El negocio de ser diputado

En Editorial - General  por

En República Dominicana se celebran elecciones congresuales cada 4 años, eligiéndose 190 diputados en toda la geografía nacional. Una vez juramentado, se perciben muchos beneficios, tales como RD$175,500 de salario, RD$35,000 gastos de representación, RD$45,000 dieta; los cuales sumados ascienden a RD$255,000.00; al restarles RD$43,000 de ISR, RD$17,000 del instituto, RD$1,500 del club y RD$25.00 de seguro de vida, le quedan unos RD$200,000.00 netos.

Le pagan además un cofrecito que ronda los RD$90,000 cada mes para ser destinados a obras sociales, a discreción. Si a ello le sumamos 2 exoneraciones que durante el cuatrienio le entrega el hemiciclo, valoradas en US$20,000 (RD1,200,000) c/u; por lo que sumado todo y multiplicado por los 48 meses que permanece el legislador en el cargo, estaría percibiendo la cantidad de RD$16.3 millones de pesos en total.

Un ciudadano que aspira a una diputación (salvo excepción de la regla), suele aspirar en un primer período y perder; para esperar el siguiente certamen electoral y lograr su elección. En ambos procesos, por muy «organizadito» que sea (tanto en las primarias como en las elecciones generales), suele gastar no menos de RD$20 millones, cantidad que habría de duplicarse si el candidato ya había participado en la contienda anterior.

¿Por qué precisa un candidato a diputado gastar RD$20 millones para lograr la posición? Primero, esa cantidad variará dependiendo las circunstancias. Algunas personas tienen un buen trabajo realizado a nivel de base y un partido en el gobierno que les permite el acceso a las ayudas sociales; en estos casos, hasta con un 25% de recursos propios pueden salir airosos; sin embargo, cuando no se tiene una plataforma política, RD$50 millones no son suficientes entres las primarias y las generales.

Todo empieza en que ya el político ha engañado tanto al dirigente de base, «cubeándole» en todas las elecciones, que éste no se mueve sin recursos económicos a ningún lado; en cada actividad que se organiza hay que disponer de «logística» para su montaje. Pero el político debe empezar un trabajo de pre campaña faltando 2 años para las elecciones, tiempo durante el cual deberá estar constituyendo su estructura en cada punto de su demarcación geográfica.

Cada vez que un «dirigente» visita al político, éste debe ser consecuente y generoso; si se traslada en una motocicleta debe al menos costearle la gasolina y ponerle RD$2,000 en las manos. Durante 2 interminables años, esos «dirigentes» cuando tienen un «problemita» personal  que resolver, visitan a su jefe político (que no se le ocurra venirle con cuento de camino, que lo pierde y se le va con la competencia). Lo peor viene en el montaje de las elecciones primarias para formar los diferentes equipos operativos. Ahí hay que dar dinero para que lo den, pero casi nunca se da. Lo mismo ocurre en las elecciones generales.

Es por ello que una vez culmina todo y se gana la candidatura, el político suele retirarse un poco a oxigenarse y dedicarse a los trabajos para los cuales fue elegido. Ahora viene el problema, el político siente que esa candidatura tuvo que pagarla muy cara y que nada debe a nadie, mientras que por un lado cientos de dirigentes entienden que esa diputación es del «equipo» y que el diputado sólo la encabeza; por otro lado, miles de personas que sufragaron a favor de ese candidato, lo hicieron con la esperanza de que les den un empleo, les ayuden con sus casitas, una beca, una «botellita», etc., etc.

Es ahí cuando nos visitan las decepciones y frustraciones; el diputado debe tomar una difícil decisión: legislar sólo 4 años para el país o hacerlo para ser reelecto en la posición. Todo el que ha optado por el primer camino, termina aniquilado a nivel de la base y sepultando su carrera; es por ello que otros prefieren crear fundaciones y centrar toda su atención en los trabajos sociales de su comunidad (aunque en el Congreso sean unos parásitos). Para la población un diputado bueno es aquel que siempre le recibe la llamada, el que se le aparece a su casa con una bolsa de comida en una mano y con la otra comiéndosele la que cocinó ese día, el que en su oficina política recibe a todos los compañeros y les pone los RD$500 en las manos; el que les ayuda con la receta, con la goma de la motocicleta o con los RD$2,000 mensuales del «cofrecito».

Ese diputado podría no someter un sólo proyecto de ley o resolución en beneficio del país, pero para su provincia será el «mejor diputado» y repetirá tantos períodos como se proponga. Si por el contrario se propone ser el mejor diputado en el Congreso; ese que asiste a todas las sesiones, a los trabajos de comisión, con decenas de trascendentales proyectos de leyes que positivamente hayan impactado al país y particularmente a su provincia; se convierte inmediatamente en un cadáver político, en un despojo de dirigente; no puede pretender reelegirse porque pierde hasta del más insípido del partido; tampoco que se le ocurra aspirar a ser miembro de la JCE o Defensor del Pueblo, porque quienes primero lo van a descalificar serán sus compueblanos, diciendo: «ese no sirve ni para echárselo a los perros».

Conozco el caso de un diputado electo en el pasado proceso electoral, en el que obtuvo aproximadamente 20 mil votos en la boleta de un partido con 16 años fuera del poder. Si calculamos que un 20% de esas personas (4,000) cifraron sus esperanzas en que les resolverá sus problemas, serán 4 mil personas llamándole al menos una vez mensual (136 llamadas diarias). Muchas de esas llamadas entran cuando hay alguna en línea. Si esa persona lo hace dos o tres veces con el mismo resultado, sale a desacreditar a ese diputado que «ya no coge el teléfono».

Tomarle la llamada a 136 personas y dedicarle a cada uno 5 minutos, implicaría 11 horas y media diariamente sin soltar el teléfono ni para ir al baño. ¿Cómo legisla, cómo visita a los funcionarios en busca de «ayudas» para sus adeptos; en qué tiempo piensa? Si se lleva de la gente se convertirá en un call; se pasará todo el tiempo hablando por teléfono, haciendo apuntes y sin resolver un solo problema.

¿Entonces, qué es eso tan bueno que tiene una diputación para que la gente invierta todo ese dinero para lograrla y le cueste tanto mantenerla? La verdad es que en esas circunstancias empiezo a dudar que la Matemática sea una ciencia perfecta (como decimos muchos) y que como diría mi amigo Raymond Sánchez, «cuando 2 + 2 no me dan 4, me pongo a la defensiva». RD$16.3 millones de pesos a cambio de qué.

Autor

Cristian Hidalgo
Cristian Hidalgo

Escritor, Ingeniero Civil de profesión y Realtor de oficio. Desarrollador de proyectos inmobiliarios, Asesor de Fideicomisos, Ley 189-11

Artículos Relacionados

Comentarios

    No hay comentarios

La realidad existe como un absoluto objetivo: los hechos son los hechos, independientemente de los sentimientos, deseos, esperanzas o miedos de los hombres

Notifica.do Todos los Derechos Reservados 2021.

Powered by

CODASOR

Ir arriba