Arroz La Garza y el sintético de plástico

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Existe una expresión popular que dice: “lanza lodo, que algo queda”; porque en la psiquis del dominicano se arraiga la idea de que cada vez que el río suena es porque agua trae.

Hace algunos años, el libre mercado en República Dominicana trajo consigo el establecimiento de algunas fábricas de embutidos que si bien es cierto no dominaban el mercado, no es menos cierto que ofrecían productos de buena calidad de aceptación en el gusto popular.

Ello trajo como consecuencia una merma en productos tradicionales de marcas con decenas de años afianzadas en el mercado. Como todo pez grande desea tragarse al pequeño, se idearon un plan macabro para deshacerse de las fábricas recién surgidas.

Es como haciendo uso de la vieja teoría de “sacarse los dos ojos con tal de sacarle uno al contrario”, se proponen desacreditar todos los embutidos de República Dominicana, y corren la alerta de que en el país se utilizan animales muertos y sin ningún control sanitario; vivos y enfermos, que los introducían indiscriminadamente en unas máquinas que los convertía en embutidos. Debo confesar que en lo personal aun no logro superar la marca que esa campaña me dejó.

Bolsa con Arroz La Garza, certificado por organismos internacionales como de superior calidad

Esa bola de nieve ocasionó que la venta de embutidos elaborados en República Dominicana, sin importar la marca, se redujera a menos de un 20%. Como era de esperarse, las pequeñas industrias que operaban con capital limitado y compromisos en la banca comercial, no sobrevivieron a esa crisis y desaparecieron, mientras que las grandes industrias se prepararon para mantenerse aun operando deficitariamente y hoy ya son dueños del mercado de embutidos en el país y Haití.

Ahora ocurre algo similar con el sector arrocero. El arroz es el plato por excelencia de los dominicanos; lo consumimos en todas las versiones, desde plato fuerte al medio día, con leche, con dulce; y hasta jugo preparamos con el cereal.

Hay una industria vegana llamada que produce el afamado “Arroz La Garza”, líder de calidad desde el año 1929, convirtiéndose en marca país cuando de arroz dominicano se trata. Es un producto certificado por la norma FSSC 22000, porque ademas de industrializar el cereal con los mas altos estándares de calidad, adhiere al producto algunos nutrientes como vitaminas y minerales, tales como niacina, hierro, vitamina b1 y ácido fólico.

Es evidente que con semejante posicionamiento en el mercado, producto de una acrisolada actividad industrial e impoluta credibilidad; ciertas empresas del sector que no tienen ni las mas elementales condiciones para competir con “Arroz La Garza”, se hayan dado a la tarea de desacreditar ese producto, cómplice de la mesa del dominicano todos los días, llevando a la población la versión que ese arroz es sintético y elaborado en base a plástico.

Es una felonía de los perversos que recurren a esa práctica desleal en contra de una empresa que durante casi un siglo ha operado en el país, realizando grandes aportes tanto en el empleo de mano de obra como en materia impositiva. Los desaprensivos que están detrás de ese plan deben ser perseguidos por los organismos de seguridad del estado y aplicarles todo el peso de la ley.

Autor

Cristian Hidalgo
Cristian Hidalgo

Escritor, Ingeniero Civil de profesión y Constructor de oficio. Desarrollador de proyectos inmobiliarios, Asesor de Fideicomisos, Ley 189-11

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