El cuestionado kit alimenticio de los estudiantes

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Entiendo que celebrarle al gobierno por hacer las cosas para las que está, sería como aplaudirle a un cajero automático por dispensarnos los billetes que le hemos solicitado. Sin embargo, pretender descalificar todas sus acciones por mero interés personal en administrar el erario, es algo totalmente diferente.

He visto a los detractores (simpatizantes y opositores) del actual gobierno, crucificarle por el tipo de alimentos escolares que ha dispuesto para el presente año escolar, en el que ha cambiado el servicio de comida terminada por la entrega de kits alimenticios en crudo a todos los estudiantes por el término de una semana.

El Ministerio de Educación ha dispuesto la entrega de esos alimentos en todo el país, para satisfacer la demanda de una población estudiantil de 2.7 millones de estudiantes durante al menos 52 semanas. Al ver una canasta de las que se distribuyen, hemos advertido cierta discrepancia con lo dispuesto por el Ministerio de Educación, a través del INABIE, departamento a cargo del que está la alimentación escolar.

Mientras el INABIE mediante resolución 360/2020 dispone dos configuraciones para dichos kits alimenticios, el primero consistente en: arroz, habichuelas «giritas”, pastas alimenticias, sardinas en aceite vegetal, guineos maduros, aceite vegetal y huevos; y un segundo, consistente en arroz, lentejas, trigo entero, huevos, piña, avena en hojuelas y aceite vegetal; los proveedores están despachando una parecida pero diferente, la cual contiene arroz, habichuelas negras, lentejas, avena en hojuelas, aceite de soya, sardinas regulares y sardinas en salsa de tomate.

Ignoro cómo se están manejando los centros educativos con los kits alimenticios, ya que evidentemente ahí faltan elementos como los huevos, guineos maduros, las pastas alimenticias y la piña; mientras que le han incluido una sardina en salsa de tomate que no ha sido dispuesta (que los opositores averigüen a ver con qué propósito se ha incluido Sardinas Fiesta del Mar, si no está en la resolución) de relleno.

Lo que sí veo con beneplácito y buenos ojos es el dinamismo que imprime a nuestra economía esas raciones que están sirviendo los proveedores (salvando la diferencia en su contenido). Si el año posee 52 semanas y la población estudiantil es de 2.7 millones, precisaríamos de 140.4 millones de kits alimenticios en un año; que al desglosarlos terminaría en 421.2 millones de sardinas King Bell, de 4 onzas; 140.4 millones de botellas de aceite de soya de 8 onzas; 1.44 millones de quintales de lentejas; 1.44 millones de quintales de habichuelas negras; 2.88 millones de quintales de arroz; 542 mil quintales de avena en granos; 280.8 millones de sardinas Fiesta del Mar, 15 onzas.

A groso modo, la producción de arroz en cáscara se estima en 4.52 quintales por tarea; si tomamos el 60% útil ya procesado, sería 2.71 quintales por tarea. Estamos hablando que necesitamos 1,063,000 tareas de tierra; que dividido en 30 (tareas por parcelero) son en promedio 35,500 productores de arroz que directamente se benefician; a eso debemos agregar la mano de obra local para su producción, los equipos de combinas para su recolección, los transportistas, las factorías y los proveedores. Son muchas las familias que directamente participan en ese item del kit, aparte de los que indirectamente se benefician.

Pero lo mismo ocurre con las habichuelas negras, las cuales tienen un rendimiento de
1.12 quintales por tarea; por lo que se precisa de 43,000 parceleros con finquitas de 30 tareas para lograr esa producción. Ya vimos todos los demás actores que inciden en esa tarea. Si a todo lo anterior le sumamos los demás rubros que integran la canasta estudiantil, colegimos que genera un gran dinamismo en nuestra economía.

El Estado Dominicano tiene la obligación constitucional de proveer educación gratuita a todos sus nacionales; sin embargo, la alimentación de los hijos es responsabilidad de sus padres. Lejos de criticar lo que el Estado nos sirve en la alimentación escolar, vamos a convertirnos en veedores voluntarios y aguerridos para asegurarnos que sólo sea erogado de nuestro erario a los suplidores, el monto por lo que nos han servido. Todo lo demás es simple gana de «jotalapear».

Autor

Cristian Hidalgo
Cristian Hidalgo

Escritor, Ingeniero Civil de profesión y Realtor de oficio. Desarrollador de proyectos inmobiliarios, Asesor de Fideicomisos, Ley 189-11

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