Rubén Moreta

Diez Propuestas para el Cambio Educativo

En Opinión  por

Cada día la sociedad dominicana le exige más a la escuela y de manera más directa al/la profesor/a, en su rol de guía de los procesos de enseñanza-aprendizaje.

Al parecer, hay un sentimiento generalizado de insatisfacción por la labor del/la maestro/a. Es como si se hubiese formado una “conspiración” en contra de los educadores dominicanos, a quienes se les reprocha su pésima gestión pedagógica.

Los calificativos en contra de los/las maestros/as dominicanos se extienden desde incompetentes a mediocres. Es tanto así que en uno de los documentos del diseño curricular se estableció que “el maestro del siglo XXI no existe”.

Algunos sectores proponen el ingreso a las aulas de profesionales de las ciencias naturales y las matemáticas como: ingenieros, químicos, físicos, biólogos, médicos, contadores, etc- para llenar las plazas docentes, especialmente en el nivel medio. Aplicando este enfoque, el MINERD comenzó a llamar a profesionales extra pedagogía para el concurso de oposición para registro de elegibles para la carrera docente, en proceso actualmente.

Otros más radicales sugieren la “importación” de maestros de otros países, en especial de Cuba, Chile, Argentina, España, Alemania, Finlandia y otras latitudes.

Por momentos la angustia abruma a todos los que hemos ejercido por tanto tiempo la labor docente, al recibir tan exigua valoración y tan ácidas críticas.

Considero muy exageradas los ataques a la escuela dominicana de hoy y a los facilitadores de los procesos formativos que son los/las maestros y maestras.

Dos preguntas fundamentales me asaltan: ¿será que estamos echando la culpa de todos los males sociales de la contemporaneidad criolla a la escuela y sus guías?

¿Fue ahora que descubrimos los males de nuestra sociedad y hemos escogido unos culpables favoritos: la escuela y los maestros, porque nadie sale a defenderlos y a contextualizar certeramente la etiología de la crisis?

Soy de opinión que el meollo de la cuestión estriba en que se ha producido un empoderamiento de la sociedad respecto de la importancia de la educación como motor del desarrollo nacional. Esa perspectiva ha hecho que sean las capas baja y media quienes con mayor fortaleza estén reaccionado demandando una educación con altos estándares de calidad, de excelencia.

El enfoque de educación de calidad era un vacuo enunciado de las élites y de los políticos en tiempos de campaña proselitista que lo escribían en los programas de gobierno.

La demanda de educación de calidad le fue arrebata a los partidos y a las élites por “los de abajo” y “del medio”, tanto así que se obligó al Presidente Danilo Medina a tener que destinar el cuatro por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) en la educación preuniversitaria en el 2013, aspecto que estaba contenido en la Ley General de Educación promulgada en el año 1997, y que había sido violado olímpicamente por quienes dirigieron los destinos nacionales en esos quince años.

¿Es aburrida la escuela? Sí.

¿Incorpora la escuela dominicana las tecnologías de la información y la comunicación (TIC)? No.

¿Son los maestros los únicos responsables de la baja calidad de la educación dominicana?. Un noooo…… bien grande.

El problema es que estamos fallando en apreciar y encarar los siguientes diez puntos fundamentales:

1.-Los cambios y transformaciones en los ámbitos educativos y sociales en general son procesuales, no mecánicos ni repentinos;

2.-El cuatro por ciento que se destina actualmente a la educación inicial, básica y media solo prioriza la construcción de infraestructura escolar, y aún no atiende, como elemento central, el acompañamiento de la gestión pedagógica.

3.-Una política de calidad de la educación debe centrarse en el aula. La situación de la educación comenzaremos a ver mejorías importantes cuando hagamos los cambios en los procesos áulicos. Es en el salón de clase donde hay que poner el énfasis, monitoreando qué enseña el/la maestro/a, si se apega al cumplimiento del currículo, sus técnicas y métodos de enseñanza, los medios y recursos que utiliza, los instrumentos de evaluación que acopia, entre otros factores.

5.-Extirpar la política. Se impone despolitizar la gestión educativa, ya que en la perspectiva de elevar la calidad de la escuela, por ejemplo, la figura del director no puede ser el/la maestro/a más “político”, el “más enllavao” o el “más viejo” en el centro escolar, sino un ente con formación en gerencia y administración, que oriente la gestión del centro que dirige hacia resultados óptimos.

6.-Movilidad de los directivos. En una escuela el director/a no puede ser un funcionario para la eternidad, sino que debe crearse un mecanismo de medición de su desempeño y a partir de sus resultados, establecer incentivos en su favor o su movimiento a otro establecimiento u otra labor en el sistema.

7.- No existe un sistema de consecuencias para los actores del sistema educativo que hacen mal su trabajo.

8.-El involucramiento de los padres, madres y/o tutores en la educación de sus hijos/as y en la gestión de los centros educativos es exánime.

9.-El sistema de supervisión escolar preuniversitario es asistemático, acomodaticio e improductivo, y

10.- ¿Quién gobierna la escuela dominicana? Nadie lo sabe. A veces el MINERD; a veces el sindicato magisterial; a veces un caudillo sindical de cualquier pueblo; a veces una corriente sindical.

Cualquiera se cree en capacidad de “paralizar” la escuela. Pero ninguna organización o sistema puede funcionar sin una gobernanza definida.

Autor

Rubén Moreta

Periodista, Investigador y Profesor de Sociología Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).

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