Prof. María Isbelia A. de Alfonzo

CEREMONIA NUPCIAL DE UNA NEREIDA Parte II.

En Opinión  por

Relato seleccionado para Antología Mundial.
17° Edición Premio Literario de Narrativa Internacional
“Entre las palabras y el infinito” Napoles, Italia.

Desde donde yo estaba se divisaba perfectamente el recorrido insomne de La hermosa Nereida pronta a recibir los misterios del amor sagrado, se precisaba en ella sus ojos de bronce cinabrio en adormecida nazarena resaltando en la noche, Tetis relucía entre sus galas cuando era escoltada por las demás Nereidas en trajes malvarrosa de sirena y otras de elegante índigo, basta decirte que vestida en la inmaculada virginidad de la blancura la Diosa Tetis descendía con sofisticada sutileza cada escalón de la escalera de marfil tomada de la mano de Nereo su padre quien se la entregaría a Peleo, su futuro esposo en el mismo Templo de Zeus.

Y puedes creerme que cuando se sintieron los primeros acordes de la marcha nupcial que daría inicio a la ceremonia, se oye la música del Olimpo enigmático que estremece sus cimientos, estaba yo tan confundida que no podía diferenciar si era de día o de noche, sentí una profunda emoción al ver a Peleo tomar con un amor eterno y sutil la mano de Tetis, te repito que ningún mortal reflejaría en la mirada aquella entrega total, el novio ostentaba una elegancia patricia, venía trajeado de una capa de lentejuelas que resaltaba su magnífico rostro, por supuesto también las actitudes menudas, los gestos y los destellos son los que verdaderamente sustentan este amor maravilloso, y ante el altar de los dioses que todo lo purifica estaban los novios esperando la bendición nupcial.

A ti que eres mi amigo te lo puedo confesar que al finalizar el rito matrimonial salieron los nuevos esposos del Templo de Zeus tomados de las manos y seguidos del séquito de honor, al divisar el rostro de Tetis en la magnífica ingenuidad del pudor  pude decir con irreverencia y candor: – ella es virgen y tan celosa de su castidad como Atenea.

Pero lo más insólito era que al pasar el umbral hacia suelo Olímpico todo estaba cubierto de pétalos de rosa, dondequiera que pisábamos nos encontrábamos con las alfombras de flores aplastadas por los pies de tantos invitados, despidiendo un dulce y fragante aroma.

Déjenme decirles que la noche tiene un encantamiento que no deja escapatoria ni para el mismo Homero, poeta inspirado y majestuoso, pude ver en ese mismo momento de su llegada que el Bardo Griego se vio rodeado de un harem de vírgenes… -Entiendo –Le dije, toda vez de comprender que el influjo de su sabiduría hasta mí me deslumbraba.

Por si hubiera alguna duda debo decirte que me complace dar la bienvenida a tantos invitados, lo haré, vaya mi gratitud a la Divinidad Olímpica, por supuesto los dioses me concedieron esta prioridad que no esperaba, comenzando por Atenea la diosa ojizarca, mi amiga de todos los días iluminando mi andar en esta noche hasta llegar al final de este periplo.

Acontece que en este preciso momento al  ver a Homero con hebilla al cinto  transitar por los jardines del Olimpo sin ensuciarse la sandalia, viene a mi memoria algunos recuerdos del pasado milenario, entonces veo con nitidez aquella escena cuando Homero visitó la tumba de Aquiles rogando encarecidamente al héroe que se le mostrara ante su vista, iba revestido con la armadura hecha por Vulcano y lo pidió con tal vehemencia que Aquiles accedió a la súplica bajando del Olimpo, su aspecto era tan resplandeciente que El Bardo Griego ¡Lo siento! quedó ciego.

Si bien es cierto que cuando llegó Apolo inclinó ante mí su rostro cincelado de arrogante para luego sentarse en el trono dorado que se le tenía reservado, y puedes creerme que  refulge de pronto una blancura que deslumbra, estaba yo frente al esplendor cegante de la luz apolínea y sería más que una torpeza no cerrar mis ojos cuando lloran encandilados.

Después que todos los invitados estaban reunidos La Noche dejaría escrito el nombre de los contrayentes sobre el terciopelo de La Eternidad, Las Voluptuosas seguidoras de Eros proceden a hacer el descorche y Las Musas griegas se agrupan para celebrar rodeando a los nuevos esposos con las copas levantadas.

Pero lo más interesante de la ceremonia nupcial de Tetis y Peleo fue el momento cuando se hacía el brindis del néctar y la ambrosía, Hebe se lucía al ofrecer el brindis en copas de oro y en Cuernos de la Cabra Amaltea, produciendo un gran placer al ingerirse y en el momento del ritual ante las exhalaciones y sacrificios se quemaba incienso produciendo hermosas volutas de humo en honor a los contrayentes. Y al levantar las copas todos los invitados exclamaron al unísono: – Salve Majestad…

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