El chivo expiatorio caso David Ortiz

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Siempre he sido un ser muy creyente; tanto que cuando alguien me dice ser un sacerdote, siempre que le pienso me lo imagino con su sotana. Al ver el circo de ayer tarde, cuyos protagonistas principales fueron el Procurador General de la República, Dr. Jean Alain Rodríguez y el director de la Policía Nacional, Mayor General Ney Aldrin Bautista, sólo me hizo recordar el cuento de los tres compadres.

Tres compadres muy unidos entre sí, uno le toma prestados a otro RD$1,000 con los que hizo un negocio que al fracasar, no sabía cómo darle la cara a su compadre acreedor. Eso hizo que se desapareciera y no se dejara ver jamás de sus compadres, hasta que un día murió el tercer compadre. El compadre dueño de los mil pesos, sabía que en el velatorio tenía que coincidir con su compadre deudor.

Al juntarse en el funeral, ambos llorando de inconsolable manera al compadre fenecido; en un ínterin, acongojado le dice el acreedor: «compadre, hábleme de mis mil pesos que no me ha pagado»; a lo que el compadre deudor, entre llantos y mirando asombrado al muerto le dice: «compadre, pero no me diga que usted no los recibió, yo se los mandé»; el acreedor sorprendido le pregunta: «¿y con quién?»; fijando el deudor su mirada y haciendo un gesto con la boca apuntando al compadre fallecido.

En el caso de David Ortiz, no se sabe realmente a quién pretenden proteger nuestras autoridades, si al propio David, al verdadero autor intelectual del suceso o a los entes enquistados en la esfera del poder que pudieren estar vinculados con el autor intelectual y su estructura; pero lo cierto es que a alguien están protegiendo. Debo confesar que me he sentido seducido por la gran eficiencia y capacidad investigativa de nuestro Ministerio Público y la Policía Nacional cuando sobre ellos recae el incesante ojo avizor de los medios y la comunidad internacional.

Si algo debemos reconocerles a Ney Aldrin y Jean Alain, es su suprema capacidad de «arreglistas»; no creo que en este país haya alguien tan ingenioso a quien se le haya podido ocurrir un desenlace de esa película tan parecido a la verdad. Al final, para ellos lo mas importante era darles comida a los leones. Si querían a los autores materiales del hecho, ya los tienen; si no están conformes y quieren además al autor intelectual, ahí lo tienen también; sólo que está prófugo y ahorita podría aparecer muerto en un enfrentamiento con la uniformada dominicana.

En su gran esfuerzo por hacernos creer que se trataba de Fernández y no de Ortíz, el David; olvidó el director policial que quien se apostó a ubicar al objetivo desde tempranas horas en el bar, vio cuando llegó Fernández, quien permaneció sentado en la mesa durante mucho tiempo solo y sin protección alguna; paralelamente a eso presentó al equipo agresor entrando a una estación de servicio de la 27 de Febrero, tomaron Gatorade y sin prisa salieron de ahí para encontrarse en otro lugar.

Si el objetivo hubiese sido quien pretenden hacernos creer, primero no fuese necesario montar tanto aparataje para ultimarlo; y segundo, al recibir la llamada de que ya estaba en el lugar solo en una mesa, los sicarios hubiesen salido despavoridos a realizar su trabajo; sin embargo, todo el movimiento se produce a partir de la llegada a la mesa del astro y principal comensal. Cuando Jean Alain y Ney Aldrin dejen esos cargos tan mal remunerados, que aprovechen los incentivos que otorga la ley de cines y se dediquen a producir películas dominicanas; si a Robertico mal no le va, a ellos mucho menos.

Autor

Cristian Hidalgo
Cristian Hidalgo

Escritor, Ingeniero Civil de profesión y Realtor de oficio. Desarrollador de proyectos inmobiliarios, Asesor de Fideicomisos, Ley 189-11

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