Rubén Moreta

Mujeres y Cánones Estéticos

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La exhibición de su imagen atractiva y deslumbrante cada día forma parte de la praxis femenina. A tono con esto, las mujeres no paran de consumir tratamientos y modas, generalmente copiadas de la televisión, periódicos, revistas y modernamente del internet.

Todas las mujeres occidentales practican una lógica de “perfección” de su silueta, sin distinción de posición económica, edad u oficio o actividad profesional a que se dediquen. El ejemplo que ilustra esta realidad son los “salones de belleza”, espacios estéticos que están en cada esquina del barrio, y se han convertido en dinámicas microempresas.

Para las mujeres de clase media, los spa y salones de masajes y relajamiento son una alternativa “chic”, en su búsqueda de “eterna juventud”.

Conocí a una paradigmática mujer cuya edad sobrepasaba los setenta años, quien no salía de su casa a comprar al colmado de la esquina del barrio sin antes mirarse al espejo, peinarse su pelo y acicalarse con su “pintalabios rojo opaco”. “Vieja, pero jamás fea”, me exclamó enérgicamente una vez, como sentencia a un incisivo comentario que le lancé sobre su singular patrón estético.

Con frenesí, las mujeres occidentales ensayan en su cuerpo inverosímiles procedimientos en busca de un objetivo supremo: remodelar su silueta para exhibir “eterna juventud”.

Las mujeres descubrieron la fórmula mágica de la eterna juventud en las cirugías estéticas. Estas son hoy el gran negocio de la empresa médica occidental. La Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética, con sede en Estados Unidos, divulgó que en el 2013 se realizaron más de veintitrés mil procedimientos de este tipo, y el año pasado superó los veinticinco millones. Brasil y Estados Unidos son los líderes en intervenciones con fines estéticos, y en el caribe la República Dominicana encabeza con más de ciento cincuenta mil operaciones estéticas al año.

Las remodelaciones estéticas empinan la autoestima de las mujeres inconformes con alguna parte de su anatomía, afectada por el embarazo, la obesidad, la vejez o un “fallo de origen”.

Los niveles de satisfacción son tan altos para quienes acuden a estos métodos médicos invasivos, que dicen estar en disposición de volver donde el cirujano estético “cuantas veces lo necesiten y puedan pagarlo”.

Ah, pero la novedad es que también los hombres, enquistados en la clase media, están teniendo interés en mejorar su apariencia, y han comenzado a frecuentar también los cirujanos estéticos, según me lo confirmó el prominente cirujano sanjuanero Luis Jiménez.

Asistimos a un cambio de paradigma, donde los varones quieren también alcanzar la “eterna juventud”, y se están reconstruyendo y arreglando zonas de su cuerpo con la cual están insatisfechos: nariz, labios, ojeras, trasplante de cabello craneal, abdomen pronunciado (a través de la técnica de liposucción) o cualquier “fallo de origen”.

Pero la eterna juventud –en mujeres y hombres- solo se persigue a nivel exterior, echando a un lado la dimensión interior del ser, lo emocional, el sentido humano, los valores.

Por olvidarnos de cultivar nuestro interior, por eso estamos como estamos.

Autor

Rubén Moreta

Periodista, Investigador y Profesor de Sociología Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).

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