conforme a lo que se percibe en el caso de marras, no dudemos que previo a la presentación de la acusación por el Ministerio Público, salga publicado a full page en un diario de circulación nacional, un anuncio que diga: «Procuraduría General de la República busca empleados de la gestión 2016-2020 que hayan cometido actos de corrupción, para exonerarles sus delitos a cambio de que incriminen a una tercera persona». Yaciendo su cadáver en la sala de audiencia, al indicarles como testigos a cargo que señalen al responsable de sus propios delitos, todos indicarán con sus labios y el dedo índice hacia el hijo de Machepa. Solo no debemos soslayar algo que llaman karma, tan ligero como el aire, capaz de encontrarnos en cualquier lugar en donde nos escondamos.

Autor

Cristian Hidalgo

Escritor, Ingeniero Civil de profesión y Realtor de oficio. Desarrollador de proyectos inmobiliarios, Asesor de Fideicomisos, Ley 189-11

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