La eterna pregunta: ¿Quién soy?

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El ser humano en su complejidad a lo largo de la historia ha intentado descubrir el sentido de su existencia. Ese “sentido de la existencia” se ha tratado de explicar, y digo “tratado” porque cada día surge una teoría que pone en duda la anterior y busca por todos los medios dar a la humanidad la tan ansiada verdad a cerca de nuestro paso por la tierra.

No cabe duda que sea cual sea la forma en la que estamos aquí hemos sido creados para cosas superiores que un simple nacer, crecer, reproducirnos y morir (cabe destacar que son los ciclos de nuestra existencia física). Nuestros sentimientos, nuestros deseos, nuestros sueños, y principalmente el amor, el apego que sentimos por las personas más cercanas a nuestras vidas nos dicen que el asunto no es tan simple.

En ese sentido me permito hacer un ejercicio de descifrar lo que ocurre ante cada uno de los ciclos de nuestra “supuesta y exclusiva estadía física”, citados anteriormente:

Nacemos: antes de nacer, dos seres humanos han debido conocerse y descubrir un vínculo que les permite unir sus cuerpos para dar vida, muchas veces planeado, otras no, sin embargo ocurre un milagro que es el resultado de un vínculo afectivo o emocional. No importa, es un vínculo.

Crecemos: iniciamos con un vínculo en el vientre materno con un ser que movido por un amor incondicional nos protege, nos alimenta por nueve meses y es capaz de experimentar un gran dolor para que podamos ver la luz. Continuamos fortaleciendo ese vínculo con nuestra madre, con nuestro padre, con todas las personas que están a nuestro alrededor y vamos creciendo y aunque parezca redundante continuamos creando nuevos vínculos afectivos.

Nos reproducimos: Entre tanto volvemos al origen, esta vez nos toca ser co-creadores en el universo, en la tierra y damos vida (no importa que esa nueva vida no sea un ser humano, muy bien puede ser un proyecto, una misión, sino veamos a la Madre Teresa), y surge un nuevo vínculo, tal vez el más fuerte de todos.

Morimos: Esta es la parte a la que ansiamos no llegar, precisamente porque cada vínculo que hemos creado a lo largo de nuestra vida nos impide dejar ir lo que amamos, descubrimos que creamos lazos invisibles que nos han unido a personas, a seres humanos.

Por lo tanto, cuando analizamos el sentido de nuestra existencia sin entrar en tanta teoría, cosa esta que se logra abriendo nuestros ojos y conciencia a la verdadera esencia, entendemos que hemos venido a crear vínculos de amor, a esparcir amor, en definitiva a AMAR. Es por esto que necesitamos concentrar nuestras energías en dar a las personas aquello que queremos para nosotros mismos y de seguro que solo queremos cosas buenas para nuestra vida.

Este precepto de amar a los demás como a nosotros mismos dejado por Cristo a sus seguidores hace más de dos mil años, y no solo Jesús, sino también otros grandes maestros de la historia, es la mejor manera de definir el verdadero sentido de la vida, de la existencia y es lo que garantiza una estadía feliz en este breve paseo que nos ha concedido el creador para que nuestra esencia que va más allá de lo físico pueda evolucionar. Solo se evoluciona con el amor. Lo que escribo debo practicarlo, así lo entiendo. En este mundo confuso es difícil ver el amor. Yo elijo verlo, tú también puedes hacerlo. Cuando surge la pregunta ¿Quién soy?, me respondo a mí misma SOY LO QUE DOY A LOS DEMÁS!

Autor

Grissel Mateo
Grissel Mateo

Ser humano en la búsqueda de crecer, aprender. Buscando contribuir a que el mundo sea un lugar mejor.

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La realidad existe como un absoluto objetivo: los hechos son los hechos, independientemente de los sentimientos, deseos, esperanzas o miedos de los hombres

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