Ruben Moreta

Fin del poder global de Estados Unidos

En Opinión  por

Estados unidos logró en el siglo XX dar un salto y convertirse en la primera potencia del mundo.  Alcanzó la supremacía global desplazando a Inglaterra del  dominio de los mares occidentales por la construcción del canal de Panamá, lo cual le permitió el control naval en los océanos  atlántico y  pacífico.  El Presidente Theodore Roosevelt dijo que el “canal de Panamá daría a Estados Unidos un control sobre la economía mundial que duraría más de cien años”.  No se equivocó, porque  así ha sido.

Otro factor  fue la rápida industrialización de su economía, lo cual facilito su conversión en principal abastecedor de Europa tras la autodestrucción de ese continente, mediante la primera Guerra Mundial.  Esta gran guerra fue un conflicto esencialmente europeo,  no una guerra global pero como le explica Zbigniew Brzinski: “su carácter autodestructivo marco el principio del fin de la preponderancia política, económica  y cultural de Europa sobre el resto del mundo”.

El estallido de la Segunda Guerra Mundial, que a diferencia de la primera guerra sí tuvo un carácter global, porque se peleó en tres continentes y dos  océanos, fue un factor que favoreció a Estados Unidos.  Quienes determinaron el triunfo en la Segunda Guerra Mundial fueron países extra-europeos, Estados Unidos y la Unión Soviética,  quienes desplazan a las potencias europeas de la hegemonía mundial.

A partir del fin de esta conflagración, la supremacía  global estuvo disputada entre EE.UU y la Unión Soviética. Fueron dos paradigmas ideológicos antagónicos en una descarnada batalla por el control global: un polo capitalista  promotor del libre mercado, enfrentado a un polo comunista-socialista, promotor de la utopía de la igualdad y del triunfo de la clase trabajadora.  A ese choque geopolítico se le denomino Guerra Fría.

A finales de los años 80, las políticas de “perestroika” y “glasnost”, impulsadas por el Presidente Mijail Gorvachov, pusieron al descubierto las falencias del sistema socialista soviético, provocando la disolución de ese poderoso bloque geopolítico, conjuntamente con la caída del modelo socialista en toda Europa del este.  A partir de entonces, Estados Unidos se erigió en la primera potencia política y económica mundial.  Consiguientemente con su poder imperial, Estados Unidos se ha constituido en gendarme del mundo y líder del libre comercio, a través de políticas neoliberales, que infectaron de tal manera la economía global que provocaron la hecatombe del 2008 y de la cual aún occidente no se recupera. Hoy, el principal contratiempo de Estados Unidos es su actual Presidente Donald Trump, dueño de un inverosímil estilo de gobernar, que solo exhibe ruido y estridencia.

En la actualidad, China da pasos en ruta  a desplazar a los Estados Unidos de la hegemonía mundial.  El gigante asiático es el principal exportador del mundo y es la nación que tiene las reservas de cambio más elevadas. Es el país de mayor crecimiento de su PIB (más de 7%) y es uno de los mayores productores de rubros agrícolas, ocupando el primer lugar en la producción mundial de cereales, arroz, algodón, patatas y té.

China vive en la actualidad un proceso de trasformación de su agricultura, modernizándola, diversificándola y volviéndola más productiva.  En cuanto a la ganadería, China domina también la producción ovina, porcina y de especies marinas.

El sector de la minería desempeña un papel importante en la economía del gigante asiático, ya que el país cuenta con un subsuelo rico en recursos energéticos. China tiene grandes reservas de carbón (la primera fuente de energía del país), que representa dos tercios del consumo total de energía primaria.

El país asiático es líder mundial en la producción de varios minerales (estaño, hierro, oro, fosfatos, zinc y titanio) y tiene importantes reservas de petróleo y gas. Es el quinto productor de petróleo del mundo, con 3,8 millones de barriles.

Los sectores de la industria manufacturera y la construcción aportan casi la mitad del PIB de China y dicho país se ha convertido en uno de los destinos favoritos para el traslado de unidades manufactureras mundiales a causa del bajo coste de la mano de obra, aunque su valor está en aumento.  Y a nivel tecnológico, China es un centro de producción de tecnología de punta en todas las áreas del saber.

China, a nivel político, ha incrementado su influencia en áfrica, Latinoamérica y  Asia, y cada vez más aumenta sus negocios con la zona europea.  Y lo más relevante, China lidera la cooperación sur-sur.  Lo acaba de evidencia con el anuncio de que invertirá treinta mil millones de dólares en Haití.  Una buena noticia para la isla.

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