Alimentación

Las calorías no son como las pintan

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Una kilocarloría (lo que comúnmente denominamos caloría) es una unidad de medida de energía. Aunque en un principio no se inventó para el terreno de la alimentación, posteriormente se utilizó para medir la cantidad de energía (E) que proporcionan los alimentos al organismo. Así, podemos decir, por ejemplo, que 100 g de naranjas aportan entre 46 y 52 kcal al organismo, 150 g de pechuga de pollo entre 130 y 175 kcal, etcétera. Los valores nunca son exactos, ni en cuanto a la cantidad de energía calorífica que aportan los alimentos, ni en cuanto al gasto energético de la persona, que no sólo dependerá de la edad, sexo y peso, sino también de innumerables circunstancias (nivel de estrés, temperatura ambiental, grado de ejercicio físico, etcétera).

Cada vez más y por desgracia, quieren hacernos creer que las calorías aportadas por los alimentos no son todas iguales. En primer lugar, si una caloría es una unidad de medida energética, es absurdo hablar de «tipos de caloría» según el alimento del que provengan. Es como si hablásemos de «tipos de litros» o «tipos de centímetros».

Sin embargo, sí podemos hablar de tipos de alimentos (el contenido calórico es aparte). Por ello se engloban en seis grandes grupos: vegetales y hortalizas, frutas, cereales y legumbres, hiperproteicos (carnes, aves, pescados y productos del mar, huevos), leche y derivados lácteos, grasas. Lo que necesitamos saber es en qué consiste una dieta variada y equilibrada en base al tipo de alimento, pero el contenido calórico es importante, aunque desde el punto de vista estrictamente energético, da igual que la kilocaloría venga del tomate o del huevo, por ejemplo. Realmente lo que hay que mirar es qué tipo de nutriente contiene ese alimento (hidratos de carbono, proteínas, grasas, vitaminas, minerales, oligoelementos). Por ello siempre, siempre, debemos asegurarnos de que incorporamos todos los grupos alimenticios en nuestra dieta.

Según el cardiólogo Deepak Chopra, tanto bajar muchos kilos como aumentarlos, acorta la vida. Desde mi punto de vista, el estar o no saludable no sólo depende de que una persona tenga cierto sobrepeso o delgadez, sino de muchos otros factores: calidad de la dieta, ejercicio físico, entorno y circunstancias socio-familiares (calidad de vida mental o psicológica), consumo o no de sustancias adictivas y/o medicamentosas. Algunos médicos sólo ven estadísticas y otros nos quieren sacar el dinero con dietas-milagro para que perdamos esos kilitos de más, sin abordar ningún otro problema que tal vez nos afecta en gran medida. Por eso, más que preocuparnos de si la báscula dice «estás gordito» o «estás delgadito», debemos preguntarnos qué deberíamos mejorar en nuestro entorno y hábitos. ¿Hago lo que está en mi mano por llevar una vida saludable? ¿Hago todo lo que puedo para estar bien y ser feliz?

La estética de los cuerpos es relativa y efímera. Por eso no hay que preocuparse de las tendencias (modas) o de las críticas superficiales («veo que has ganado peso»). Hay cosas mucho más importantes que nos aportarán más a nuestra vida y nos harán personas más felices y, probablemente, más longevas.

Autor

Dolores Latorre

Técnico Superior en Nutrición y Dietética (España). Escritora. Autora de "El fin de la dictadura dietética" (Ed. Círculo Rojo).

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