Un joven argentino viaja por el mundo sin parar

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Milán Luciano Ezequiel Cicerchia es un joven argentino, que desde niño soñó con viajar. Cuenta que para él el mundo no era un planisferio plano colgado del pizarrón del aula, no, eran paisajes para andar, para descubrir, gente que conocer.

Mientras crecía, la idea se fijaba mas y mas en su mente, y fue así que poco a poco, aprendió que se puede ser feliz sin un trabajo tradicional, sin correr tras los bienes de consumo masivo y sin pedirle a la vida absolutamente nada, solo despertar temprano a la mañana y descubrir como es el amanecer en Laos, Roma, Vietnam o Londres. Afirma y reafirma que siempre pensó en viajar, conocer lugares y personas, costumbres y culturas, maneras de ver y de crecer.

Es ingeniero y trabaja ejerciendo su profesión como freelance para poder hace lo que le gusta. Es un joven pleno, lleno de vida, solidario, humilde y con una gran capacidad para aprender. Hace un año creó una compañía junto a un socio que se dedica al diseño web, y sus clientes están distribuidos por todo el mundo.

“Hoy en día -dice- siento que si me propongo algo, puedo conseguirlo. El viajar me abrió los horizontes, me hizo ver que a pesar de las diferencias, los seres humanos no estamos tan lejos ni somos tan distintos, me hizo crecer” y continúa “me encantaría viajar por Sudamérica, es algo que tengo pendiente y que algún día haré”.

Me cuenta que el viaje que recuerda con mucho cariño es el de Europa del 2009, su primer viaje. “Tenía 20 años y salimos con mi mejor amigo a recorrer el viejo continente en poco más de un mes. Fue increíble, creo que ese fue el disparador, me abrió la mente y empecé a ver otras cosas. Volví, terminé de estudiar y acá estoy ahora”. Dice con total naturalidad y un contagioso entusiasmo que dan ganas de salir a recorrer el mundo ya mismo, como hace él. “Me di cuenta -prosigue- que tenia que conocer el mundo. Fue un antes y un después”.

Este muchacho de solo 26 años, logró equilibrar sus tres pasiones. La informática, viajar y enseñar, cualquiera de nosotros pensaría que es imposible, sin embargo, para Luciano no hay imposibles. Tiene experiencia como docente porque participaba en la Parroquia del barrio enseñando. Esto le sirvió para desempeñar el rol de maestro en Phuket, una escuelita Tailandia para hijos de inmigrantes, también dio clases en Filipinas durante 21 días, recibiendo a cambio una habitación para dormir y la comida.

Otra experiencia que tuvo mucha relevancia en su vida fue conocer Brienza, el pueblo italiano del que partió el bisabuelo. “Fui al lugar donde nació mi bisabuelo para tramitar la ciudadanía, podía hacerla en cualquier lugar de Italia, pero elegí Brienza, una pequeña población al sur que cuenta con unas cuatro mil almas”, y agrega “no sabia una palabra de italiano”. Esta estadía que sólo sería por unos pocos días, se transformó en siete meses. Rocchina, la dueña del albergo le hizo precio y lo ayudó con los trámites. “La gente del lugar -continúa entusiasta- me dijo donde encontrar parientes lejanos y así fue apareciendo una familia italiana que me acobijó como un hijo o nieto más. Primos lejanos de mi papá que me invitaban a comer todas las semanas y me ayudaban en todo, con un consejo o un café, lo que fuera para que me sintiera en casa”.

“Y así terminó de germinar la idea de combinar mis tres pasiones y que podía hacerlo realidad, me di cuenta que mi oficina era mi notebook y que solo necesitaba wifi y mi cabeza. Probé la idea y viajé a Andalucía unos días y pude trabajar desde allá, fui a Nueva York para ver a mis padres que estaban de vacaciones y pude trabajar, seguí por Italia y siempre trabajando. Entonces supe que no quería encerrarme en una oficina en Milán, Roma, Londres o Edimburgo. Quería que mi oficina fuera el mundo, manejar mis tiempos y cuando estuviera estresado por el trabajo, salir a recorrer el lugar que quisiera, en vez de bajar al patio de la empresa a tomar aire”.

Que más se puede agregar, que lleva más de cincuenta mil kilómetros recorridos en veintidós países. Ya pronto con el bolso en mano y la mochila lista, me saluda y se va quien sabe a donde, después te escribo dice y saluda con la mano como cuando y una gran sonrisa. Chau Luciano, hasta la próxima quien sabe donde.

 

Autor

Sonia Corradini
Sonia Corradini

Periodista y fotografa argentina residente en Milán

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Comentarios

  1. Un joven argentino viaja por el mundo sin parar – Notifica.do | Una vuelta por el universo 31 julio, 2015 a las 10:53 am
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    […] Para ver la nota en la página de Notifica.do , escrita por Sonia Corradini, hagan clic acá […]

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