Por qué queremos ocultar que somos un pueblo de negros y negras?

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Por Rubén Moreta

Este 25 de julio se celebra el Día Mundial de la Mujer Afrodescendiente, en el marco de persistentes comportamientos racistas, que perjudican a las mujeres negras. Por ejemplo: el pelo crespo es denominado peyorativamente “pelo malo” o “mota” por el dominicano común, como parte de los nefastos estereotipos que hemos construido en torno a nuestra etnicidad. Pero muchas mujeres, en un aire libertario y contra-canon, exhiben su cabellera encarrujada desafiando los patrones estéticos instaurados en torno a la preferencia del pelo liso acicalado, como molde estético femenino.

No existe un pelo malo y otro bueno. Esta interpretación es el resultado del discurso sesgado en torno a los cánones estéticos y la identidad.

El prejuicio sobre el pelo rizado alcanzó notoriedad a mediados de 2016 por la acción de la Ministra de Educación Superior, Ciencia y Tecnología de la época, Ligia Amada Melo, quien en una infeliz reproducción de ese falso esquema fobioidentitario, agredió a una joven mujer negándole una beca de estudios de postgrado en el exterior, porque cuando fue a solicitarla acudió con su “afro” rizado.

En República Dominicana las élites han entronizado una identidad hispanófila, que desdibuja los demás elementos de nuestra construcción social. Han levantado un discurso apoteósico de los elementos “caucásicos” y/o europeos frente a un desdén por el torrente africano, a toda luz inocultable, porque aunque queramos encubrirlo no lo lograríamos, porque conforme la décima del poeta Juan Antonio Alix: “lo negro lo tenemos detrás de la oreja”

Discriminación similar sufren los jóvenes varones en los barrios dominicanos, con sus afros o pelos rizados, por parte de agentes de la policía. Muchos son metidos en el calabozo solo por exhibir el pelo encarrujado.

En torno a la identidad dominicana se ha erigido un enfoque racista, que solo destaca los elementos hispánicos en nuestra construcción cultural, quedando desdeñados los aportes africanos e indígenas.

República Dominicana es una nación afrodescendiente. En el siglo XVI se inició la trasplantación de hombres y mujeres africanos en nuestra isla, lo que trajo como consecuencia una singular mezcla racial-cultural entre aborígenes, españoles y negros, que se fue fusionando hasta constituir el actual sujeto dominicano.

La intelectualidad nacional solo ensalza una pretendida hispanofilia con lo que dejan entrever su evidente complejo étnico-racial. Pero lo africano –inocultable como el sol de los días en el caribe- se destaca en nuestra genética y acervo cultural (lenguaje, música, gastronomía, religiosidad, etc).

Negar la negritud, en un país de negros y mulatos, es absurdo. La torpeza de la ministra -que odia el afro y los rizos- visibiliza la magnitud del racismo actitudinal en la República Dominicana. Es la evidencia de que la negritud es la herencia incómoda de los dominicanos.

El autor es Profesor UASD.

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