Prof. María Isbelia A. de Alfonzo

ENTRE EL MUNDANAL APEGO Y LA ETERNIDAD

En Opinión  por

Voz de mis sueños que me habla entre la calma y el silencio de la noche, tan solo la sombra de Caronte sería testigo de mi confidencia, Señores me dijo con entonación firme y segura -Cito sus palabras: -¡No! Detente… Cuidado cruza el horizonte prohibido.

Otra vez resonó esa voz rugiente y yerta en todos los rincones de la tebaida, el zumbido del eco se alejaba muy rápido en creciente oleada atenuado a la resaca de la distancia.

No es fácil, una incógnita en las sombras perturbaba mi silencio buscando la respuesta del álgido misterio  ¿Qué es esto?  -Me pregunté atemorizada sin oír más nada, sugestionada por el susto y el desconcierto.

Gotas incesantes, menuditas y frías de una garúa inesperada me mojaban, sentía frío de ambiente, frío en el alma, frío anímico que ni calmarlo puedo, miedo helado, de expectativas congelada, sin embargo crucé la líquida cortina de la lluvia, por supuesto agarrada de una mano protectora, de pronto me soltó poniendo ante mí un velo impenetrable entre luces y sombras, pero yo corría tras ella, y yo andariega como quien buscara a tientas lo que ya se me negaba.

En el instante del silencio calmo me dije, no sé por qué muchas veces confundimos los arrebatos terrenales con el mundo del espíritu, pero… ¡Por Dios! Basta leer a Milton en su  Paraíso Perdido para entender la desobediencia de los ángeles.

Y no te das cuenta que ella seguía caminando apresurada, ¿Para dónde iba? ¡Tan solo Dios sabe hacia dónde! Pero se alejaba tan rápido, pero tan rápido que ya no la podía alcanzar, pues claro se le hacía muy fácil desplazarse por su frágil y sutil silueta, mejor dicho presencia incorpórea que solo flotaba vaporosa en el etéreo ambiente, mientras yo solo daba algunos traspiés y en otros momentos  largas zancadas.

Como te dije ya ni siquiera ella se divisaba y cuando empezaba a descender las sombras me detuve con desconcierto en la encrucijada, en la precisa línea del horizonte prohibido, sentí que una corriente galvánica me sacudió en oleadas cuando me di cuenta de pronto que estaba de pie en medio de dos eternidades, la celestial y la terrena, la del mundanal apego y del espíritu, ante mí un espectáculo extraordinario de luces y sombras… ¡Oh Mi Dios me siento abrumada por su inmensidad!

Detenida en esa mágica recta pensé al instante que muchas veces nos insensibilizamos  por la misma realidad que nos toca vivir sin darnos cuenta que la vida es cambiante, impredecible e inexplicable.

Pero lo más importante es que durante mucho tiempo permanecí paralizada allí a escasos pasos del margen prohibido, no sé nada del tiempo, daba la impresión que los relojes se habían detenido, persistía un frío espeluznante, y yo tratando de profanar fronteras.

Avanzo unos pequeños pasos y me freno en la precisa línea a la vista del inhóspito desierto, entonces me pregunto: -¿Por qué tengo que escapar de la verdadera realidad de manera constante?  Solo sé que ya no había ninguna presencia ni celestial, mucho menos terrena, tan solo se percibía un rico fermento de sugerencias que lo impregnaban todo de un agradable olor a rosas ¿Recuerdas mamá? Tus preferidas, con esa sugestiva recibí la fragancia, pero supe que mi madre se había ido en el mismo instante que percibí tan agradable aroma, lo que indicaba aún su rastro angelical en la misión del mundo… ¡Cuánta torpeza! Ni siquiera pude decirte un adiós muy pasajero ¿Turbaciones de qué? Si te habías ido, ya no importaba.

Y ahora después de haber pasado tanto tiempo me pregunto y me pregunto sin encontrar ninguna respuesta: -¿Aquello fue una ilusión? ¿Una contemplación? ¿Sería Imaginación? ¿Espejismo? ¿Realidad o sueño? ¡Quién sabe! A lo mejor después de morar en desconocida dimensión la forma corpórea se transfigura en presencia etérea, tal vez tomará variada forma, o acaso se volatilizará en fluidica apariencia, rala y transparente ¡Y de qué manera! Buscando las fronteras de nuestros sueños para dar vuelta terrena.

Pero ahora recuerdo ¡Qué absurdo!  Pude darme cuenta que unos minutos antes de su partida alada  para sorpresa mía y de ustedes, de la misma forma que vino desapareció, después de todo yo estaba dormida y desperté sobresaltada por el sutil y vaporoso hundimiento en el borde bajo de mi cama, ¡Ah! Ahora lo comprendo, viniste como Ángel Custodio a proteger mis sueños.

No obstante si aún estuvieras allí sería el momento propicio para disipar las tantas dudas que los confines infinitos  reflejan, sin embargo  sé muy bien tu respuesta como en aquellos  pródigos días, que la vida tiene sus secretos y estos no se pueden divulgar…

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