El ingrato es peor que un gato

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En las redes sociales suelen publicarse contenidos que llaman nuestra atención por la ricura que entrañan. En Facebook vi en el día de ayer una historia posteada por mi buen amigo Papo Ramírez, que con su venia considero oportuno compartir con todos ustedes.

“El ultimo rey de una comunidad, tenía 10 perros salvajes. Los usaba para torturar, y que se comieran a cualquiera de sus servidores que cometiera un error. Uno de los criados hizo un dictamen mal y al rey NO le gusto en absoluto, por lo que ordenó que el sirviente sea arrojado a los perros. El sirviente dijo: “Yo te sirví durante 10 años, y tú me haces esto a mi? ¡Por favor, dame solo 10 días antes de lanzarme a los perros”; pedimento que fue concedido por el rey.

De inmediato, el criado se dirigió al guardia que se ocupaba de los perros, y le dijo que le gustaría servir a los mismos durante los siguientes 10 días; a lo que con cierto desconcierto aceptó. Sin tiempo que perder, el criado se dedicó a la alimentación de los perros, la limpieza, a bañarlos, a cuidarlos con esmero y todo tipo de confort para ellos.

Cuando los 10 días habían terminado, el rey ordenó que el sirviente fuera arrojado a las fieras para su castigo. Cuando fue lanzado, todos estaban sorprendidos de ver a los voraces animales lamiendo los pies del criado.

El rey, desconcertado ante lo que estaba viendo, exclamó: “-Qué es lo que está sucediendo con mis perros?” A lo que el sirviente respondió: “-Serví a los perros durante solo 10 días, y ellos NO olvidaron mis servicios; a usted sin embargo, le serví con esmero por 10 años, y a mi primer error se olvidó de todo y me arrojó a las fieras para que me devoraran””.

Al reflexionar sobre esa historia, embriagan mi memoria episodios que vivimos a diario con personas con las que por décadas llevamos una acrisolada e impoluta relación de amistad, sentimental o comercial; personas a quienes colocamos como cimeras en nuestro orden de prioridad; sin embargo, ante la mas elemental e intrascendente nimiedad, te lanzan a las fieras, que a no ser por la generosidad de éstas, terminarían devorándote.

Si hiciésemos alusión a la frase: “este carajo es peor que los perros”, estaríamos cometiendo una grave injusticia y profanando de alguna manera a un ser vivo tan honorable y fiel como el perro. No en vano el argot popular que dice: “mientras mas conozco al hombre, mas amo a mi perro”. Por lo que a estos personajes les cabría mejor decirles que “el ingrato es peor que un gato”.

Autor

Cristian Hidalgo
Cristian Hidalgo

Escritor, Ingeniero Civil de profesión y Constructor de oficio. Desarrollador de proyectos inmobiliarios, Asesor de Fideicomisos, Ley 189-11

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