Prof. María Isbelia A. de Alfonzo

Que bella es Venezuela

En Opinión  por

Caracas a la falda del Ávila empinado, Odalisca rendida, así  definió muy bien Pérez Bonalde, a la ciudad histórica, añejada, de tejas entretejidas y turbios faroles, con su Catedral entronizada, El Museo de Bellas Artes, El Palacio de Miraflores, El Panteón Nacional erguido como queriendo alcanzar al cielo, y entre gigantes El centro Simón Bolívar sin dejar de mencionar la Ciudad Universitaria y sus parques de tupidos gramales y vegetación hermosa. Caracas,  ciudad de valientes guerreros, inmortalizada por el genio de la libertad, sin dejar de brillar con todo su esplendor por el Noroeste, Maracaibo, tierra del sol amada en su pétalo del lago, con sus perforaciones mineras, confluencias marítimas y aéreas y poblaciones lacustres.

Y continuando en ruta turística llegamos al Balneario Macuto con su mar azul turquesa, embravecido y rugiente y rumor de olas, salpicado de un toque novelesco por el vuelo fugaz de las gaviotas.

No obstante en el mismo escenario sobre la espesura de esa vegetación dormida que convida al estilo denso de la meditación nos encontramos con Los Teques, resaltando en su heroísmo Guaicaipuro el famoso Cacique de esa comarca, y mucho más allá, un rato largo llego a San Mateo, a su frente y sobre el cerro el sitio del heroico sacrificio de Ricaurte.

En el trasfondo de la Victoria surge un majestuoso escenario de la guerra de Independencia,  Maracay, hermosa,  dueña de espléndidos  cuarteles, museos consagrados, grandes parques con su fuentes luminosas, en la secuencia prosiguiendo, ¡Ah! Valencia muy cerca al Campo de Carabobo, histórico escenario de la Batalla allí librada (1821).

Sin pérdida de tiempo pude llegar a la vecindad de esta bella ciudad para toparme con las aguas termales de Las Trincheras, atracción de turistas y a las que un día a su paso visitara El sabio  Humboldt.  Siguiendo en pasos largos tengo frente a mí a  Puerto Cabello con su fortaleza y astillero.

¡Ay! Barquisimeto, vaporosa y mágica ciudad de los crepúsculos, inmortalizada por Julio Garmendia en su cuento Guachirongo, un personaje folklórico de nuestro acontecer venezolano.

Regresamos hacia Oriente y llegamos al sitio denominado La Puerta, histórico escenario de repetidos encuentros, Sin obviar  los llanos venezolanos, tierra de Centauros.

Y en el despliegue turístico está  Puerto la Cruz, ciudad saturada de belleza y esparcimiento por sus hermosas playas, construcciones marítimas y modernas urbanizaciones que nos invitan a soñar.

Siguiendo en este transitar constante e indetenible en un vuelo rasante de perdiz hice una escalada en Margarita, la Perla del Caribe,  ciudad de ensueños una hermosa entre las hermosas por sus playas tan divinas y su crecimiento urbanístico y moderno, por su aporte incalculable al libro de la Historia forjada por los grandes, entre los tantos Francisco Fajardo, mestizo hijo de una Casica y un español, Santiago Mariño, el Libertador de Oriente, Juan Bautista Arismendi y su esposa Luisa Cáceres, quienes debieron librar una condena cruel en la circunferencia infernal, precisamente no dantesca.

Al fin llegué a mi Tigre amado, tierra de gente generosa y orgullosa por su herencia, El Tigre felino y rugiente y viene a nuestra mente Oficina No 1,  aquella novela de admirable factura consagrada por la musa de Miguel Otero Silva, el mismísimo Tigre empinado en su creciente desarrollo petrolero.

Casi al alcance de mi mano se levanta erguida Ciudad Bolívar sobre la orilla derecha del caudaloso Orinoco, como así  lo ensalzara julio Verne en su inmortalizada prosa, Ciudad Bolívar, la antigua Angostura, sede del famoso Congreso que entronizara su nombre (1819)

Y termino así: Un recorrido somero de mi pluma por mi Amada Venezuela, Y cuántas cosas más quisiera decir…

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