Prof. María Isbelia A. de Alfonzo

ANGELES ROTOS

En Opinión  por

Que honor mis Distinguidos Lectores de esta columna permanente, poder mencionar en párrafo aparte a La Mujer en su diario transitar reconfortante y errabundo en este Memorable Día Internacional y de esta manera extender nuestra congratulación a todas las mujeres del mundo.

Por ser este un tema un tanto escabroso y amplio permítanme ubicarme en el verdadero contexto de nuestro país. La mujer venezolana ha sido parte fundamental de nuestra historia desde la sociedad precolombina hasta nuestros días, su participación en la política, en el sector económico, en el campo de las Letras, en la educación, entre los tantos le ha conferido un lugar preponderante en nuestros anales críticos, sin embargo es en el periodo independentista cuando su acción emerge con ímpetu frente a la realidad temible en la heroica misión por ideales de libertad lo que implicaría cambios sociales de determinadas estructuras.

Así se expresó esa gran Luminaria que se llamó Eduardo Blanco en frases lapidarias refiriéndose a Luisa Cáceres de Arismendi, Gimiendo prisionera en los calabozos de la Fortaleza de la Asunción, maltratada con salvaje furor, aquella criatura angelical abandonada a los ultrajes de sus verdugos sin más amparo que la enérgica austeridad de la virtud, eleva a Dios su alma con suprema energía como los mártires cristianos sintiendo palpitar en su seno la inocente criatura como ella condenada a expiar el heroísmo del caudillo insular…

Y continuando en este transitar por los mismos escenarios se erige el deslumbrante y moderno Complejo Cultural Teresa Carreño en honor a la egregia mujer que entronizaría su nombre.

No obstante para completar la trilogía debemos mencionar a Teresa de la Parra pues a ella le toco vivir en la Caracas sacudida por los conflictos políticos de Juan Vicente Gómez. Su literatura dejaría al desnudo el hasta entonces vedado mundo de las señoritas de bien, tan es así, que después de su muerte nace en Venezuela una literatura femenina liberada de la sensiblería dulcera o erotismo trivial muy frecuente en la prosa de la escritora americana.

En los últimos años consideramos un grito de gloria ante la igualdad de nuestros derechos cuando la escritora Elena Poniatowska sostiene que la literatura de las mujeres en América Latina es parte de la voz de los oprimidos, toda vez que las Menciones Honorificas siempre recaen en el género considerado fuerte, y no queremos decir que la mujer debe lograr una posición de ventaja con respecto al hombre… No, esa no es la idea, entonces se invertiría la problemática, lo ideal sería la igualdad de los derechos con respecto a los géneros.

Y en este momento patético y justificativo de la jornada nos parece bien importante ubicarnos en esa posición defensiva, alerta y dispuesta a favor de esa gran masa humana que aún sufre el marginamiento de muchos años en lo que a igualdad de derechos se refiere porque no se puede hablar de derechos humanos sin hablar de los derechos de la mujer.

Así terminamos nuestra entrega de hoy con este importante Meta mensaje, No debemos tan solo soñar ni nuestro pensamiento se remonte en lo más alto, debemos permanecer con los pies aferrados sobre tierra, diciendo No, a los pasos vacilantes, No, a la actitud timorata, Animo, sin olvidar que el triunfo está en la lucha constante con visión futurista y no de pose momentánea…

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