La reingeniería de nuestra Policía

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Aunque no pretendemos hablar de la historia de la Policía Nacional, es preciso recordar sus orígenes para lograr entender sus acciones en el día de hoy. Convencido Trujillo de que el modelo de “comisaría” bajo el que operaba la Policía en los inicios de sus gobiernos no se circunscribía a sus planes de perpetuarse en el poder, crea el 2 de marzo de 1936 mediante decreto 1523, el modelo de policía que hasta hoy impera en nuestro país. Su argumento fue «que los cuerpos municipales no tenían la capacidad para tener el control de una población de 1.5 millones de habitantes».

La Policía que surgió a imagen y semejanza del presidente Rafael Leonidas Trujillo Molina, se fue convirtiendo poco a poco a través de los años en una isla de poder conformada por cacicazgos, en el que cada cacique era amo y señor de su territorio. Con el gran auge que ha adquirido el narcotráfico en nuestro país (el cual ha sido considerado como puente entre productores y consumidores), se ha producido un maridaje y colusión entre el narcotráfico y nuestra Policía, cuyo control se le ha ido de las manos a los gobiernos que hemos tenido en las últimas 4 décadas. Ninguno de nuestros presidentes ha tenido los pantalones tan bien puestos como para desarticular el más temible cartel que opera en este país.

El salario del director general (Jefe), no llega a los RD$99,000 y el de un general de brigada apenas coquetea los RD$76,000, para un servicio a tiempo completo desde su ingreso a la institución; estos altos oficiales generales sin embargo, se jactan de exhibir villas en Casa de Campo, colección de autos de lujo, yates, fincas, colección de relojes Rolex y Cartier; sus restaurantes favoritos son  Sophia’s, Don Pepe, Pat’e Palo; y llevan un nivel de vida que sólo pueden igualar grandes capos (aclarando que hay dos o tres generales con una acrisolada hoja de servicio y nivel de vida no ostentoso).

Podríamos afirmar que esa anacrónica Policía, con un modelo agotado y que en lo absoluto representa ni salvaguarda los intereses de nuestro pueblo, es un cuerpo finamente organizado con tentáculos en todos los estamentos de la sociedad en donde pernocta o se anida la delincuencia. Allí se hace presente la corrupción, el narcotráfico y el sicariato; a los diferentes cárteles que operan en la región se les hace más económico, seguro y discrecional utilizar el sicariato policial que sostener esa esteuctura dentro de su organización.

Consciente de ello, muchos de nuestros legisladores impactados por su vena romántica pretendieron crear un marco regulatorio para enderezar de alguna manera ese adefesio que constituye lo que mal llamamos “Policía Nacional”; tan desacreditada que cualquier ciudadano que en su caminata converge con un policía en la misma acera, prefiere cruzar al otro lado en donde se siente menos expuesto en frente de un delincuente común. Sin embargo, no obstante el presidente Danilo Medina promulgara dicha ley en el año 2016, bajo el No. 590, siempre la concibió como un pedazo de papel de desecho al que mantuvo en el zafacón.

Actualmente la Policía Nacional mantiene en su nómina activa a unos 41 generales de brigada y un mayor general que es su director. En el artículo 86 de la ley que la regula se establece que: cito “Número de plazas para oficiales generales. El ascenso al rango de oficial general se hará conforme a la necesidad de la institución policial y sujeto a la existencia de plazas disponibles, sin que el número de oficiales generales sea mayor de veinte (20)”. Podría existir hasta un solo general, pero bajo ninguna circunstancia podría ser más de veinte. El pasado gobierno tenía un plazo de 2 años para que gradualmente vaya retirando generales hasta adecuar la nómina a la ley; así las cosas, se esperaba que para el año 2018 ya aquí no habría más de 20 generales activos.

Tan irresponsable fue el presidente de turno, que no sólo desobedeció el mandato de la ley, sino que como una burla a este país, faltando menos de un mes para entregar el poder, ascendió mediante el decreto 264-20 a generales de brigadas de la Policía Nacional, a Frank Félix Durán Mejía, Pablo Francisco Ortega Brito, Eddy Francisco Pérez Peralta y a José Antonio Ceballo; dejándole el supremo problema de la Policía Nacional al actual presidente Luís Abinader.

Como el actual mandatario no tiene ínfulas trujillistas aparentes, tampoco la necesidad de empalagarse con las mieles que se producen en ese putrefacto «cuerpo del orden»; mucho menos está coludido con sectores oscuros por el que al destapar la olla de grillos podría salir salpicado; es el mejor momento para adecentar esa institución. Pedirle desintegrarla en su totalidad sería demasiado; pero designar a un nuevo director, serio, formado, capaz, competente y con los suficientes pantalones para que conjuntamente con el ministro de “Interior y Policía” y el Consejo Superior Policial, hagan una reingeniería de esa institución, en total apego a la ley 590-16 que la regula.

Este pueblo demanda de un cuerpo policial en el que confiemos, con el que nos sintamos seguros y protegidos; la actual Policía Nacional es enemiga de la sociedad y del gobierno; ellos sólo responden a sus propios intereses. Señor Presidente, usted tiene en sus haber la oportunidad de hacer como Pilato y lavarse las manos dejando ese nido de ratas como está, o por el contrario casarse con la gloria y adecentar esa institución conforme a los nuevos tiempos. Yo espero que ese sea uno de sus mejores y mayores legados.

 

 

 

 

 

Autor

Cristian Hidalgo
Cristian Hidalgo

Escritor, Ingeniero Civil de profesión y Realtor de oficio. Desarrollador de proyectos inmobiliarios, Asesor de Fideicomisos, Ley 189-11

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