El caso Odebrecht llevaría a la cárcel al Procurador General

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Parece que fue ayer, sin embargo el pasado 29 de mayo cumplió el primer aniversario un hecho que estremeció al país. Trátase del apresamiento de los presuntos implicados en el caso de la brasilera Odebrecht, a quienes se les imputa haber entregado y/o recibido sobornos por mas de 92 millones de dólares para que dicha empresa sea beneficiada con jugosos contratos de las mas importantes obras del Estado Dominicano durante mas de una década.

Ese delito lo ha cometido esa empresa en todos los países en donde se ha radicado y obviamente este país no podría ser la excepción, cuando un Diputado que entre salario, dieta y gastos de representación gana durante los cuatro años del período RD$9.6 millones de pesos, sin embargo una suma similar a esa tendría que gastarla solamente en el proceso de las primarias de su partido para ser elegido candidato; tiene la certeza que una vez en funciones legislativas será visitado por “el hombre del maletín”.

Desde que tengo uso de razón he escuchado hablar de “el hombre del maletín”; ya hasta he logrado imaginarlo con rostro en mi memoria. Este hombre visita las oficinas de los diputados y senadores, les deja un maletín con varios millones de pesos y se asegura que el préstamo para obtener los fondos de un proyecto determinado (como decir Punta Catalina) sea aprobado; igualmente lo hace por ante los ministerios que de alguna manera tienen que ver con esos proyectos.

Esa práctica en nuestro país es tan vieja como el hambre; sin embargo, ante el descrédito del gobierno y la merma de la popularidad que ha tenido la figura del Presidente Medina luego de su elección para un segundo mandato, se pretendió producir un golpe de efecto que cambiara la mala percepción que tiene la gente de este gobierno, misma que se manifiesta a través de la Marcha Verde, un movimiento surgido de la voluntad popular, ante los evidentes actos de corrupción en el Estado.

Es así como decide el gobierno lanzarle comida a los hambrientos leones. La Procuraduría General de la República, ala de la justicia dominicana y que no es mas que un circo dirigido por el Procurador General y cuyo libreto se escribe en el Palacio, como su interés no es precisamente armar un caso sólido, con pruebas irrefutables para llevar tras las rejas a los culpables, sino por el contrario armar un show mediático para alimentar el morbo de la gente, violando el debido proceso arma un aparataje con mas equipos de imagen y sonido que el utilizado por Robertico Salcedo para hacer sus “clavos” de películas.

Siguiendo el guión, sin las debidas pruebas y extraordinaria parafernalia se presentan a los domicilios de Alfredo Pacheco Osoria, diputado, Ángel Rondón Rijo, empresario y lobbista, Bernardo Antonio Castellanos de Moya, ingeniero, César Domingo Sánchez Torres, exadministrador de la CDEEE, Conrado Enrique “Conrad” Pittaluga Arzeno, notario y abogado, Juan Roberto Rodríguez Hernández, exsenador, exdiputado y exdirector de INAPA, Juan Temístocles Montás Domínguez, ministro de Industria y Comercio, Julio César Valentín Jiminián, senador, Máximo Leónidas D’Oleo Ramírez, exfuncionario de la CDEEE, Porfirio Andrés Bautista García, exdiputado y presidente del PRM, Ramón Radhamés Segura, exvicepresidente de la CDEEE, Ruddy González, exdiputado, Tommy Alberto Galán Grullón, senador y Víctor José Díaz Rúa, exministro de Obras Públicas y los apressan como vulgares delincuentes.

No existe un sólo de esos imputados que no esté revestido del arraigo que estipula nuestra normativa procesal penal, para que no se sustraigan del proceso, tales como combinarles todas las existentes exceptuando la mas gravosa de todas; de ese modo el Ministerio Público hubiese tenido el tiempo suficiente para armar cada caso, y si los méritos eran suficientes para enviarlos a juicio de fondo, se enviaban; los que no, bastaba con un auto de no ha lugar y con ello el Ministerio Público se crecía; pero como no les interesa justicia, sino show mediático, hacen todo mal.

El resultado no podría ser diferente; la mitad de ellos con los expedientes archivados por insuficiencia de pruebas; otros que no estaban acaban de ser involucrados. Yo me pregunto ¿y es que la Procuraduría General de la República no tiene idea del daño que hace a los familiares de esas personas a quienes embarran en esos casos sin pruebas para condenarlos? No quisiera ver ni al peor de los seres humanos en el “pellejo” de un niño de esos imputados en sus centros de estudios; pero qué va a importarle eso a ese despiadado anillo palaciego si sólo les importa su propio “pellejo”.

Todos los demás implicados en el caso Odebrecht deberán ser descargados por insuficiencia de pruebas;  las que pocas que posee el Ministerio Público que pudieran compromoter su responsabilidad, no pueden ser ventiladas en audiencia, y la Procuraduría sabe por qué. De manera que unos irán delante y otros detrás, esperarán que las aguas vuelvan a su cauce, y esos personajes serán descargados, ya que a ellos no los tiene imputados precisamente el hecho que se les atribuye, sino el morbo popular.

En nuestro país urge la creación de un Ministerio Público serio, creíble, responsable e independiente, que su titular no sea un “muchacho de mandado” del Presidente de la República y que la Procuraduría no sea un “cuco” de meter miedo a todo el que no comulgue con las travesuras del gobierno de turno. También debe legislarse sobre la responsabilidad del acusador, de ser condenado a la misma pena cuando se compruebe que su acto fue alegre y medalaganario con el único propósito de embarrar la moral de otra persona. Si así hubiese sido, Jean Alain Rodríguez hubiese sido un preso de ese sistema.

Autor

Cristian Hidalgo
Cristian Hidalgo

Escritor, Ingeniero Civil de profesión y Realtor de oficio. Desarrollador de proyectos inmobiliarios, Asesor de Fideicomisos, Ley 189-11

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Comentarios

  1. MAR 10 junio, 2018 a las 8:55 am
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    Bueno estimado amigo, si Robertico sigue haciendo clavos es porque hay idiotas que siguen yendo a verlos al cine mas cercano. Eso es lo malo, que hay muchos que siguen yendo. Cuando aprendamos a respetarnos a nosotros mismos, y no asistamos a esos “entretenimientos” baratos y no necesariamente por lo del costo económico, entonces saldremos del atolladero moral por el que atravesamos.

La realidad existe como un absoluto objetivo: los hechos son los hechos, independientemente de los sentimientos, deseos, esperanzas o miedos de los hombres

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