Rubén Moreta

La Comarca y Papá Liborio

En Opinión  por

Murió en San Juan de la Maguana un icono de la música popular. Injustamente su deceso pasó desapercibido. Para él no hubo homenaje, ni bandera a media asta, ni una nota de pésame del Ayuntamiento Municipal, ni del Ministerio de Cultura , ni de ningún gestor cultural, porque era un acordeonista anciano, pobre, iletrado, ciego y campesino.

Para ciudadanos como Américo Ramírez Valdez (Meco), conocido artísticamente como “Américo el Músico” no existen pompas ni reconocimientos. La cultura dominante y los líderes del sistema político y cultural oficial se encargan selectivamente de marginarlo. Lo mismo hace la intelectualidad nacional, que infravalora la cultura popular y desdeña aspectos tan fundamentales en nuestra definición identitaria como la religiosidad popular.

Es que en la República Dominicana hemos edificado un Ministerio de Cultura que se ocupa únicamente de promover las “bellas artes”, marginando la cultura popular y solo accionando en la metrópoli y Santiago, dejando en el más absoluto abandono a las otras veintinueve provincias del país.

Nos acongoja la sentida muerte de muerto Don Américo, quien nació el 5 de Abril del 1945 en la comunidad de Higuerito, Distrito Municipal de las Maguanas, en la provincia de San Juan, a quien su discapacidad visual no amilanó para ser tan excelso ejecutante musical.

Con su partida casi se extingue un género musical que los etnomusicólogos, antropólogos y cultorólogos ni siquiera registran como parte de nuestro acervo: la Comarca, un ritmo tocado con acordeón, tambora y güira, con acordes particulares y cánticos dedicados a loar a una divinidad local llamado Liborio Mateo, su simbolismo, misión, labor de sanación y gallardía revolucionaria.

Américo el Músico era el cantor por excelencia de la mitología liborista y el cómo su Dios Liborio, mereció solo exclusión, anonimato y vituperio.

Don Américo y un reducido grupo de “juglares populares” iban de campo en campo, especialmente en la zona norte de la provincia de San Juan, tocando y cantando “Comarca”, recreando la obra mítica-religiosa liborista.

Liborio Mateo para sus seguidores es el Dios que les da aliento y sanación. Pero su papel político fue lo más relevante de su vida, ya que enfrentó un implacable enemigo -las tropas invasoras de Estados Unidos que permanecieron en nuestro país entre 1916-1924- y murió en plena faena de combate en la Cordillera Central el 27 de junio del 1922.

Los seguidores liboristas en la provincia de San Juan, en la región suroeste y algunos pueblos del cibao cercanos a la cordillera siguen con intensidad creyendo y adorando a Liborio, tras considerarlo una deidad comarcal que los guía espiritualmente.

Sus fieles, de tanto exclamarlo –Oh Liborio- han corrompido su nombre, transformándolo en Oliborio.

Los que siguen con particular fe este movimiento de religiosidad popular están esperando una tercera venida de su mesías, como ocurrió con su reencarnación en los hermanos mellizos de Palma Sola en Las Matas de Farfán, en 1962.

Autor

Rubén Moreta

Periodista, Investigador y Profesor de Sociología Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).

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