dormido

Adelgazar durmiendo

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Ante la imposibilidad de muchas personas/pacientes de perder el peso que el especialista sugiere que hay que perder —en estos casos se sobreentiende que existe un porcentaje de grasa corporal poco saludable— , ante esa dificultad que hace sentir tanta frustración, algunos se dedican a prometer resultados mágicos con métodos más que dudosos, alejados de la ciencia y hasta del sentido común.

Recuerdo hace unos años que se publicitaba en España una sustancia (un preparado soluble de aminoácidos) que, presumiblemente, si se ingería antes de dormir, provocaba una pérdida de peso (pérdida de tejido graso). Personalmente, creo que si el organismo entrase en algún tipo de mecanismo catabólico (destrucción) durante el sueño, este no se podría considerar un intervalo de descanso, no se podría dormir plácidamente, ya que la función principal del sueño es la recuperación ante el desgaste que se ha producido durante el día. Esta recuperación implica un gasto energético mínimo y el bloqueo de cualquier mecanismo o proceso catabólico. Cualquier sustancia que hiciese lo contrario tendría que provocar, sin duda, el insomnio como efecto secundario. Pero aparte de todo esto, por consumir determinados aminoácidos no vamos a adelgazar como por arte de magia.

También están los que ofrecen un audio mientras dormimos (debe ser muy incómodo) que «obligará a nuestro cerebro» a provocar el adelgazamiento. Ojalá fuese tan sencillo, eso es lo que deseamos todos, el método definitivo, la píldora infalible sin efectos secundarios, que nos hará deshacernos de todo ese tejido graso innecesario, antiestético e insalubre.

La realidad es bien distinta. Para provocar la combustión de la grasa de reserva contenida en las células adiposas, debemos practicar actividad física y evitar los hábitos sedentarios. Lo que causará la termogénesis (combustión de las grasas por aumento de la temperatura corporal y su consecuente elevación de la velocidad metabólica y gasto energético) es la actividad aeróbica, aquella que aumenta el ritmo cardíaco y el consumo de oxígeno a través de la respiración (caminar rápido, montar en bicicleta, correr, nadar, bailar).

Se dice que existen alimentos y sustancias termogénicas, pero no es cierto. Supongo que en nuestra cultura de la comodidad deseamos que el tejido adiposo desaparezca con el mínimo esfuerzo por nuestra parte, a través de la ingestión de algo. Por eso la obesidad sigue siendo un problema de salud en los países desarrollados, porque nuestras mentalidades consumistas y acomodadas no conciben que las cosas se consiguen con el esfuerzo continuado y perseverante. Este esfuerzo no implica la «tortura alimentaria» (dietas estrictas), pero sí que implica un cambio de hábitos, no radical, sino progresivo y adaptado al individuo. Algo que no se conseguirá con métodos fraudulentos ni en una consulta puntual de un dietista, por muy buenas intenciones que tenga el profesional.

Cambio de mentalidad, cambio de hábitos, perseverancia y paciencia. De otra manera, nuestros propósitos se verán frustrados… de nuevo.

Imagen: www.medciencia.com

Autor

Dolores Latorre
Dolores Latorre

Técnico Superior en Nutrición y Dietética (España). Escritora. Autora de "El fin de la dictadura dietética" (Ed. Círculo Rojo).

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