Cuando el caos y desorden se imponen en la salud dominicana

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Aunque no tengo el honor de conocer personalmente al Dr. Mario Lama, actual director ejecutivo del Servicio Nacional de Salud (SNS), su carta de presentación lo dice todo: «egresado de la Universidad Iberoamericana (UNIBE) con Mención de Honor en 1992. Obtuvo el título de especialista en Obstetricia y Ginecología en el 1997 de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) y del Hospital Central de las FF. AA. Y PN. Con la mejor calificación como residente de primer, segundo y tercer año desempeñándose además como Jefe de Residentes».

Haberse formado en un hospital militar, le hace saber la disciplina y conducta que deben exhibir sus subordinados, a menos se haya dejado absorber, seducir y sucumbir por el caos y desorden que impera en los hospitales públicos dominicanos, en donde los galenos suelen pasar un rato de lunes a viernes como «visitantes médicos», insinuando (en muchas ocasiones) a los pacientes les visiten en sus centros privados (que representan para ellos su verdadero negocio); los fines de semana y días feriados se puede morir un paciente y no pasan por los hospitales (muchos apagan sus teléfonos); extraen al niño por cesárea a las parturientas porque les es más rentable y consume menos tiempo, entre decenas de irregularidades de las que precisan un director cómplice o permisivo que no suele visitar el área de ingresados para percatarse de la calidad del servicio que ofrecen sus subalternos.

Quienes conocemos al doctor Angel Belarminio Mateo, coronel médico y ex-director del Hospital Universitario regional Doctor Alejandro Cabral de San Juan de la Maguana, conocemos también es un hombre ordenado, que infunde respeto, organizado, disciplinado, formado en valores, íntegro, honorable, trabajador, que avala su palabra más que su firma; un gerente a carta cabal. Las dos mejores gestiones (sin soslayar otras muy buenas) que tal vez haya tenido ese centro hospitalario, han tenido dos comunes denominadores: que el director es un médico militar (el Dr. Geraldino y el Dr. Angel B. Mateo) y que los médicos se han amotinado y atrincherado para que los saquen o no los designen.

En días pasados, al producirse cambios en las direcciones regional y del hospital de San Juan, en donde al titular del hospital lo ascendieron a la regional, quien sonaba para dirigir el centro de salud era el coronel médico Dr. Angel B. Mateo; de inmediato, todo aquel profesional de la medicina que trabaja en el hospital y que es parte del caos y desorden que allí se practica, se hizo portavoz de una corriente en contra de tal designación, envenenando a los médicos de la nueva generación y pretendiendo convencer al Dr. Mario Lama de una mala imagen de dirección del Dr. Mateo que sólo puede existir en quienes ven afectados sus intereses bajo por sus eficientes, oportunas y acertadas decisiones; culminando con una asamblea que exigía de la máxima autoridad, revocar esa decisión.

Lo cierto es que conociendo la idiosincrasia del dominicano, no me extraña en modo alguno la actitud asumida por esos galenos, mayoría de los cuales toda su vida se han manejado bajo ese esquema de anarquía, ineficiencia, inoperancia, caos y desorden; lo que sí me extraña es que un hombre de la formación del Dr. Mario Lama, haya permitido que en una institución bajo su mando se haya producido esa rebeldía de manera impune; es inaceptable que el Dr. Lama haya claudicado a sus propios principios para sucumbir a ese despropósito y aberrante manipulación cuyas consecuencias pagarán los pacientes, los hijos de Machepa.

Lo ocurrido con los médicos del Hospital Dr. Alejandro Cabral de San Juan de la Maguana, no es algo nuevo; ya a principios del año 2018 lo habían hecho cuando precisamente los dirigía el Dr. Mateo; al no estar acostumbrados a ese régimen de orden, disciplina, cumplimiento de horario, higiene, tratamiento al paciente y demás, se escudaron en el Colegio Médico y le acusaron de «persecución y acoso» contra el personal médico. Sin embargo, los médicos, las enfermeras y el personal que sí cumplían con sus obligaciones, salieron sin reservas en defensa de la acrisolada gestión de su director; como también lo hicieron todos los pacientes y usuarios de ese importante servicio.

No conozco a quién hayan designado en la dirección de ese centro hospitalario; de lo que sí no me cabe la menor duda es que el SNS le ha quitado la brillante oportunidad a ese importante centro de salud, de ser uno de los mejores del país, eficiente y operativo; con médicos entregados, dedicados y serviciales. Si somos tan complacientes hasta permitir sean los subordinados quienes decidan los actores que les van a dirigir, colijo que en nuestro SNS no hay hospitales, sino sindicatos con camas habilitadas para brindar servicios médicos a la población. Eso es una lástima.

Autor

Cristian Hidalgo

Escritor, Ingeniero Civil de profesión y Realtor de oficio. Desarrollador de proyectos inmobiliarios, Asesor de Fideicomisos, Ley 189-11

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