Prof. María Isbelia A. de Alfonzo

EL DELIRIO DE SIMÓN.

En Opinión  por

Nada tan estúpido como creer ¡Oh! Hombre vano que yo, el Dios del Tiempo por el hecho de haber llevado en mi costal el despojo de las edades sea una persona derrumbada, un viejo cojitranco con la cabeza gacha, calvo y ceñudo, y que el reto de los años pesa con fuerza sobre mis huesos, el viejo Patriarca de los siglos con la tez agrietada, anciano de los años que tengo una joroba a mis espaldas y como discretísimo colmo al arrastrar los pies deba usar bordón para caminar, así como lo define Don Simón, no en Mi Delirio, palabras de él,  ¡Cuidado! Sino bajo el entendido suyo, serán dones no sé si divinos que solo el delirio de un momento nos inspira.

Pero no sería raro que un cuarentón al escribir su pieza literaria quisiera descubrir una figura legendaria y  desgastada por los estragos de los años, refiriéndose a mi persona, El Tiempo…

No extrañe usted que nadie quiere estar oyendo historias de vejestorios, huyendo de un bazar de antigüedades, al pensar que la vida cuando entraba en el ocaso de mis días también pudiera en estado de decrepitud senil, imaginarme.

¡Anciano de los años! ¿Quién dijo? Como le gusta el filosofar ¿Qué hay detrás? Una ofensa al comenzar me viene, debo perdonarle ese agravio por ser artesano de las palabras, las mismas que algunas veces se zafan cuando sobran al hablar, entonces mi juventud nadie puede ponerla en evidencia.

Inquieto yo en develar ante el mundo mi joven apariencia, busqué llamar a mi yo más joven y al intentar visualizar lo que en los mares del espíritu escondía, pudo de pronto decirme complacido que el tiempo de Dios es eterno y que también a mí pertenecía.

A nadie le había dicho que esta conversación de Simón, para muchos ensalzada iluminación, sueño o delirio ¡Qué sé yo! Numen o inspiración para mi resultara un desafío.

Entonces no es tan simple ¿Qué se supone que deba hacer? No tenía yo en mente divulgar a un preadamita mis secretos, pero lo que no sabía Simón que desde el plano más elevado yo guardaba con celo la fórmula de la alquimia de los años y por supuesto el secreto del elixir de la eterna primavera, albor de mis días.

¿No has oído decir que el tiempo de Dios es eterno? Créalo o no, al relacionar a Dios conmigo, aunque suene medio pretencioso por cierto, guardo el secreto de la inmortalidad desde lo Infinito Inmenso.

Quieres aludir al tiempo que pasa y nos lleva hacía el final, en peregrina aventura no sucumbas a la añoranza de tu delirio porque si en algo te concedo razón es que en tu inspiración las palabras parecen volar al toque sensitivo de tu pluma encantada, es verdad que de pronto escuchaste la voz de la musa para escribir Mi Delirio en un estilo tan penetrante,  aunque no te niego que para mi resultaba un desafío.

Y ahora me preguntas con curiosidad profana mi origen sobre los espejos del tiempo, tan solo puedo resumirte mi vida con algunos rudimentos, estoy en un transcurrir constante e indetenible,  soy el Padre de los Siglos, mi madre es la Eternidad y el Infinito que es mi hermano lo tengo  al alcance de mi mano.

Aquí estoy yo apoltronado en mi asiento de la platea  desde donde observo las luces y las sombras del crepúsculo, mientras el Tiempo que es mi persona pasa sin dejar en mí ninguna huella, como podrás darte cuenta el verano se va cuando el otoño se aproxima y mi vida se transforma de nuevo en primavera.

Mucho se ha hablado sobre mi persona refiriéndose en algún momento a los desafíos en ráfagas del tiempo, en otros al surcar la tez con grietas peregrinas por el progresivo avance de los días, pero ¡Por Dios! Se habla de la vejez de la piel del anciano semejante a un viejo papiro agrietada, ese no es mi caso, porque en la vejez ¡Hombre! Se siente el crujir de los huesos, también se habla del tiempo de la vida y el término de los días,  yo no sé, pues no la tengo medida.

No obstante hablar del tiempo perdurable en la eternidad de los designios, o del tiempo pasajero que solo deja huellas en el alma para no decir en la historia de los pueblos, es un  tema muy sombrío al no ser más que turbulentos cambios de la fortuna en el giro de una rueda ¿No has visto acaso el largo pergamino de mis andanzas? Por el solo hecho de estar unido a los vínculos de la eternidad, no es una jactancia, pero queda al descubierto mi vida sempiterna y siento su sabiduría milenaria.

Artículos Relacionados

Comentarios

    No hay comentarios

La realidad existe como un absoluto objetivo: los hechos son los hechos, independientemente de los sentimientos, deseos, esperanzas o miedos de los hombres

Notifica.do Todos los Derechos Reservados 2019.

Powered by

CODASOR

Ir arriba