El tercer período presidencial

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Desde el 16 de agosto del año 1930 en que fue juramentado como presidente el dictador Rafael Leonidas Trujillo Molina; por temor, respeto o amor, se enquistó en los hogares dominicanos, creando en ellos una sensación de «insustituible» hacia su persona. En las elecciones del año 1934 obtuvo sin dificultad alguna, el mandato popular para dirigir los destinos nacionales; sin embargo, previo a culminar su segundo mandato, en enero de 1938, no obstante el clamor popular de que corriese nueva vez para la presidencia de la república; la prudencia, la sensatez y la cordura se impusieron; el presidente Trujillo entendió que un tercer período sería traumático para la gobernabilidad, por lo que optó por hacerse a un lado y «cederle» la antorcha a uno de sus gobernados.
Es así como surge la fórmula Lic. Jacinto B. Peynado, presidente y Manuel de Jesús Troncoso de la Concha, vicepresidente. El Partido Dominicano, columna política del dictador, dando muestra de disciplina acató la postura de Trujillo, y en una convención efectuada a fines de febrero del mismo año, proclamó el binomio Peynado-Troncoso, cuyos resultados finales fueron gloriosos para el partido oficial, al obtener 319,680 votos contra ninguno, decretándose automáticamente el triunfo de Peynado.
28 años mas tarde, toma la presidencia de la República el Dr. Joaquín Balaguer, cuyos gobiernos fueron etiquetados como «de varilla y cemento», por las grandes obras que el mandatario erigía en toda la geografía nacional. Sin embargo, cumplidos sus dos períodos de gobierno, impuso un tercer mandato en contra de la voluntad popular, no existiendo las mínimas garantías constitucionales ni legales para ese proceso, teniendo el PRD (principal opositor) que dejarle el escenario, a raíz de lo cual se convirtió el país en un infierno que llevó a la oposición política y poderes fácticos del momento a crear el Acuerdo de Santiago, por el que fue derrotado Balaguer.
Como si todo lo anterior poco fuese, parece que el presidente Balaguer nunca entendió que su necedad y terquedad en su espíritu reeleccionista permanente, fueron las causantes no sólo de su derrota, sino de la ausencia del Partido Reformista del ejercicio del poder durante ocho años. «Los pueblos que no conocen su historia, están supuestos a repetirla»; sin embargo, se trata del principal actor de esos hechos que insiste nueva vez en imponer un tercer mandato presidencial en el año 1994, cuya crisis es por todos recordada, pero para los mas jóvenes, sólo les diré que el resultado fue acortar de 4 a 2 años el período de Balaguer, reformar la Constitución y convocar nuevamente a elecciones, fruto de las cuales surge Leonel Fernández como presidente.
Escenario semejante se produce en el año 2012, en que el presidente Fernández debía decidirse si rompía ese ambicioso esquema, quien de aventurarse hubiese ganado las elecciones con un PLD dividido en que serían sus mismos compañeros de partido quienes se hubiesen encargado de hacer ingobernable el país, lo que hubiese generado una crisis que evidentemente fue advertida por el presidente, quien al igual que a Trujillo en el 1938, la mayoría de sus correligionarios le gritaban a viva voz que se presentase como oferta electoral. El resultado de su sensatez fue la presidencia de Danilo Medina, considerado por varios años consecutivos como el mas popular presidente de toda América; siendo apoyado para un segundo mandato hasta por sus adversarios externos.
Cuando no se aprende la lección, la vida se encarga de repetirte la prueba. Es en estas circunstancias en que se encuentra el presidente Danilo Medina; deberá decidirse si abocarse a la sensatez demandada por la historia o si por el contrario se aventura a conquistar un tercer período presidencial. Coqueteo del usufructo del poder no le falta, tampoco el vivo reclamo de sus seguidores. Tomar esa decisión no será fácil para el presidente; echar un paso al costado y apoyar a otra figura de su organización para la presidencia, es una opción; enfrascarse en una reforma constitucional contra vientos y mareas, para habilitarse y ser el candidato del PLD, es la otra.
El camino hacia el paredón no es tan traumático como vivir dentro de él; el presidente podría reformar la Constitución, ganar las primarias y hasta la presidencia misma; en donde tendría que hacer de todo tipo de magia, sería durante el infierno que significaría la gestión de esos cuatro años de gobierno. Si él entiende que puede convertirse en el único dominicano capaz de lograrlo sobre todo pronóstico, tiempo de sobra tenemos para verlo; lo malo de todo es que no sólo lo vivirán quienes apuestan a ello, sino también los inocentes que nada tenemos que ver con eso. No quisiera escuchar de alguien la expresión aquella: «yo no tengo la culpa de esta desgracia, no voté…».

Autor

Cristian Hidalgo
Cristian Hidalgo

Escritor, Ingeniero Civil de profesión y Realtor de oficio. Desarrollador de proyectos inmobiliarios, Asesor de Fideicomisos, Ley 189-11

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