Prof. María Isbelia A. de Alfonzo

A la Sombra del Crucificado…

En Opinión  por

En un momento que la literatura Crística cobra vigencia y el historiador del cristianismo explora los abismos del pasado, silencios, brumas y penumbras se disipan poniendo a su alcance una suerte ilimitada de manuscritos que se ofrecen como agua viva a su develación.

Es significativo que el hecho investigativo no desvirtuará para nada nuestra fe cristiana, los verdaderos valores se mantienen toda vez de la actitud crítica del investigador o lector cristiano, en todo caso al historiador lo que le interesa es si los textos arrojan alguna luz sobre la fisonomía histórica de Jesús.

Muchos fieles creen que Cristo es un nombre de persona, ¡No señor! En realidad es un título que indica una función y en este caso está referido al de Mesías.

Se cree que el Evangelio de Lucas fue escrito en torno a los años ochenta del siglo I y el Evangelio de Juan veinte o veinticinco años después, (Finales del siglo I comienzos del II) el autor sostiene que son tantos los dichos y hechos de Jesús que sería imposible escribir uno a uno porque no bastaría el mundo para contener tantos libros, lo que indica que el Evangelio de los Juanistas contenía la selección posible en una materia mucho más vasta, su contenido sin duda es muy peculiar reflejando el pensamiento de un grupo denominado los Juanistas a quienes debemos la producción de muchos libros como el Apocalipsis.

No obstante a Marcos se le atribuye el más antiguo de los Evangelios Canónicos, sin embargo algunos especialistas consideran que el Evangelio de Pedro recoge la versión más antigua de la pasión y muerte de Jesús.

Según Elaine Pagels el Evangelio de Tomás y de Juan salieron del mismo ambiente pues coincidían en que Jesús era “La luz de Dios en forma humana” a diferencia de Marcos, Mateo y Lucas que lo veían como el agente humano de Dios… “El sábado Jesús se dedica a enseñar y todos se sorprenden mucho de su sabiduría” escribe Marcos, por supuesto la sabiduría crística está implícita en cada una de sus innumerables parábolas donde es preciso descifrar su contenido para ajustarnos a la verdad Divina.

El Jesús de Lucas por ejemplo se preocupa mucho por los pobres y los desheredados, en tanto que Marcos nos presenta a un Jesús Taumaturgo y Juan lo retrata como palabra de Dios hecha carne que se trasluce a través de su humanidad.

El Historiador cristiano Mauro Pesce señala en el libro ¿Quién era el Hombre que cambió el mundo? Que Jesús enseño a rezar a sus discípulos exhortándolos a dirigirse directamente a Dios (Concepto tradicional del Judaísmo).

Pese a las docenas de Evangelios que circulaban surgió además el Evangelio de Judas restaurado y publicado hace poco, la visión que nos da del personaje trastoca la creencia que se tenía cuando hay un posible manifiesto en la entrega del Maestro a las autoridades limitándose a cumplir la orden de Jesús…

Leemos en el texto: “Sacrificarás al hombre que me reviste” Explica la necesidad que el hombre traicione a Jesús y lo mande al sacrificio para que pueda cumplirse el designio de la redención después de la caída de Adán.

Precisamente existe una versión frívola en Jesucristo Súper Star en su aria “Pobre Viejo Judas” en la que este canta angustiado: “Solo hice lo que tu querías…”

Muchos desconocen la existencia de los Evangelios de Tomás que resumen 114 dichos de Jesús, aunque estos aparecieron en las bibliotecas europeas a finales de los años cincuenta, ya se había descubierto algunos fragmentos griegos a finales del siglo XIX, pero su verdadero descubrimiento se produjo en Egipto.

Lo interesante en el Evangelio de Tomás es que al ser dichos de Jesús son introducidos por la palabra: “Jesús dijo” este es un detalle de gran importancia pues confirma la hipótesis que las palabras de Jesús eran transmitidas en frases cortas como dichos sentenciosos y normativos. Estos Evangelios nos transmiten aspectos de la visión mística o espiritual de Jesús de un gran interés histórico.

En la larga y extendida tela del tiempo muchas cosas ocultas quedan por develar, ¿Cuántas veces encontramos a Dios en las cosas más pequeñas? Quisiera desenredar el ovillo del mismo espíritu, trepar su celosía con la seguridad plena que El Dios en quien yo creo está allí y es quien me guía… ¡Encárgate Infinito Interior que sea así…!

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