Luis Zoquier

Juventud, oportunidad y desarrollo

En Opinión  por

En el año 2000, la Organización Mundial de la Salud propuso una escala de edades para la clasificación de la juventud, la cual comprende de los 12 a los 32 años de edad. De modo similar, la Ley General de Juventud (49-2000), de la República Dominicana, en su artículo No. 3 considera como jóvenes las personas con edades comprendidas entre los 15 y 35 años.

Esta ley tiene como finalidad dar respuesta a las necesidades y expectativas de la juventud, así como garantizar la efectiva participación de los jóvenes en los procesos de toma de decisiones. A casi dos décadas de promulgada esta ley, la realidad que podemos contactar al analizar su aplicación y los elementos que han caracterizado la tradicional forma de hacer política en nuestro país, es que los criterios que han sido tomados en cuenta, están basados en prácticas deshonestas como el clientelismo, el nepotismo, el autoritarismo y el paternalismo. Estas malas prácticas han profundizado las desigualdades sociales, mutilando la posibilidad del desarrollo de nuestra sociedad y en términos específicos de nuestra juventud.

Esta situación es reiterada en las diferentes entidades del Estado, las cuales nombran su personal atendiendo a las simpatías políticas y no a sus capacidades técnico-profesional.

En nuestro país la situación de la juventud está marcada por una clara discriminación, que se expresa en la condición de clase, ideológica, religiosa, política, sexual y étnica, promovida y defendidas desde las altas instancias del Estado. A esa juventud se le da poco, pero se le exige mucho. Económica, social y políticamente se les niegan las oportunidades desde ministerios, palacios y congresos en los que no se gobierna tomando en cuenta el bienestar de las generaciones presentes y menos de las que vienen subiendo.

Se trata, sin duda, de un objetivo difícil de lograr y que, de hecho, ha sido esquivo para las generaciones anteriores. Sin embargo, los jóvenes actuales contamos con ventajas para hacerlo realidad. Tenemos niveles de educación más altos que nuestros progenitores; estamos familiarizados con las nuevas tecnologías de producción, comunicación, manejo y procesamiento de información, cuyo conocimiento y uso serán claves para el desempeño de nuestra nación y de las personas en el futuro; hemos experimentado el ritmo incesante del cambio, lo que nos hará capaces de enfrentar las transformaciones futuras con mayor flexibilidad y rapidez. No obstante, la evidencia empírica disponible tiende a relativizar las conclusiones alentadoras que se desprenden de tales razonamientos, ya que persisten, e incluso se agudizan, altos grados de exclusión social de los jóvenes, claramente reflejados en sus tasas de desempleo; se mantienen o elevan las probabilidades de que practiquen conductas riesgosas (en particular, en los ámbitos de la sexualidad y de la reproducción), ilícitas, violentas, escapistas o anómicas y no hay indicios de que su participación en la toma de decisiones se vuelva más activa.

En América Latina y el Caribe viven cerca de 160 millones de jóvenes entre 15 y 29 años, un cuarto de los habitantes de la región. La integración de este sector en los procesos de desarrollo es crucial para avanzar hacia sociedades más igualitarias, señala la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) en el libro Juventud: Realidades y retos para un desarrollo con igualdad.

Aunque los dos ejes principales de la inserción social de los jóvenes son la educación y el empleo, también se requieren políticas en materia de salud, violencia, participación política y acceso a la tecnología y la cultura, señala el organismo de las Naciones Unidas.

Según datos de la CEPAL, cuatro de cada 10 jóvenes de 20 a 24 años no ha concluido la educación secundaria y sus tasas de desempleo son dos a tres veces mayores que las de la población adulta.

Además, unos 30 millones de jóvenes en la región, cerca de 22 % del total, no estudian ni trabajan remuneradamente. La mayoría de ellos, en especial las mujeres, se dedican a labores domésticas y tareas de cuidado. Otra parte se encuentra cesante o busca trabajo por primera vez y un porcentaje menor posee alguna discapacidad.

Conforme un estudio del PNUD, el empleo es la segunda prioridad para los jóvenes de entre 16 y 30 años en República Dominicana y el Caribe.

Un informe de la Corporación Latino Barómetro revela que el 34 % de los jóvenes dominicanos son NINI, o sea, que “ni estudian, ni trabajan”, esto, coloca al país en primer lugar con esta problemática social y quienes logran estudiar tampoco la tienen fácil. No tienen garantizado acceso al mercado laboral ni a una vida digna.

En República Dominicana, a pesar de la tendencia positiva en la reducción del desempleo, en el Plan Nacional de Empleo 2014 del Ministerio de Trabajo, se señala que la tasa de desempleo abierto es el doble entre los jóvenes de 15 a 24 años que en la población general. En lo referente a los jóvenes NINI, el diagnóstico del Plan muestra que el 70 % son mujeres y el 76,81 % tienen entre 20 y 34 años.

En temas vitales, como educación y empleo, el panorama de inequidad y exclusión social impera.

En la Estrategia Nacional de Desarrollo 2030 (END), República Dominicana ha establecido la importancia de generar empleos de calidad y dignos como parte esencial de su desarrollo y, lo que es muy positivo, el Plan Nacional de Empleo incluye como población vulnerable a los jóvenes y a los NINI.

Sin embargo, para que las medidas del Estado dominicano y sus aliados en favor la juventud den frutos, es necesario que la visión transformadora de la Estrategia Nacional de Desarrollo cambie la realidad productiva y económica: avanzar hacia los sectores y actividades con mayor valor agregado y productividad laboral.

Este nuevo camino hacia las sostenibilidad productiva y del consumo en la nueva agenda no es fácil. La globalización ha cambiado profundamente las condiciones bajo las que los países más avanzados se industrializaron, generaron empleo y subieron los salarios reales. No obstante, hay oportunidades para integrar a jóvenes en situación de vulnerabilidad en actividades y sectores con mayor valor agregado. En definitiva, es posible hacer realidad nuevas oportunidades para la juventud en uno de sus grandes retos actuales.

En San Juan de la Maguana podemos reducir la tasa de desempleo de los jóvenes, si el presidente Danilo Medina cumple sus promesas de apertura, de la Plaza Comercial y Cultural San Juan e Instalar el Call Center, los cuales según lo publicitado, ambos proyectos ofrecerían más de cuatro mil doscientos empleos directos y así mitigar considerablemente la deuda social acumulada por nuestros gobernantes.

Los jóvenes dominicanos tenemos por delante un enorme desafío: ser conductores de un proceso de desarrollo económico y social que permita reducir la pobreza y los abismantes índices de desigualdad socioeconómica que atentan contra la estabilidad y la convivencia armoniosa; promover un crecimiento económico basado en fundamentos sustentables a largo plazo y así mejorar la calidad de vida de nuestros ciudadanos.

Fragmento, del discurso central en el Modelo de las Naciones Unidas, Distrito Educativo 02-05, San Juan. 29 de enero del 2016.

Autor

Luis Zoquier Paniagua

Educador y trabajador social

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