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El impeachment de Donald Trump, una lección para el mundo

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En estos días se ha puesto muy de moda en todo el mundo el término “impeachment”, a raíz del proceso que actualmente se le sigue al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Se trata de una especie de referendo revocatorio de mandato tendente a su destitución como jefe de Estado, con la diferencia que en vez de ser el pueblo quien lo decida, será el bicameral congreso federal quien tendrá sobre sus hombros tan elevada responsabilidad.

En toda la historia política los Estados Unidos sólo se ha visto pasar por ese traumático proceso a dos de sus mandatarios: los demócratas Andrew Johnson en 1868 y Bill Clinton en 1998, sin que en ninguno de los casos se haya producido su destitución. El único caso conocido en el que la destitución del presidente hubiese sido inminente fue el del republicano Richard Nixon en 1974, producido por el famoso escándalo Water Gate; sin embargo, antes que se le conociera el impeachmente en el Senado, el presidente dimitió, convirtiéndose en el primer y único presidente de esa nación en hacerlo.

El pasado miércoles 18 de diciembre, la Cámara de representantes (de mayoría demócrata) aprobó con 230 votos a favor el impeachment o juicio político contra el presidente Donald Trump, acusado de “delitos graves” y “faltas” por abusar del poder de la jefatura del Estado en su beneficio personal y obstrucción de la labor del Congreso durante sus investigaciones. Estas versaron sobre las presuntas presiones que el presidente ejerció sobre su homólogo ucraniano, Volodímir Zelenski, para que ese país investigara las actividades del hijo del ex-vicepresidente demócrata Joe Biden, quien es considerado como una de las mejores opciones para candidato presidencial de su partido en las elecciones del 2020. Ello es sumamente grave porque supone involucrar a un tercer país en el proceso electoral, un tema especialmente sensible en EE.UU desde que la propia victoria de Trump en 2016 fuera puesta bajo la lupa  precisamente ante una posible interferencia rusa.

En la sesión en que se conoció y aprobó enviar a juicio al presidente Trump en la Cámara de Representantes, las notas discordantes fueron los congresistas Jeff Van Drew, Collin Peterson y Jared Golden, quienes a pesar de ser demócratas votaron en contra de sus colegas de bancada; mientras que la precandidata presidencial de ese partido, Tulsi Gabbard fue la gran sorpresa al abstenerse en la votación. Es importante señalar que Van Drew, luego de una reunión en el Salón Oval de La Casa Blanca con el presidente Trump, salió convencido no sólo de su inocencia en los cargos que se le imputan, sino además de abandonar a los demócratas (partido que lo eligió) para pasar a ser parte de los republicanos.

EL JUICIO

Una vez aprobado por mayoría simple en la Cámara de Representantes el impeachment al presidente, procede ahora el proceso per se, en donde en un juicio oral, público y contradictorio, se determinará si se destituye del cargo al presidente o si se deja ocupando el mismo. El juicio se lleva a cabo en el Senado, es presidido por el presidente de la Corte Suprema de Justicia, fungen como Ministerio Público (fiscales) una comisión de la Cámara de Representantes, el presidente puede hacerse defender por abogados de su elección; y como jurado todos los miembros del Senado, compuesto por 100 senadores. Para que la destitución sea efectiva se requiere el voto afirmativo de por lo menos las 2/3 partes de la matrícula presente.

Ante esa realidad, con un senado conformado por 53 republicanos, 45 demócratas y 2 independientes (afines a los demócratas), requiriéndose 67 votos afirmativos, nos conduce a colegir de manera razonable que independientemente de la pésima relación que ha exhibido el presidente Trump con los legisladores de su partido, tomando como referente la actitud de los representantes, es elevadamente difícil que los demócratas obtengan los 20 votos que les faltan para imponer la destitución, misma que de producirse, ocuparía la presidencia de inmediato, el actual vicepresidente Mike Pence.

El éxito de llevar al presidente de los Estados Unidos al banquillo de los acusados, no se mide por el resultado de su destitución, mas bien que contrario a lo que él mismo pudiera creer que se ubica por encima del imperio de la ley, radica en que el poder que el pueblo le ha otorgado no es un cheque firmado en blanco girado contra una cuenta sin límites, en el que puede hacer todo cuanto se le antoje; sino que por el contrario su poder tiene un umbral que no debe surcar. Ningún presidente de un país en el mundo debe acumular tanto poder que lo coloque sobre su ordenamiento jurídico. El presidente Trump podrá librarse de su destitución, pero sobre su espalda llevará indeleble la mancha de esas imputaciones, mismas que podrían costarle su reelección el próximo año.

Autor

Cristian Hidalgo
Cristian Hidalgo

Escritor, Ingeniero Civil de profesión y Realtor de oficio. Desarrollador de proyectos inmobiliarios, Asesor de Fideicomisos, Ley 189-11

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