Lucía Medina y su reelección

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Existe una frase arraigada en el argot popular que dice: “lo exagerado hasta Dios lo ve”. Cuando escuché el pasado año acerca de las pretensiones de la Diputada Lucía Medina Sánchez de presidir la Cámara de Diputados, en mi memoria pensé: “Pero estos Danilistas son insaciables, todo lo tienen y más quieren”. La Cámara de Diputados es una de las alas del segundo poder del estado y su hermano preside el primero.

Soy ferviente creyente de la pluralidad, de la separación de poderes y de que la Cámara de Diputados no debe ser nunca un “sello gomígrafo” del Poder Ejecutivo. Siendo el Senado 85% de matrícula oficialista y presidido por un vasallo del Presidente de la República, la cámara baja, aunque de mayoría absoluta peledeísta, es la única garantía de voces disidentes en donde poner freno a las descabelladas acciones palaciegas.

Sin embargo, pretender coartarle a la Diputada Lucía Medina su sagrado derecho constitucional de crecer políticamente con el pobre argumento de que su hermano es el presidente, es una aberración, una injusticia a la individualidad, toda vez que si es cierto que ambos son “Medina Sánchez”, no es menos cierto que Lucía no es Danilo, ni Danilo es Lucía. Ambos aspiran a la cima y tienen derecho a ello.

El CP del PLD llegó a un acuerdo para presidir la Cámara de Diputados; sin embargo, son los mismos congresistas que sin imposiciones deben decidir quién los dirigirá. Es evidente que Lucía Medina, a nivel de amarres tiene un master; hoy si se consultara a la matrícula total de los diputados, más del 70% está conteste en que ella debe seguir presidiendo la cámara.

Honor a quien honor merece. Algunos podrían pensar que ella usufructúa el beneficio que le genera ser la “hermana del presidente”, sin embargo, hay que reconocer y admitir que nada es más incierto. Cuando en el año 2007 Danilo Medina fue aplastado por Leonel Fernández y dijo: “Me venció el Estado”, un año antes había barrido Lucía como la Diputada más votada de la provincia, hazaña que repitió en el 2010 cuando el hermano vivía su letargo.

Históricamente los legisladores que han presidido la Cámara de Diputados, han agotado períodos iguales o mayores a dos años. A Abel Martínez, un seguidor de Leonel Fernández, le salió canas verdes en esa presidencia; Julio César Valentín también de la misma línea se reeligió. Cuál es la necedad de regatearle a Lucía su derecho de seguir siquiera un año, cuando ante los ojos De Dios y el mundo ha desempeñado una excelente gestión?

En una entrevista que se le hiciera al Presidente Fernández, a raíz de las aspiraciones de Danilo y su parecer al respecto; contestó: “El no tiene nada nuevo que ofrecer, es su ambición de quítate tú para ponerme yo”. Es una situación parecida, nada evidente que aportar más allá de “quítate tú, para ponerme yo”.

Lo que resultados te ha dado no tienes por qué cambiarlo. La Diputada Lucía Medina se ha consagrado como una figura emblemática, garante de la paz y armonía que impera en ese hemiciclo, se lleva muy bien con los suyos, con los aliados y los opositores. Es acreedora de seguir al frente de la cámara, pero de ello dependerá su crecimiento o sepelio como política. Si es complaciente con el hermano y convierte la Cámara de Diputados en una extensión dependiente del Poder Ejecutivo, hasta ahí habrá llegado su carrera.

No debe olvidar Lucía, que a partir de ocupar el cargo que hoy ostenta, posee igual jerarquía que su hermano. El miembro del Comité Político y ella también; él presidente del ejecutivo y ella de una ala del legislativo; con la marcada diferencia que mientras la popularidad de su hermano está por el suelo y su carrera en el umbral del ocaso; la de ella se reafirma en una trayectoria cimera en donde solo sus acciones le bajarían de ella.

Autor

Cristian Hidalgo
Cristian Hidalgo

Escritor, Ingeniero Civil de profesión y Constructor de oficio. Desarrollador de proyectos inmobiliarios, Asesor de Fideicomisos, Ley 189-11

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