La inminente puesta en libertad de Jean Alain Rodríguez

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A la salida del poder de los diferentes gobiernos que han administrado la cosa pública, no faltan los ciudadanos que como papagayos a los 4 vientos claman por justicia; y que sean encarcelados los corruptos que, para beneficio personal drenaron el erario. Esos sujetos suelen ser los mismos que se congracian con quienes en ese momento dirigen el Estado, para recibir migajas personales.

Lo anterior lo traigo a palestra, porque en este momento voy a referirme a un caso muy particular; me refiero al del Ex-procurador General de la República Dominicana, Dr. Jean Alain Rodríguez Sánchez, quien desde hace varios meses aguarda en prisión preventiva en la «cárcel» de Najayo, San Cristóbal (misma de la que él dispuso su construcción cuando fue Procurador General), al juicio que «por corrupción» le sigue el Ministerio Público.

No pretendo (aunque así pudiera parecer) emitir ningún juicio de valor acerca de la culpabilidad o inocencia del ex funcionario; tampoco de su seriedad e integridad; mucho menos si realizó o no algún acto de corrupción en las instituciones que bajo los gobiernos de Danilo Medina, dirigió; no tengo el placer de conocer al susodicho personaje; de su defensa se encargan sus abogados y familiares; me limito a esbozar su caso desde mi óptica.

A lo que sí me atrevo a referirme (y es algo que me preocupa sobremanera; a usted también debería preocuparle) es a la obvia persecución que ha desatado el actual gobierno desde sus instancias más elevadas (no excluyo a nadie) en contra del otrora máximo representante del Ministerio Público en nuestro país, como abominable retaliación por sus acciones en esa ala del Poder Judicial. En este país, todos somos «presos de confianza» del gobierno; bastaría que se proponga perseguirnos vía Ministerio Público.

Respecto al caso de marras, no voy a entrar en detalles de lo que consagra nuestra Constitución en lo referente a la tutela judicial efectiva y debido proceso, a los derechos fundamentales, a la presunción de inocencia, al derecho a la reputación y buen nombre; ni a tantos elementos muy técnicos que se precisa ser abogado o estudioso del derecho (como es mi caso) para entenderlo; y que en su momento la barra de la defensa argüirá. Sí a lo que acontece respecto al Ministerio Público que lo persigue.

Estamos ante la presencia de un expediente sin pies ni cabeza; a falta de elementos probatorios que comprometan la responsabilidad del imputado, han recurrido a negociar con testigos para que declaren cosas agradables a sus oídos; se jactan de anunciar a la prensa nacional, tener en su poder irrefutables pruebas que sólo existen en sus mentes, ya que si son capaces de celebrar con bombos y platillos que una conserje en el interior se haya llevado un papel de baño en su bolso o que gaste mucho detergente; quién los aguantaría se realmente tuviesen dichas pruebas.

Por cosas como esas, es que me atrevo a jugármela y afirmar (anoten la fecha: 12/02/2022) que no existe manera alguna, ni siquiera con una orden expresa bajada del Presidente de la República a la Procuradora General de la República, poniendo a su servicio y disposición todas las herramientas del Gobierno, para que el Ex-procurador General, Jean Alain Rodríguez Sánchez, sea condenado mediante una sentencia con autoridad de la cosa irrevocablemente juzgada.

Una de las cosas que más me gustan es escribir por estos medios; tengo una cuenta de Twitter con casi 200,000 valiosos seguidores, que vale mucho (@Cristianhidaigo); dirijo un periódico digital en donde publico mis artículos (www.notifica.do). Juro retirarme definitivamente de ambos escenarios, si el Presidente de la República (aun con todo su poder) y el Ministerio Público, logran una sentencia condenatoria en última instancia, en contra de ese ex-funcionario. Puedo apostar (sin ser jugador) todo cuanto tengo que no lo lograrán.

Cualquier persona con educación básica y dos dedos de frente que haya leído ese expediente, colegirá que es un adefesio con indumentaria de mamotreto, en el que el Ministerio Público como premio de consolación se ha aferrado a una injustificada prisión preventiva que ha pretendido extender, por su convicción que será lo único que podrán lograr en todo este proceso.

A mí no me sorprenderá que en un juicio al fondo, sea condenado en primera instancia; es de todos sabido que (salvo excepción de magistrados del estirpe de Juan Alejandro Vargas) los jueces de primera instancia suelen emitir sentencias agradables a las expectativas del poder político, porque aspiran ascender a la Corte; tampoco dudaría que la sentencia  de Primera Instancia sea ratificada en Segundo Grado, porque los jueces aspiran llegar a la Suprema Corte y saben que el Consejo Nacional de la Magistratura lo controla el gobernante de turno.

En donde estoy más que convencido, seguro que no llegará el brazo poderoso del gobierno, es tanto a la Suprema Corte de Justicia, como al Tribunal Constitucional; la configuración de esas Altas Cortes y la jerarquía de sus magistrados, no admitirían de manera colegiada la injerencia del Poder Ejecutivo en sus decisiones, sobre todas las cosas porque no pueden removerlos ni tampoco ascenderlos. De manera, que todos los torcidos de los que adolezca la decisión atacada, serán enderezados en esas altas instancias.

Lo que evidentemente el Ministerio Público ha perseguido en contra del pasado Procurador, no es justicia, sino una deleznable venganza; lamentablemente nuestros tribunales están revestidos de la autoridad que les consagra la Constitución y las leyes para en nombre de ellas administrar justicia, no venganza, rencillas personales ni chismes de barrio. El inexorable tiempo me dará la razón; estaré aquí para sólo manifestarles: «se los dije».

Autor

Cristian Hidalgo

Escritor, Ingeniero Civil de profesión y Realtor de oficio. Desarrollador de proyectos inmobiliarios, Asesor de Fideicomisos, Ley 189-11

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