Construyamos un muro fronterizo

En Editorial - General  por

Uno de los primeros slogan de campaña del actual presidente de los Estados Unidos, Donald Trump fue la creación de un muro fronterizo entre Mexico y los Estados Unidos. Ese discurso Le granjeó al presidente  un extraordinario apoyo por sectores conservadores de los Estados Unidos, muy especialmente por los nacionalistas que defienden a su país y no desean verlo inundado de intrusos ilegales que poco aportan a su desarrollo.

Es de todos conocido que la emigración se produce por la falta de oportunidades que se producen en algunos países, y la búsqueda de mejores alternativas de vida de sus nacionales. Siempre ocurren de pueblos más pobres hacia países mejores desarrollados o con mejores condiciones de vida. De México se emigra hacia los Estados Unidos, de Venezuela hacia Colombia, y de Haití hacia la República Dominicana, por sólo mencionar tres casos.

A pesar de los nuevos límites fronterizos, fijados en 1929, había zonas del país en donde la población no pertenecía a la República y era ajena a las disposiciones y leyes del Gobierno Dominicano. Inspirado quien sabe porqué el Presidente de ese entonces Rafael Leónidas Trujillo viajo a Dajabón a principios de octubre de 1937 y allí pronunció un discurso señalando que esa ocupación haitiana  de las tierras fronterizas no debía continuar, ordenando luego que todos los haitianos que hubiesen en el país fueran exterminados. Eso no debe repetirse.

La República Dominicana es un país hermoso, acogedor, solidario, desprendido y generoso para con sus inmigrantes; sin embargo, tenemos un orden jurídico establecido sobre el protocolo a seguir para residir legalmente en este país. Quien quebrante esas normativas legales y se establezca en él sin estar autorizado para ello, debe sentir sobre sus hombros las consecuencias, que no deben ser otras que la diferencia entre estar legal e ilegal. Si fuese lo mismo, entonces nuestras leyes de inmigración serían letras muertas y no tendría razón de ser agotar tediosos procesos para legalizarse.

Todos los años, medio presupuesto de nuestra nación en materia de salud es consumido por ilegales que cruzan la frontera y se radican en el país, mujeres parturientas que se ingresan en un hospital a alumbrar pretendiendo que su hijo adquiera la nacionalidad dominicana. En la zona fronteriza, el 60% de los servicios de los hospitales públicios ha sido utilizado por ilegales con cargo a nuestro erario.

Se hace necesario y urgente, la construcción de un muro fronterizo que detenga de una vez y por todas la invasión de ilegales a que está siendo sometido nuestro país. Lo que quellos extranjeros entre los años 1844 y 1856 no pudieron hacer con las armas, lo están haciendo ahora pacíficamente y si no abrimos los ojos a tiempo será demasiado tarde y habremos perdido la guerra.

En los últimos días he visto a muchas personas de mis redes sociales, incluso ex-funcionarios de Migración, altamente preocupados por la actual situación que vive nuestro país. Mis amigos de Twitter a diario se expresan sobre el tema; sin embargo, me gustaría compartir con ellos y con usted que me está leyendo, algunas reflexiones: ¿Qué estamos haciendo nosotros para cambiar eso?, ¿Cuál es nuestro aporte para corregir ese mal?, ¿En qué estamos dispuestos a sacrificarnos? Creo que sí podemos aportar; y mucho.

Desde la desaparición física del presidente Trujillo hasta nuestros días, ningún gobierno ha dado señales claras de frenar ese flagelo; las políticas públicas no han sido creadas para ello porque nuestros gobernantes temen mas a las presiones internacionales que a perder nuestra propia soberanía. En ese sentido, es evidente que las batallas que ha librado el gobierno, han sido perdidas; nos toca a nosotros los hijos de Quisqueya tomar medidas drásticas para ganar la guerra, y que DUARTE, SÁNCHEZ Y MELLA se sientan orgullosos. Para ello, vamos a construir un muro fronterizo para detener a los ilegales.

Construir un muro fronterizo, no es erigir una estructura de hormigón armado u otros materiales como hace Estados Unidos en su frontera con México, que al final de poco sirve porque es vulnerado por quienes llevan en sus adentros la firme convicción que del otro lado está la tierra prometida, el sueño americano. Los dominicanos debemos construir un muro fronterizo diferente cuando:

a) Los empresarios exijamos la residencia a cada extranjero antes de asignarle alguna tarea laboral, y no aceptar su mano de obra aunque nos la ofrezcan sólo por comida, tampoco realizar con ellos ningún otro tipo de actividad que pueda generarles remuneración de ninguna naturaleza;

b) Cuando los productores agropecuarios dejen de utilizarlos en sus fincas, no permitirles quedarse ni un sólo día, tampoco comprarles  ni venderles nada de lo que pretendan;

c) Cuando en los comercios locales no les vendamos absolutamente nada para su consumo, ni consumir lo que pudieran vendernos en nuestras calles;

d) Cuando nosotros como ciudadanos hayamos logrado anular todo tipo de trato comercial con esos ilegales, entonces habremos terminado de construir nuestro muro fronterizo y abrazarnos con nuestros huéspedes de honor que nos honran con su estadía legal; esos son nuestros hermanos.

Nuestras calles estarán libres de ilegales, nuestros hospitales estarán libres de intrusos, el presupuesto público destinado a la frontera podrá ser disminuido a su mínima expresión y destinar los recursos ahorrados para desarrollar nuestras zonas mas vulnerables. De esa manera el gobierno dominicano sigue manteniendo su maridaje con los organismos internacionales que tanto valora, y nosotros como pueblo habremos ganado la guerra sin derramar siquiera media gota de sangre. Así habremos construido nuestro muro fronterizo y tendremos una República Dominicana realmente libre.

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Autor

Cristian Hidalgo
Cristian Hidalgo

Escritor, Ingeniero Civil de profesión y Constructor de oficio. Desarrollador de proyectos inmobiliarios, Asesor de Fideicomisos, Ley 189-11

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