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La Monogamia, amor sin libertad

En Opinión  por

Amor, atracción, pasión, apareamiento, sexo o cualquier otro nombre –en término práctico- significa lo mismo. Este elemento es el motor de la fisiología humana. Lo ha sido en todas las épocas.

La literatura se ha encargado de sublimar el amor y el sexo, construyendo formas estilizadas de su expresión y concreción. Es primero la Literatura y luego la Psicología quienes nos han demostrado que la actividad sexual trasciende la gimnasia mecánica, o los efluvios consecuentes, o el éxtasis emocional. El sexo y/o el amor transportan el cuerpo y la mente humana a una sensación de plenitud como ningún otro acto hecho o practicado por el género homo.

En el marco de la sexualidad, durante siglos la religión predominante y la escuela occidental privilegian la monogamia, y a nivel político las instituciones jurídicas de las naciones de este hemisferio también han impuesto la monogamia como forma amatoria o de cohabitación matrimonial. Pero los hombres y las mujeres prisioneros de este modelo han diseñado y practicado formas -sutiles y burdas- de traicionar y vencer las relaciones monógamas, construyendo relaciones pasionales paralelas o polígamas.

Por ejemplo, la prostitución siempre ha existido –no siempre discreta-, en muchos casos como fuente de iniciación sexual para mozalbetes y nóveles amantes, o como escape al tedio y la rutina del cuerpo anclado en la habitación hogareña, al que tenemos licencia para tomar cada día o cuando nos apetece.

Igualmente, las ventanas de la infidelidad –en todas las épocas y en todas las clases sociales- siempre han estado abiertas para escurrir a los insatisfechos o deseosos de pecar. Es que el amor es tan indescifrable, inverosímil, capaz de penetrar los resquicios más insondables del ser humano.

La monogamia choca con la condición fundamental del individuo que es la libertad. La monogamia es parte de la dictadura universal que ha querido imponer el dogma religioso.

Hoy los jóvenes asisten a nuevas formas y estilos en su socialización y practica conyugal: el coito precoz, la cohabitación sin matrimonio legal o unión libre; la familia monoparental, el swinger, sexo grupal, el matrimonio homosexual y de manera excepcional, la bigamia “consensuada”.

Todo esto evidencia la crisis de la familia tradicional.

Autor

Rubén Moreta
Rubén Moreta

Periodista, Investigador y Profesor de Sociología Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).

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La realidad existe como un absoluto objetivo: los hechos son los hechos, independientemente de los sentimientos, deseos, esperanzas o miedos de los hombres

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