La discriminación y marginación de la mujer dominicana

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Algunas veces debemos cuidarnos de ciertos regalos que aunque parezcan bien intencionados, llevan en sus entrañas una dosis de «Caballo de Troya» o simplemente son un «regalo envenenado». Digo esto porque analizando la historia de la humanidad, especialmente recorriendo la dominicana, he visto con mucha tristeza la discriminación y marginación de las que ha sido objeto el ser más noble y sublime de la raza humana, la mujer dominicana.

Este ser supremo, excelso y extraordinario, único con patente para darnos la vida (después de Dios), no es sino hasta el año 1932 en que logra promulgarse una ley que disponía el voto femenino en certámenes electorales; sin embargo, luego de muchos regateos, es en el año 1938 que se le permite por primera vez  ejercer su derecho a un voto que sólo le estaba vedado por el machismo del hombre, cuando la misma Constitución de 1844 en su artículo 14, establecía que todos los dominicanos nacía libres y con iguales derechos.

El 10 de septiembre del año 2000 (a menos de un mes de inaugurarse el nuevo gobierno), mediante el decreto 741, el Presidente Hipólito Mejía crea el Despacho de la Primera Dama. Es evidente que en la cabeza del entonces Primer Mandatario, nunca se alojó la más remota posibilidad que este país tenga a una mujer como Presidente, debido a que no se contempló el Despacho del Primer Caballero.

En el año 1997, se promulga la ley 275-97 en la que se le exige a los partidos políticos llevar (de «taponeras») en sus nóminas, al menos un 25% de los cargos de elección popular. Más adelante, el 30 de marzo de 2000, fue modificada por la Ley 12-00, que incrementó el porcentaje a 33.33%, pero especificando que no incluía los cargos electivos de senador y síndico.

En el año 1997, mediante la ley 24-97, se crea una herramienta de protección a la mujer. Un dato muy curioso sería preguntar ¿proteger a la mujer, de quién? ¿Del hombre? ¿Qué ser en la tierra es superior al hombre al que se le queje la mujer por el maltrato de éste? Se le va a quejar a su propio verdugo del que se está protegiendo? Hubiese bastado con una ley de erradicación de la violencia en sentido general, no contra la marginada y discriminada mujer.

En el año 1999, mediante la ley 86-99, vuelve a cometerse  otro acto de discriminación contra ese maravilloso ser, al ser creada la Secretaria de Estado de la Mujer, como si entre tantas Secretarías de Estado dependientes del Poder Ejecutivo, la mujer dominicana sólo tendría derecho a ocupar esa. ¿Por qué no hay una Secretaría de Estado del Hombre? Vamos de una vez y por todas a meternos en la cabeza que la mujer tiene tantos derechos como el hombre; que es capaz de lograr por sus propios medios, todo cuanto logra el hombre. Y cuidado…

Autor

Cristian Hidalgo

Escritor, Ingeniero Civil de profesión y Realtor de oficio. Desarrollador de proyectos inmobiliarios, Asesor de Fideicomisos, Ley 189-11

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