Los señoritos de los colegios electorales

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En la campaña electoral celebrada en el año 1974, los guardias marchaban con un pañuelo rojo envuelto en sus bayonetas con el propósito de infundir temor a la oposición y en señal de su inequívoco apoyo a la reelección del Dr. Joaquín Balaguer; 4 años más tarde no fue diferente; sin embargo, ante un pueblo decidido a ser masacrado por defender el cambio que había fraguado, al presidente Balaguer no le quedó otra alternativa que entregar el poder, no sin antes haberse asegurado el control del Congreso Nacional en una época en que todos los jueces del país dependían del Senado de la República.

En una reciente reunión que sostenía el Presidente Danilo Medina con sus adeptos, les impartía precisas instrucciones de «no enviar señoritos a los colegios electorales»; enfatizaba el Señor Presidente que «por hacer se ganen RD$5,000 ese día, no se les ocurra enviarlos»; mas claro no pudo ser su mensaje no sólo para los presentes, sino también para los millones de dominicanos que día a día seguimos las incidencias del venidero cónclave electoral. La oposición debe tener claro que tampoco debe enviar «señoritos» a enfrentarse con los «come gente» que pretende el Señor Presidente envíe su partido a «defender» el voto.

Debo confesar que si alguien ha pretendido infundir temor en la población, en mi caso lo ha logrado; yo siento mucho miedo de lo que vislumbro pasará el día de las elecciones en este país. Por supuesto que aún con las rodillas temblándome y con un boletín previo del Ministerio de Salud indicando un 100% de positividad del Covid-19, iré bien temprano (y así se lo recomiendo a todos los dominicanos) a ejercer mi sagrado derecho a elegir mis autoridades. La voluntad popular no debe ser vulnerada; esta debe imponerse sobre todo capricho de quienes pretenden llegar o quedarse a la fuerza.

No se precisa ser clarividente para advertir que las elecciones del próximo domingo 5 de julio serán muy violentas (por no decir sangrientas). Hay un partido de oposición a quien todas las encuestas serias del país (manipuladas o no) le otorgan un cómodo triunfo en primera vuelta; ese partido ya tiene todo preparado para asumir el Poder Ejecutivo el próximo 16 de agosto. En el otro extremo está un oficialismo que aunque dichas encuestas le colocan en un segundo lugar, alega (con razón o no) que esos números son manipulados por un empresariado que pretende tergiversar la preferencia del electorado; y que ellos van a enviar a sus «súper hombres» a los centros de votaciones a demostrar que las encuestas están equivocadas.

Antes del medio día habrá ido a votar el 80% de los concurrentes de este proceso; al medio día ambos grupos habrán realizado la llamada «encuesta a boca de urna» que arrojará luz sobre como terminará el certamen. A partir de ese momento será activado el «plan B» del perdedor para pretender sabotear las elecciones antes del escrutinio; los principales protagonistas del sector no favorecido por el electorado estarán denunciando fraude y desconocimiento de los resultados. Con los ánimos tan caldeados cada colegio electoral se convertirá en un ring de combate en el que ninguno de los delegados será complaciente permitiendo lo que llamamos «intención del votante» y esas boletas serán la tea de la discordia y base de los enfrentamientos.

A un proceso electoral se va a dos cosas: a ganar o a perder; a ganar o a pelear; y a ganar o descalificar el proceso alegando fraude; quien no esté preparado para el primero, recurrirá a una de las demás opciones. Las expectativas son los padres de las decepciones;  tenemos un fresco ejemplo de lo que significa ir a un proceso electoral sin estar preparado para perder. En los actuales momentos ni el PLD ni el PRM están preparados para perder el actual certamen electoral; lo que ello producirá es fácil olfatearlo.

Sólo nos queda decir que «Dios nos agarre confesados»; exhortar a todos mis conciudadanos ejerzan su derecho y deber al sufragio y que sigan las incidencias del proceso desde sus casas junto a sus familiares; no me gusta en lo absoluto lo que estoy mirando venir. Ruégole al Señor Todopoderoso estar equivocado.

Autor

Cristian Hidalgo
Cristian Hidalgo

Escritor, Ingeniero Civil de profesión y Realtor de oficio. Desarrollador de proyectos inmobiliarios, Asesor de Fideicomisos, Ley 189-11

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