Ing. Cristian Hidalgo

La vida no está cara, sino que has incrementado tu calidad de vida

En Editorial  por

Desde mi nacimiento hay dos frases que como cliché he venido escuchando: la primera es que «Cristo viene pronto»; la segunda, «que la cosa está mala (refiriéndose a la carestía de la vida)». Hoy (casi medio siglo después), las cosas no son diferentes («Cristo viene pronto» y «la cosa está mala»). Lo de Cristo, no entraré a blasfemar en algo tan sagrado como supremo, pero en cuanto a lo otro, ¿está realmente mala la situación? Yo diría que no, hoy día todo está mucho mejor que ayer.

El ser humano es desagradecido por naturaleza (salvo honradas excepciones). Nuestra primera ingratitud es hacia Dios; todos nosotros cada noche al cerrar los ojos estamos renunciando a la vida; cada mañana el Supremo nos despierta otorgándonos un nuevo día; sin embargo, muy pocos le damos las gracias por hacer eso sin que la noche anterior se lo hayamos pedido, pero sin que tampoco nos cobre por el servicio. Otra de nuestra ingratitud es que hemos ascendido de estrato social; y en vez de dar infinitas gracias al Altísimo, nos quejamos que «la cosa está dura».

En la década de los 80’s, una familia de 5 miembros (2 padres profesionales y 3 hijos estudiantes), vivían en una pieza (una casona vieja de madera, techada de zinc y pisos de cemento pulido) de 3 o 4 «piezas» que tenga la casa, con el baño no integrado y colectivo (en algunos casos), cocinando en anafe y carbón, transportándose a pie, en bicicleta o en una motocicleta (cuando ganaban muy bien). Los salarios del sector público oscilaban entre RD$125.00 y 1,200.00 (una pareja de profesionales percibía a finales de los 80’s, no más de RD$2,500.00).

Si dos esposos profesionales ingresaba al hogar RD$2,500.00 al mes, solían generar gastos (RD$100.00 de una pieza en una casona de madera, RD$25.00 de agua potable y energía eléctrica; RD$30.00 de un teléfono fijo, RD$1,000 de comida, RD$50.00 de gasolina para el motor, RD$500.00 de vestimenta, recreación y otros gastos), que les permitía ahorrar cada mes, unos RD$795.00.

Esa misma familia hoy, gana unos RD$100,000.00 mensualmente, pero se ha metido en una vivienda propia (casa o apartamento), por la que paga RD$35,000.00 de cuota; no se conforman con tener un solo vehículo que los transporte a ambos, sino que como son profesionales cada quien debe tener su propi «máquina», pagando RD$30,000.00 de cuotas al dealer (por los dos vehículos); él tiene un celular de última generación con internet full y minutos ilimitados (al igual que ella), por los que pagan RD$5,000.00 mensual; además un servicio de internet y cable para la casa (el wi-fi, usted sabe); una alta tarifa eléctrica por tantos electrodomésticos (hace calor y encienden el aire a 18, pero luego del frío deciden ducharse y encienden el calentador de la ducha) RD$3,000.00; mantenimiento o jardinero RD$1,300.00; comida RD$30,000.00; estudio para los hijos RD$12,000.00; gasolina, seguros, lubricantes y demás para los vehículos RD$25,000.00; actividades sociales RD$6,000.00; vestimenta y planchado RD$8,000.00; merienda y recreación de los niños RD$5.000; gastos médicos (incierto); todo ello asciende a RD$158,300.00

Una familia que consuma Rd$158,300.00 al mes y apenas ingrese RD$100,000.00, mantendrá un déficit de RD$58,300.00 que tendrá que afrontar con el pluriempleo o acumulando el pasivo cada mes de manera exagerada. Si por el contrario regresamos a nuestro anterior estrato social y nos olvidamos de todos esos lujos que hoy ostentamos, ahora pagaremos RD$8,000 de la pieza, RD$15,000 de comida, RD$700.00 de energía; RD$1,000 de gasolina (con todo y estar cara); RD$200 de tarjeta prepago; y RD$1,000.00 de ropa. Evidentemente con RD$26,000.00 resolveríamos y tendríamos un excedente de RD$74,000.00 (3/4 parte de nuestros ingresos).

Visto lo anterior, es justo recalcar que no es que la vida está cara ni que la cosa está dura, sino que hemos elevado nuestra calidad de vida sin darnos cuenta. Ayer la brecha entre ricos y pobres era abismal; hoy día, cualquier pobre tiene en su casa los mismos electrodomésticos que un rico tiene en la suya. Vamos a ser agradecidos y darle mil veces las gracias a Dios por la oportunidad que nos ha dado de elevarnos de estrato social y pernoctar los mismos escenarios que surcan los más potentados personajes; mismos que ayer era algo imposible e inalcanzable.

Autor

Cristian Hidalgo

Escritor, Ingeniero Civil de profesión y Realtor de oficio. Desarrollador de proyectos inmobiliarios, Asesor de Fideicomisos, Ley 189-11

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