El muro domínico – haitiano

En Editorial - General  por

En 1697, mediante el Tratado de Ryswick, España reconoce la legitimidad del asentamiento francés (hoy Haití), reiterado en 1776 en Aranjuez. En 1795 España cede a Francia sus derechos sobre nuestro territorio, lo que fue enarbolado como legítima razón por los facinerososgg haitianos para invadirnos desde 1822 hasta 1844.

Es en el año 1844, que nuestros patricios Duarte, Sánchez y Mella, ofrendan sus vidas para liberarnos del yugo haitiano, proclamando nuestra independencia como nación. Luego de 12 años de guerra contra sucesivas invasiones haitianas y entre 1863 y 1865 libramos otra guerra contra España para consagrar nuestra independencia definitiva

La frontera domínico – haitiana posee 388 kilómetros a todo lo largo de Montecristi, Dajabón, Elías Piña, Independencia y Pedernales. Se trazó la línea divisoria en 1929 para reconocerle a Haití la apropiación de 4,000 Km2, firmado por los presidentes Horacio Vásquez y Borno; y ratificado en 1936 por los presidentes Trujillo y Vincent.

Esos 4,000 kilómetros cedidos a los haitianos, equivalen a dos veces la provincia de Pedernales, la cual posee una extensión superficial de 2,080.5 kilómetros cuadrados; con lo que el país perdió a San Rafael de la Angostura, San Miguel de la Atalaya, Hincha y Las Caobas, demarcaciones ocupadas paulatina y pacíficamente por los vecinos.

Un año mas tarde, en 1937, Trujillo indignado por una masiva invasión haitiana irrespetando los límites fronterizos, dispone una limpieza general de intrusos, en la que tropas dominicanas inspeccionaban fincas en busca de haitianos, quienes al ver que miles de ellos fueron ejecutados, los demás abandonaban el país para no correr con la misma suerte.

Es a partir del año 1991, en que se produce el embargo en contra de los militares golpistas en Haití; y se produce una intensa actividad comercial, dando vida a nuestras fronteras. Mientras duró el embargo, la República Dominicana se convirtió en la vía de acceso más importante para las importaciones haitianas, hasta el día de hoy.

Mientras que ayer era considerado un castigo enviar a un funcionario o militar para la zona fronteriza, hoy por el contrario es el sueño anhelado de todos los que persiguen un lucro personal, ser designado en un consulado, en Aduanas, Migración o en la rama militar. Es tan ventajoso que los interesados pagan a sus superiores para que allí los nombren.

Esa ambición comercial del gobierno y de lucro personal de funcionarios, militares y otros personajes que han utilizado la frontera como plataforma de enriquecimiento, se les ha salido de todo control. Hoy los haitianos han invadido nuestro país de una manera tan descarada que han fundado colonias desde las que expulsan a los dominicanos residentes.

Ahora cunde el pánico entre los mismos que irresponsablemente han permitido que esa situación haya avanzado hasta esos niveles, y otros que enarbolamos la bandera de la dominicanidad y que no estamos dispuestos a permitir que el sacrificio de los trinitarios haya sido en vano. Posibles soluciones no se han hecho esperar.

Algunos ilusos planteamos la construcción de un muro estructural a todo lo largo de los 388 kilómetros fronterizos, en donde sólo se permita el acceso de nacionales haitianos por los controles migratorios terrestres, marítimos y aéreos: sin embargo, los que así pensamos, no tomamos en cuenta que ello sólo fortalece a los mismos que hoy se lucran de la frontera.

Yo sostengo que la solución a la problemática haitiana no puede recaer solamente en los hombros del gobierno, como tampoco en los de nuestra población. Debe existir una simbiosis entre ambos; el primero para crear las políticas públicas que frenen el éxodo de haitianos hacia nuestro país; y el segundo para cumplir fielmente las medidas tomadas.

En el país existe la Ley 285-04 sobre migración; en ella se establecen claramente las condiciones para que extranjeros se radiquen aquí de manera temporal como turistas, y de modo temporal y definitivo como residentes. Lo demás es hacerla cumplir; que cada extranjero cobijado por nuestro cielo, también esté dentro del cerco de esta ley.

Conforme a mis estimaciones, un muro de 388 kilómetros de longitud, con una altura de 5 metros desde zapata y un grosor de 40 cms., ronda los US$300 millones; sin embargo, sería mas beneficioso invirtir esos recursos en las 5 provincias fronterizas para crear proyectos que aumenten su calidad de vida.

Invito a todos los dominicanos a que construyamos el muro fronterizo, aportando todos y cada uno de nosotros un block simbólico. Es nuestra ineludible e impostergable responsabilidad hacer frente a esa situación. Es por ello que desde ya debemos empezar a construir el muro:

1. Cuando a los cónsules en Haití se les pague un salario fijo y los ingresos por concepto de expedición de visado vayan a dar a las arcas del erario y no al maletín de los diplomáticos, no querrán hacer festivales y especiales de emisión de visas a los haitianos; estaremos replanteando y excavando la zanja para el muro fronterizo.

2. Cuando los que tenemos haitianos en nuestras fincas, construcciones, negocios, viviendas o cualquier otro lugar bajo nuestra jurisdicción, les digamos: “a partir de este momento no trabajarás mas con nosotros”, estaremos vaciando la zapata del muro fronterizo.

3. Cuando un haitiano vaya a nuestro comercio a comprar productos comestibles o de cualquier otra naturaleza, le pidamos nos muestre su visa de turista vigente o de residencia, y en caso de que esté ilegal, decirle: “en este negocio no tratamos con ilegales”, estaremos encofrando el muro fronterizo.

4. Cuando un haitiano vaya a rentar un local, una vivienda o parte de ella (una pieza), pedirle mostrar su residencia; en caso contrario decirle que no se les renta viviendas a los ilegales, estaremos armando con acero de alta resistencia el muro fronterizo.

5. Cuando vaya un haitiano a nuestras construcciones, a nuestras fincas, a nuestros negocios o a nuestras viviendas en busca de empleo, y le exijamos residencia y/o permiso de trabajo; y en caso de ser ilegal decirle: “nosotros no trabajamos con ilegales”, estaremos vaciando el hormigón al muro fronterizo.

6. Cuando un haitiano nos ofrezca en las calles agua embotellada, caramelos, limpieza de los cristales de nuestros vehículos, venta de cualquier tipo de bien o servicio; si el mismo es ilegal, no comprarle absolutamente nada; estaremos entonces desencofrando el muro fronterizo.

7. Cuando discreminemos a cualquier compatriota nuestro que lejos de hacer caso a estas recomendaciones, se convierta en traidor de la patria, y le sirva a un haitiano ilegal sólo por hacerse el gracioso; que lo tratemos como al mismo ilegal y en consecuencia como un traidor de la dominicanidad; estaremos fraguachando el muro fronterizo.

8. Cuando esos ilegales se sientan acorralados y no encuentren refugio ni qué hacer; nos ofrezcan su mano de obra para nuestras propiedades, a cambio de sólo comida y techo; les digamos que no nos interesa la mano de obra regalada si es de nacionales haitianos ilegales; estaremos pañetando el muro fronterizo.

9. Cuando como dominicanos, dolientes de Quisqueya la bella entendamos que es mejor pagar RD$600 pesos por un jornal a un criollo, que RD$300 a un ilegal; entendamos que al enemigo no se le hospeda ni se le provee alimentos, estaremos colocando en la corona del muro fronterizo una trinchera electrificada que evite su cruce.

10. Cuando el gobierno otorgue finalmente una recompensa de RD$10,000.00 por cada haitiano ilegal que usted denuncie; y que caminemos por todo el país para ganarnos semejante premio y no lo logremos, entonces será hora de hacer una gran fiesta nacional para la inauguración de nuestro muro fronterizo.

Ese muro debemos construirlo porque se lo debemos a los padres de la patria; porque es un legado que debemos heredar a nuestras futuras generaciones; porque la República Dominicana es un hermoso país de los dominicanos, para nosotros y para nuestros huéspedes (invitados y acogidos).

Con este escrito, he aportado mi primer block; aporta el tuyo difundiéndolo entre tus seguidores; si no lo hacemos hoy, estaremos condenando a nuestros hijos a repetir aquella época de los 22 años; estaremos dando las armas a nuestros vecinos para convertirlos en nuestros propios verdugos. Por ti, por mí, por nosotros; fuera los ilegales.

Autor

Cristian Hidalgo
Cristian Hidalgo

Escritor, Ingeniero Civil de profesión y Realtor de oficio. Desarrollador de proyectos inmobiliarios, Asesor de Fideicomisos, Ley 189-11

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