Rafel Pineda

CLAUDIA ROSSI, POETA URUGUAYA DE TIEMPO Y VUELO

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MONTEVIDEO, Uruguay- Como dijo la poeta estadounidense Emily Dickinson, para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro. Yo he viajado veinte siglos a través de la poesía. Y más atrás. Ella me ha mostrado la cultura del mundo; las costumbres y los compromisos contraídos por el hombre universal desde la evolución y conversión en rey supremo de la tierra hace más de un millón de años. El progreso del hombre se ha conocido a través de los poemas que han mostrado gozos y maneras de sufrir. Los actos que han conmovido la sensibilidad del mundo.

Por la poesía he aprendido a ser solidario con las mejores acciones del hombre. Fue esta la que me dio el impulso para viajar en un tren a través de las estepas siberianas, apoyado en lecturas de poetas rusos, Pasternak, Lermontov, Puskin, Mayakovski, Yevtushenko, Blok. También Valentina Tereskova, Bela Ajmadulina, , Anna Akhmatova, Irina Ermakova, Vera Pavlova.

Esta vez fue la uruguaya Claudia Rossi quien me condujo a través de los bosques, las riberas de un ancho río, las arenas de unas playas citadinas, y me ha hecho subir a escuchar el sonido de sus versos en la cúpula de los ombúes.

Y si he citado a las anteriores poetas rusas, es porque he visto como un imán rompiendo las fronteras del tiempo, una similitud de contenido y calidad con la voz que se alza con un torrente de imaginación y nos convoca esta noche.

Mi primer encuentro con esta poeta, mujer delgada, delicada y de mediana estatura física, fue en el teatro del Notariado a donde, recién venido a Uruguay, llegué una tarde de verano correspondiendo a una cita que me había hecho la publicación de un diario para que tuviera un nuevo contacto con lo absurdo, a través de la obra Eugene Ionesco. Allí la conocí en su dimensión de actriz profesional haciendo el papel de Mary en la obra “La cantante calva”, acertadamente dirigida por Daniel Espino Lara.

Me impresionó, la admiré y volví siete veces sábado y domingos consecutivos a verla a ella, haciendo la escenificación junto a otros nombres grandes, cito a la megadiva Estela Medina y al superastro Jorge Bolani.

Después la vi consecutivamente en muchas obras y hasta llegamos a platicar con amplitud una vez que se estaba festejando el aniversario de la Toma de la Bastilla en la embajada francesa.

Entonces, cuando de la Editorial Botella al Mar me llamaron para que afrontara la presentación de su libro Tiempo y vuelo, seleccionado para formar parte de la exclusiva colección Alcázar, tuve confianza y empecé a navegar por la estructura de sus versos.

La percepción positiva fue acertada. Hay en estos textos un derroche de amor, de humanidad, de ternura y sutilezas.
Acometí la lectura del texto que se me presentaba y descubrí en ellos la búsqueda de una belleza nueva y el destino de un ser omnisciente que busca asirse a otro ser, también omnisciente pero más cerca de lo perfecto aunque con irresoluciones y confusión.

Así fue como al abrir las páginas del libro encontré aquel hombre de humo al que no se le miraba a los ojos porque ese ser prefería soñarlo, tal vez con los ojos cerrados imaginarlo a su manera.

En Tiempo y vuelo está presente la llama de la pasión; surgen los elementos de la naturaleza como volcán que se enciende, vomita llamas y se apaga; además la muerte con su saña; el amor con sus mutaciones y tristezas.

Claudia Rossi nos propone en Tiempo y vuelo que se puede convivir con el fenómeno de la muerte; como esta puede llegar de invitada a nuestra cama; hay que apagar la luz y colocándose de espaldas dejar que la vida transcurra, aunque tomándose un descanso, soñar y dormir, porque al fin y al cabo la muerte nunca será solidaria con el dolor en casa ajena. Ese dolor que, como lo señala en el poema “Estabas de espalda”, grita su dolor. Según sus propias palabras: “sin contemplar la gran calma de barcos y veleros”. Que huyen al destierro de los lugares sin regreso.

Aunque sabemos que la muerte es un lugar común e inevitable al que en cualquier momento se puede llegar, lo cierto es que nunca quisiéramos, y cuando se entra allí es de manera inesperada, las más de las veces.

En este poemario los versos son quisquillosos, mortificantes y a veces fuñones. Pero equilibrados. La poeta y actriz nos sugiere que el arma principal de la muerte es la traición, y reacciona frente a esta con fuerza. la misma potencia que utiliza para enfrentar a aquella persona con la que se ha roto el eslabón:

“no quiero verte aparecer fingiendo sonrisas”

El poemario Tiempo y vuelo es una hermosa sinfonía a la unidad y lucha de contrarios, al anarquismo eterno entre la muerte y el amor.

La lúcida inteligencia creativa de Claudia Rossi es capaz de crear con unos versos cortos, imágenes tan sublimes, en ocasiones, tan impactantes, en otras, que hacen volar la imaginación del lector, y como en un bosque de humo, nubes, aves volando entre palmeras, trasluce una lúcida maravilla y se ven las imágenes del amor, de la muerte de los sueños truncos, volando sobre los duendes de Cabo Polonio o de Valizas. Veamos el poema “Así”; o este otro: “Te sonreí como mujer sabia”.

El poemario está construido con versos cortos. Es un instrumento del lenguaje que la autora maneja muy bien, impactando las mudanzas sensoriales, haciendo que el lector oiga “lo que no dicen las palabras”, se vincule a sus tribulaciones, trabaje y conozca lo que tiene decidido en su camino.

666 versos en un libro de 56 páginas. La autora construye su propia sintaxis y huye de la prosa. Huye de los párrafos extensos. Argumentos lingüísticos no les faltan para constituirse en una aliada del impacto, de la sorpresa, del golpe puntual e inmovilizador. Sus versos van saliendo como misil que excita los sentidos. Entonces la comunicación cambia de signo y cumple constructivamente su cometido: Combatir la indiferencia, avivando el interés por la condición humana.

Claudia Rossi pone empeño en trabajar los sentimientos, las reacciones ante los lances de la vida. Ya lo hizo el hidalgo don Quijote de la Mancha enfrentándose a los mitos y a sus demonios. Nuestra poeta toma la adarga donde la dejó el hidalgo y hace lo mismo, dándole el sentido humano que demanda el momento, desentrañando los signos de la amarga realidad, del cuerpo marcado por la siquis, cada rubro, hasta convertir las tribulaciones en un foco de subversión cultural, trabajando en conocimiento de causa, sin detenerse a esperar las reacciones por los efectos causados.

Creo que a partir de las vivencias que Claudia Rossi tiene desde su trabajo de actriz, ha creado muchas de las imágenes que van apareciendo a modo de flash, imágenes que bien pueden haber salido de una escena, pero que son reales, están aquí en nuestras vidas, en el sufrimiento y en dolor de los seres que habitan esta tierra Me da orgullo decir que me encantó este poemario porque en él he escuchado esas voces del silencio tan familiares, tan comunes. Están ahí pero necesitamos de una arquitecta creativa que convierta en poesía las cosas que nos preocupan. Y de eso se ocupa esta poeta con una destreza que nos regocija de la mejor manera.

No podemos incluir este libro dentro del acostumbrado habitáculo tradicional y anecdótico donde muchos ponen la poesía. Aquí interpreto la presencia de una poética mucho más abrazadora desde el momento que recorre la parte intima del comportamiento del ser humano. Veamos el poema “Mujer tardía”. O este otro: “Así”. O este terrible grito: “A veces, amor”.

La poesía de Claudia Rossi va subiendo de tono y callando; es una poesía intima, y a la vez global; nace con un sueño y con un anhelo largo; escuchemos la voz de su anhelo en el poema que cierra el libro: “Sabor amargo”.

Donde la parcialidad del fondo alcanza su máximo gobierno intimista, donde el protagonista es el amor, el sueño, el suspenso, el mareo, la lucidez, los proyectos inalcanzados, es en ese poema titulado “Soy imán para la tristeza”. Aquí, con el convencimiento de que su mundo es infinitamente unipersonal, la autora tiene la certeza, y la virtud, de confesarse directamente: “sigo trampeando/mi propio juego”.

El poemario “Tiempo y vuelo” se asoma al mundo de la literatura para moverse entre lo pasado, lo presente y lo futuro, para darle el protagonismo de sus versos cortos a la vida. La autora concentra su mayor sacrificio en cantar las más profundas intimidades del ser, cantarle al odio, cantarle al amor, desde el sacrificio y hasta la muerte. Como dijo Tomás Borges en su libro “Un grano de maíz”: el odio y el amor son sentimientos que van pegados.

Los poemas de Tiempo y vuelo traen el agua, el fuego, el viento…. Y son como un volcán: te encienden, te mecen y te apagan. Estos versos “Se bañan en la brisa fresca de la razón”. Y pisan sólido como la roca. Espléndido acto de creación poética.

Autor

Rafael Pineda

Poeta. Reside en Uruguay.

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