Prof. María Isbelia A. de Alfonzo

CEREMONIA NUPCIAL DE UNA NEREIDA

En Opinión  por

Si los dioses del Olimpo acostumbran a trasladarse hacía lejanos confines seguramente que los encontraré entre mis libros cómplices… Eso ya lo sabía ¡Ah! Museión Contemporáneo, ¡Oh! Terpsícore, Euterpe, Calíope, ¡Oh! Polimnia eterna inspiradora de la Poesía Lírica, ¡Oh! Erato, regálame aunque sea de tu musa una porción de la Poesía Erótica para descubrir de los dioses sus amores secretos, no te detengas Clío en prestarme la pluma de la historia para escribir en las paredes del tiempo la realidad de Mercurio, Júpiter, Dionisos, Musas, Centauros, Ninfas y Nereidas, Aedos, Rapsodas, Héroes y Antihéroes homéricos, y en estos días acontecidos de mi vida sentirme convencida que todos ellos en este momento también transitan nuestro mundo, deambulando como zombis su demencia acelerada.

… Pero solo tú Atenea, Diosa de los ojos garzos despertarás en mi alma inmaculada de escritora la visión apolínea de la luz cegadora y encandilante inundando los entresijos desconocidos de mi frente, traspasando mis ojos ávidos de tinta, como verás siempre concebí mi vocación literaria como un don divino y reconfortante de la armonía que ahora traigo en mi pecho.

Diosa Ojizarca desde hace mucho tiempo me di cuenta que confiaba en ti, yo confié en ti, y tu haz correspondido a mi confianza, Atenea… ¡Gloria a ti!

Alguien pudiera preguntarse entonces ¿Quién no se siente poeta al compartir la inspiración visionaria de los dioses? Y en este instante al intentar escalar la cima del Parnaso me invade esa gran armonía que se siente ante la belleza indescriptible, el pensamiento va creciendo, el espíritu se agiganta, la inspiración se eterniza y la tinta azul mojada húmeda de sueños, de silencios y misterios seguirá acariciando las mismas fantasías del mundo heleno que inspiraron los manuscritos homéricos, pudiendo contemplar desde esos pálidos espejos del tiempo tantas hazañas, magnificaciones y epopeyas, tantos hechos, grandes y pequeños, muchos rostros, ciertas luces, ciertas sombras, silencio, eternidad y desenfreno, esa fuerza que trae el sentimiento a la palabra, ese don de poesía que sitúa la belleza en el espacio preciso donde el éxtasis y Dios siempre están presentes.

Después de hondas y acertadas reflexiones alguien pudiera preguntarse entonces ¿Qué será de nosotros pobres mortales despojado del favor de las musas y de la iluminación del genio?

Yo, María Isbelia quiero contarte que soy entre otras cosas y más que ninguna otra, una escritora insomne sintiendo una pasión devoradora por los libros y por mi invocación al Museión pude penetrar a esta ceremonia nupcial, tocándome en suerte compartir con tantos dioses, semidioses, escritores, poetas y hombres, te sorprenderá saber que entre los tantos personajes me veía como una criatura de leyenda proveniente nada menos que de una pluma del ave Fénix.

… Tu Santuario en el Olimpo ¡Oh Atenea! Donde se celebran los más sagrados ritos en honor a los desposados, había oído decir que eran formalidades muy secretas, y puedo asegurarte que no estoy preparada para los sagrados misterios de su pureza, sin embargo por decreto de no sé quién me encuentro en esta boda real observando desde atrás todo lo que acontece, el viento agita con fuerza el regio chal que cubre mis hombros y un coloquio de brisa helada y danzarina trae a mis oídos las más secretas conversaciones de los invitados, por lo que desde mi posición estratégica puedo enterarme de todo lo que acontece.

Pero… ¡Un momento! Al finalizar el día el blanco intenso el sol da paso a una tarde tan rubia como la miel que a su vez cedió el lugar a un ámbar dorado tan hermoso que ni al oro de Atahualpa, aquel bravata, podía compararse, de pronto el divino Olimpo, sublime y sagrado hogar de los dioses enciende sus soles multicolores con la luz prolongada que antecede a la noche mágica donde las antorchas se mueven como serpientes de fuego, más allá del horizonte hasta sus más profundas reconditeces se sentía como si el cielo conociera de antemano la espléndida ceremonia que se celebraría aquella noche en el sitial de los dioses, el Sagrado Olimpo iba tomando una delicada tonalidad azul violeta cuando los largos dedos de unas nubes púrpuras parecían extenderse como queriendo saludar la llegada del sol poniente, de esta manera cae las sombras entre espesos vapores de incienso, quise contemplar como anochecía, mis ojos que tanto aprecian la belleza parpadean ante el escenario crepuscular pretendiendo comprender si posible fuera los misterios que tan solo los dioses tenían la facultad de conocer.

Y cuando el hijo de la noche puso sus sombras carónticas, mis ojos sorprendidos parpadean sin parar ante el dorado festín, pude darme cuenta desde donde estaba que la novia permanecía oculta tras de una espesa cortina coronada de luces intermitentes haciendo insólitos jirones refulgentes de bengalas, rosas danzarinas caen en cascadas, de pronto asoma la elegancia de su rostro en un abordaje suave y delicado desde la escalera de marfil que parecía descender desde las alturas del último cielo.

Desde donde yo estaba se divisaba perfectamente el recorrido insomne de La hermosa Nereida pronta a recibir los misterios del amor sagrado, se precisaba en ella sus ojos de bronce cinabrio en adormecida nazarena resaltando en la noche, Tetis relucía entre sus galas cuando era escoltada por las demás Nereidas en trajes malvarrosa de sirena y otras de elegante índigo, basta decirte que vestida en la inmaculada virginidad de la blancura la Diosa descendía con sofisticada sutileza cada escalón de la escalera de marfil tomada de la mano de Nereo su padre quien se la entregaría a Peleo en el mismo Templo de Zeus.

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