Las cancelaciones masivas del gobierno

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Somos parte de un país en el que desde niños se nos educa para ser empleados. Muy pocos padres les decimos a nuestros hijos «quiero que estudies para que mañana seas un gran empresario»; por el contrario el discurso es «quiero que te hagas profesional para que tengas un buen empleo». Cuando alguien osa elegir la carrera Administración de Empresas, no faltan quienes de inmediato le desaniman: «tú crees que un rico va a poner su empresa en tus manos para que se la administre?»

Laboralmente la sociedad se divide entre empleadores y empleados; si decidiste ser martillo, del cielo te estarán permanentemente cayendo clavos. Quienes han tenido la oportunidad de leer a Robert Kiyosaki en su best seller «Padre rico, padre pobre», se habrán dado cuenta la gran diferencia entre formar a un hijo para que sea empleado y para empresario.

Digo todo lo anterior, a raíz de las cancelaciones masivas que se están produciendo a nivel nacional en todas las dependencias del Estado, las cuales han sido severamente criticadas por un segmento de la oposición, llegando hasta llamar «indolente» y «despiadado» al actual gobierno encabezado por el PRM. Todo ello se veía venir y a nadie debe sorprenderle; por muy prudente que pretenda ser el Presidente en esa dirección, lo cierto es que el pueblo votó por un «cambio» y los perremeístas están compelidos a producirlo.

Desde luego no estoy ni estaré de acuerdo con los despidos injustificados, tampoco con que se cancele a servidores públicos cada vez que se produzca un cambio de gobierno. Sin embargo, no debemos llamarnos a engaño, con la misma facilidad que se logran las cosas, de ese mismo modo las perdemos. Los que ayer accedieron a un empleo por estar voceando detrás de un partido, deben ser conscientes que «otros perros también han estado ladrando por ese hueso».

Recuerdo el año 2004 el famoso slogan de campaña del PLD, «e’pa fuera que van».  Cientos de miles de peledeístas y aliados nos desplazábamos por toda la geografía nacional en proselitismo, esperanzados en que se produzca un cambio de gobierno para conseguir un empleo. Llegamos al gobierno (yo era reformista del sector de Carlos Morales, apoyando al PLD) y de inmediato empezaron a producirse las cancelaciones para ubicar a los peledeístas y aliados.

¿Por qué la gente prefiere un empleo público (a sabiendas que es de alto riesgo) a una posición bien remunerada en el sector empresarial? Por varias razones: a) no precisa de ningún otro mérito que ser un «compañerito de la base», b) no tiene que someterse a concurso, c) puede faltar sin temor a ser despedido, d) en el caso de los que administran recursos económicos, pueden malversarlos sin consecuencias (al menos hasta ahora), e) si se tiene un padrino, se pueden cometer travesuras sin temor a que te pasen factura por ello, entre otras tantas.

Por qué en el año 2004 pusieron en la posición a Juan Pérez que era peledeísta y no a Gabriel Sandoval del PRM, si ambos tenían semejante capacidad? Sencillo, porque quien «se fajó» para llevar al PLD al poder fue Juan y no Gabriel. En ese sentido, Juan logró retener su faja de ganador en el 2008, igual en el 2012, la conservó en el 2016 (durante todos esos años, era incierto el futuro de Gabriel) y la perdió en el 2020. ¿Quién debe ahora ceñirse la faja en su cintura?

Dicen los economistas que cuando aumenta la demanda y disminuye la oferta, se encarece el producto. No hay sombreros para tantas cabezas. Las posiciones del gobierno son muchas, pero un gran porcentaje no son susceptibles de cambio de personal, tales como: los maestros, los empleados de carrera, entre otros que precisan de un concurso para ocuparlas. Ahí radica la diferencia, que no fue un «quítate tú pa’ponerme yo, sino que compitieron para lograrlas.

Lastimosamente en un país en donde la gente tenga que pasarse 16 años esperando que su partido llegue al poder para ocupar un empleo por apenas cuatro años, las cosas no pueden andar bien. Se me hace tétrico ver a varios «padres de familia» que hoy se van a sus casas desesperanzados sin un norte que seguir para producir el pan de sus hogares; pero así funciona nuestro país; ahora les toca el turno a los empleados del PRM.

A quienes dejan las posiciones, sólo les puedo decir que «algunas veces, cuando Dios nos quita algo de nuestras manos, las libera para que sostengan algo mejor». Es momento de emprender un negocio conforme a nuestras posibilidades. Si nos toca vender «bombas» (pan con huevo, ketchup, repollo, cebolla y tomate dentro) en alguna esquina por ahí, hagámoslo con la frente en alto y la indumentaria de la dignidad. Tal vez mañana habremos agradecido nos hayan cancelado.

Autor

Cristian Hidalgo
Cristian Hidalgo

Escritor, Ingeniero Civil de profesión y Realtor de oficio. Desarrollador de proyectos inmobiliarios, Asesor de Fideicomisos, Ley 189-11

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