Prof. María Isbelia A. de Alfonzo

TENER EL CORAZON COMO UN RASCACIELOS

En Opinión  por

(A dos años de tu partida mi querido Dumas Antonio hacia La Mansión de Mi Señor)
María Isbelia Alcalá

El sol sale y se oculta, el tiempo corre impredecible e inexplicable, las horas pasan algunas lentas, otras vertiginosas, y ha sido tan difícil para mí asimilarlo, no he podido superar del todo lo que tras de sí contempla el cielo, aún se aferra a mi espíritu conturbado el despegue en vuelo alado de dos hermanos que como gaviotas volaron a lo desconocido inmenso al despliegue de sus alas, mi pluma se desborda en un torrente de tinta al mencionar sus nombres: DUMAS ANTONIO Y RAFAEL ASDRUBAL, hermanos del corazón, hermanos del alma, de la vida, del tiempo y de la esperanza, sus huellas en este peregrinar de andar ligero será imborrable y como mejor herencia dejar un legado de honestidad que ni el tiempo podrá borrarlo.

¡Si Señor…! Como gaviotas volaron, La resignación de Nuestro Dios ¡Cómo no! Ha llegado a mi pecho, pero el sentir de la ausencia ¡Caray! Vacío hondo de espejos lacerados, jamás se llenara, junto a mis penas hondas estará cifrado en el alma como una congoja, lagrimas siempre rodarán, dejaré el tiempo pasar ¡No sé! Tan solo sé que no es fácil. Créanme que no fue solo vestirme de negro, en esta situación citando a Benedetti, sino quedarme sin risa.

Pues, Aparente serenidad mi alma simula, aun siento resquebrarse el paisaje  al recuerdo de aquel momento que pude abrazar la inmensidad con la improvisación de un Epicedio, combinación de palabras en prosa y verso para dar el adiós a mi querido Dumas Antonio(QEPD) en el Campo Santo. Y aun no entiendo como fluyeron de mi pecho esas palabras que recogieron lagrimas a tanta gente y que parecían como dictadas desde las alturas a mi mente por un Dios, aun me pregunto ¿De dónde pude improvisar expresiones tantas?  ¿Quién por mí, desde el fondo de mi alma hablaba tan serenamente? Querido Dumas en ese momento de hablar desconocido mis ojos te veían resplandecer entre fábulas de gloria, no podía ser de otra manera cuando inspirada con la serenidad que ni siquiera puedo explicar, me sentí elevada ante desconocido territorio, inmensa extensión perdida en el Infinito, puerto de llegada de almas sosegadas, y en ese instante pensé que Usted mi querido hermano ensalzaba mis palabras como lo hiciste tantas veces al prodigarme sabias enseñanzas desde mi niñez, que aún es fuente inagotable de mis conocimientos pródigos.

Hablar en aquellos tiempos contigo hermano, daba la impresión de la vastedad de tus conocimientos, como si hubieras leído todos los libros del mundo, al final de tus días rememoraste con tesón EL ULTIMO MOHICANO, a veces traducido como EL ULTIMO DE LOS MOHICANOS, Novela Histórica del autor norteamericano James Fenimore Cooper,  como quisiera, Hermano, poder abordar tantas cosas, reiterar tu decir; No ser Cóndor de museo , ni león de feria, pero la expresión que inmortalizaste pude verla resurgir ese día en el aire delgado y denso del Infinito, pude revivir, ¡Lo sé muy bien!  Tu axioma preferido, el mismo que rodará  por siempre en mi sentir profundo. Qué bien lo decías tú, Hermano:   TENER EL CORAZON COMO UN RASCACIELOS  ¡Caramba…!

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