Hacer respetar la Constitución o sus intereses?

En Editorial - General  por

Cuando decidimos exponer nuestras ideas al escrutinio popular, lo hacemos con la convicción de lo que creemos y no de agradar ni perseguir la aprobación de ninguna persona o sector político determinado. Cuando los comentarios vertidos no discurren en maridaje con los intereses particulares de alguien, se entiende que el autor los ha comprometido. A pesar de ello, asumo con entereza todas las críticas de aquellos que disienten de nuestro punto de vista en los temas tratados, los cuales procuramos plasmar desvestidos de todo tipo de interés particular.

Aclarado lo anterior, en cualquier escenario de la vida, quien de su lado tiene la razón, no se altera, no ofende y no anarquiza; siempre procura llegar hasta el fondo en busca de la verdad; quien razón no tiene, se convierte en energúmeno, ofende, todo lo descalifica, anarquiza y busca artilugios para evitar llegar hasta el final. Digo esto, porque si no mal recuerdo, ante una crisis producida en la Liga Municipal Dominicana en el año 1999, el presidente del senado Ramón Alburquerque junto a otros senadores irrumpieron el escenario (de donde se produjo la frase «entren to’coño»), quebrantando con ello el orden institucional. En ese entonces, el Pte. Fernández, impartió instrucciones al Jefe de la Policía, General Sanz Jiminian, de actuar en consecuencia, lo cual consideré correcto y atinado.

En el año 2015, con la venia del Dr. Leonel Fernández y la aprobación de todos los legisladores (senadores y diputados) que hoy reclaman «respeto» para la Constitución, ésta fue modificada sólo para habilitar la reelección del presidente Danilo Medina, a cambio de lo cual, a cada legislador se le garantizó repetir como candidato en su respectiva demarcación. No recuerdo a ninguno de esos honorables legisladores pedir «respeto» por nuestra Constitución, mucho menos pelear tan aguerridamente como ahora lo hacen, para que a la misma se le coloquen los candados que impidan que cada nuevo presidente, en su afán de «perpetuarse» en el poder la reforme a su conveniencia.

La Constitución de los Estados Unidos tiene 232 años de haber sido adoptada; apenas posee 7 artículos, y durante todo ese tiempo sólo ha sido impactada por 27 enmiendas consideradas partes de ella. La nuestra por el contrario, desde el 1844 hasta la fecha ha sido reformada (y en algunos casos cambiada) en 39 ocasiones, alojando la actual 277 artículos y 20 disposiciones transitorias, cuya vigésima se ha convertido en la manzana de la discordia entre los líderes del partido oficial.

Para reformar la Constitución (según ella misma), se debe agotar un proceso que se inicia con la creación de una ley que declare la «necesidad de la reforma»; puede ser conocida inicialmente por el Senado o por la Cámara de Diputados por mayoría simple; ordenará la reunión de la Asamblea Nacional Revisora, contendrá el objeto de la reforma e indicará el o los artículos de la Constitución sobre los cuales versará. Una vez promulgada por el Poder Ejecutivo (no puede observarla), la Asamblea Nacional Revisora deberá reunirse dentro de los 15 días siguientes a su promulgación, con la presencia de más de la mitad de los miembros de cada una de las cámaras. Las decisiones en ella tomadas, deberán ser aprobadas con las 2/3 partes de los votos de los legisladores presentes.

En total hay 190 diputados y 32 senadores, para un total de 222 asambleístas. Con la presencia de todos, se necesitan 148 votos para pasar la reforma; pero también se requiere asegurar 75 votos para que no pase. En principio, el sector encabezado por el Dr. Leonel Fernández y la oposición, tenían asegurados muchos mas votos de esos, lo que les mantenía serenos por la convicción de que la reforma no pasaría; con la visita del señor del maletín al Congreso, las cosas han cambiado y los fieles al sector Leonel y la oposición bajan de la tercera parte. Así las cosas, ya no se puede detener la reforma constitucional con la ausencia de sus legisladores porque el grupo pro reforma hace mayoría orgánica.

No teniendo el grupo de Leonel los votos para impedir la reforma, deciden cambiar de estrategia y pasan de ser legisladores para convertirse en centinelas, en guardianes de la Constitución; su función ahora aparenta ser anarquizar todo cuanto pretenda aprobarse, y asegurarse que hasta el 27 del próximo mes (día en que se vence la primera legislatura), no se produzca ninguna sesión en el hemiciclo. Ya se abrió el proceso de inscripción para los niveles B y C, pero falta el nivel «A», que deberá ser necesariamente antes del 6 de octubre en que se celebrarán las primarias.  Es decir, que antes de esa fecha debe ser aprobada y promulgada la ley que declara la necesidad de la reforma; debe reunirse la Asamblea Nacional Revisora y modificar la Carta Magna, y ser proclamada posteriormente; inscribirse los candidatos presidenciales y hacer su campaña proselitista interna.

Si el grupo de Leonel lograse impedir que se reúna el Congreso durante esta legislatura, habrá abortado el intento reeleccionista del encabezado por Medina; sin embargo, ya los amarres del danilismo para aprobar la reforma, ha sido consumado; de igual manera, el día que se vaya a conocer el proyecto que declara la necesidad de la reforma, siendo los presidentes de ambas cámaras adeptos del danilismo (uno presidente y el otro vicepresidente de la Asamblea Nacional, es lógico que militarizarán toda el área (mucho mas de lo que se encuentra en este momento), impartirán órdenes a la seguridad para que saquen a la fuerza a los diputados que alteren el orden; y aprobarán con sus parciales dichos proyectos.

Conocedores de esa realidad, el grupo de Leonel, deberá tener alguna herramienta para contrarrestar esa situación; lo que de seguro desencadenará en situaciones que todos lamentaremos. Estamos ante dos grupos altamente poderosos dispuestos a TODO; uno para quedarse y el otro para meterse. La Etapa de la simulación y la sensatez, ya pasó, sus diferencias son abismales; ahora se abocan a arriesgar todo contra todo y si con ello mandan al PLD para la calle, serían los daños colaterales que tendrían que asumir los que menos velas tienen en ese entierro.

He escuchado en muchas a seguidores de Danilo decir que si Leonel ha sido presidente por 3 períodos, que Danilo también tiene el mismo derecho; nada mas absurdo y descabellado que semejante argumento; están tan embriagados que se les ha nublado la razón. Se les olvida a los Danilistas que al igual que Leonel, su líder ha tenido las mismas tres oportunidades para ser presidente de la república (Leonel: 96-00, 04-08 y 08-12; y Danilo: 00-04, 12-16 y 16-20); la única diferencia lo constituye que mientras Leonel está invicto, Danilo fue derrotado en el 00-04.

A lo que Leonel y su grupo le huyen realmente no es a que se irrespete la Constitución; no es cierto que sean tan baluartes, tan patriotas, tan «diputados de la patria» como pretenden venderse; a lo que le tienen pavor (con toda la razón del mundo) es a enfrentarse en unas primarias a Danilo Medina, que equivale a decir al Presidente de la República, al Estado Dominicano y al presupuesto nacional. Sería mas loable que así lo expresen, y no con el antifaz de exigir «respeto» a la Constitución.

Si realmente Leonel y su grupo buscara respeto a la Carta Magna, no lo harían mediante la anarquía, sino paradójicamente exigiendo que se modifique, pero que se establezca en ella dos referendos: uno consultivo, que consistiría en convocar a los ciudadanos para que voten si deseamos o no, se nos reforme nuestra Constitución respecto a determinado tema; si votamos por el «SI», entonces la Asamblea Nacional Revisora se aboca a reformarla; luego otro referendo aprobatorio, en donde votemos por el «SI» o «NO» aprobamos los cambios que le produjeron.

Eso sí sería respetar y exigir respeto por la Constitución, pero ni lo hará Danilo ni Leonel; Hipólito y menos Abinader; tampoco ninguno de los partidos ni políticos del sistema, porque poner esa herramienta en manos del pueblo que es el dueño de su Constitución, no es conveniente para sus intereses, ya que de ese modo, los RD$30, RD$40 o RD$50 millones que darán por cabeza, no sería posible, ya que quien los entregue se expondría a perderlos porque la última palabra de la reforma constitucional estaría en manos del pueblo; y no son los intereses de éste los que se defienden, sino los de los «dueños» del país.

Autor

Cristian Hidalgo
Cristian Hidalgo

Escritor, Ingeniero Civil de profesión y Realtor de oficio. Desarrollador de proyectos inmobiliarios, Asesor de Fideicomisos, Ley 189-11

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