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La consulta, conciliación y reconciliación también se pagan a los abogados

En Editorial  por

Una profesora vivía al lado de un abogado; éste tenía un gato muy travieso que solía visitar con frecuencia la casa de la vecina. Un día, el gato del abogado tras comerse una comida partió un pyrex. La profesora, consciente que los abogados todas se las saben, debía idearse un plan para cobrarle el pyrex al jurista y salir ilesa. Va a la casa y le pregunta: –«vecino, si alguien tiene un animal y éste accede a la casa de un vecino y rompe un plato de RD$1,000 pesos, ¿qué ocurre?» El abogado le dice -bueno vecina, en virtud del 1382, 1383 y siguientes del Código Civil, el dueño del animal debe pagarle los daños al vecino».

De inmediato la vecina le dijo: –«ah, pues usted me debe RD$1,000, porque su gato fue el que me hizo ese daño». -«Claro que sí vecina, mire ahí sus RD$1,000″. La vecina, con una sonrisa de éxito se va para su casa; no había pasado una hora, escucha tocar la puerta; -buenos días, soy Juanito el mensajero del abogado, vine a traerle este sobre que él le envió». Al abrirlo, la decepción de la profesora se hizo evidente al leer que se trataba de una factura por RD$2,000 por concepto de los honorarios del jurista por la consulta.

Hice la anterior fábula, para enfocar una situación que se está dando con los profesionales del Derecho en la República Dominicana (salvando la excepción de cada regla). Todos sabemos, que al visitar a un médico general por cualquier malestar que hayamos sentido, no hay manera de salir de ese consultorio sin una receta en las manos que nos conduzca a la farmacia; pero los medicamentos indicados por el galeno, suelen ser de laboratorios amigos que «caminan generosamente» con él. Si los laboratorios no venden sus productos, los médicos no reciben sus bendiciones.

Pedro y Lucía son una pareja de esposos que (como todas las parejas) tienen un momento de crisis que consideran irreconciliable. Lucía que es la más agraviada va al bufette del Lic.  Nolazco Hidalgo con el propósito de interponer una demanda de divorcio en contra de Pedro. Nolazco, un diácono formado en la fe cristiana, la aborda acerca de los motivos que ha tenido para tomar tan extrema decisión; y le advierte que sus honorarios para divorciarlos son RD$50,000 (incluyendo la dirección de la partición de los bienes de la comunidad legal), todo lo cual es aceptado por Lucía.

El abogado Nolazco le pide a Lucía, que si le autoriza una reunión con Pedro presente, a lo que ella accede. En la reunión, Nolazco haciendo gala de sus dotes de convencimiento logra hacer entender a la pareja que esos son gajes de casados y que si todos nos lanzamos del barco al primer contacto con una turbulencia, los barcos en el mar estarían sin pasajeros y a la deriva. Lo cierto es que la pareja se pide recíprocamente perdón y de ahí salen de «chupe usted y déjeme el cabo». Lucía, agradecida con las sabias orientaciones del abogado sólo atina a darle las gracias y se retiran del bufette. A este caso le llamamos «reconciliación».

En otro caso, José visita el buffete del Dr. Moneró para que le represente ante una demanda en su contra por «difamación e injuria», por ciertos comentarios proferidos en contra de un dealer de la ciudad. El Dr. Moneró, un experimentado jurista que al configurar todos los elementos de la «difamación e injuria» sabe que cualquier abogado que represente al dealer demostrará que existe tal violación a las leyes, habla con su colega y le hace entender que eso podría resolverse con una disculpa pública de su representado sin necesidad de llevar el caso a los tribunales. Así proceden y todo queda resuelto; por lo que José, le ofrece las gracias al Dr. Moneró y se va como que no ha pasado nada. A esto le llamamos una conciliación.

El tercer escenario es Eduardo que visita el bufette jurídico del Dr. Romero para que le indique cómo meter preso a Carlos por RD$100 mil pesos que le debe desde hace un año y siempre que le aborda al respecto, le mete «un cuento»; el dinero se lo entregó sin que mediara ninguna documentación que lo avalara. El Dr. Romero, un jurista serio y responsable le dice a Eduardo: -mire, lo primero es que por deuda civil a nadie se le priva de su libertad; lo segundo, que no podemos perseguir judicialmente a Carlos, ya que él contrataría un abogado para que le represente y al nosotros no poder demostrar la existencia de tal compromiso, ese proceso se caerá y usted terminará perdiéndolo todo y pagando honorarios de abogado. Le sugiero, que por las buenas llegue a un acuerdo de pago con él y logre que al menos le firme un pagaré con el que sí podríamos perseguirle en el futuro si no cumple. Eduardo sale de la oficina del Dr. Romero y ni siquiera las gracias le da. A este caso le llamamos «una consulta jurídica».

En los tres casos, los honorarios de esos profesionales del Derecho debieron ser pagados por sus respectivos usuarios sin que siquiera los juristas lo sugiriesen. Fue una falta de consideración y respeto al ejercicio profesional, no hacerlo. En el primer caso, Nolazco bien pudo recibir al menos el 50% de lo que habría recibido al divorciar a la pareja; primero, porque le evitó a Lucía un gasto de RD$50 mil; a ambos, la individualización de los bienes del matrimonio, para lo que tendrían que pagar el 3% de impuesto de transferencia; pero sobre todas las cosas, algo que no tiene precio y es la unidad familiar.

En los demás casos por igual; tanto el Dr. Moneró como el Dr. Romero, les evitaron a sus respectivos clientes una inminente condena por difamación e injuria y un gasto innecesario de un proceso que al final no iba para ningún lado. Por personas como Lucía, José y Eduardo, los abogados hoy en día (salvo excepción de algunos) cuando son abordados por un cliente para cualquier caso, aún a sabiendas que es un caso perdido, le crean expectativas al cliente de salir airoso del mismo, por lo tanto, lo primero que hacen es dejarles «un avance» para que inicien el proceso. Lastimosamente en este país, «sin casos no hay litigio; y sin audiencias los abogados no cobran».

Visto todo lo anterior, es importante saber que el profesional del Derecho también está preparado para ganar los casos fuera de los tribunales; si usted visita a un abogado, no salga de su oficina sin preguntarle: «doctor, ¿cuánto le debo por sus honorarios? No importa lo que haya motivado su visita; si lo que fue a tratarle era algo tan simple que no amerita el pago de sus honorarios, debió hacerlo usted mismo. No olvidemos que un profesional no cobra por lo que hace, sino por lo que sabe; la mano de obra de un verdadero profesional podría ser gratis, pero sus conocimientos, jamás.

Autor

Cristian Hidalgo
Cristian Hidalgo

Escritor, Ingeniero Civil de profesión y Realtor de oficio. Desarrollador de proyectos inmobiliarios, Asesor de Fideicomisos, Ley 189-11

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