La reelección presidencial ¿mala o buena?

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Decía el poeta español Ramón de Campoamor: “En este mundo traidor, nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”. En el año 2011, mas de 2 millones de dominicanos seguidores del Dr. Leonel Fernández, le prestaron su rúbrica con el pedimento que se repostule en el cargo, no obstante el impedimento constitucioal. Ello fue reafirmado en un masivo y efusivo acto celebrado en el Palacio de los Deportes, patrocinado por los actuales enemigos de la reelección.

Para la ocasión, el presidente Fernández había agotado dos períodos consecutivos (2004-2008 y 2008-2012). Ya antes había ejercido la presidencia en el año 1996. Ante la incertidumbre de si el primer mandatario se dejaría seducir por aquellos promotores de su continuidad, los danilistas por su lado satanizaban la figura de la reelección; era algo que sólo escucharlo los enervaba y producía pavor; estaban contestes que la declinatoria de Leonel era su única posibilidad de imponerse en un proceso interno.

Ante la diatriba asumida hoy por algunos, respecto a la reelección presidencial (parecería es la única dañina), surge una inquietud: ¿es mala la reelección per se? Es buena para quienes desean continuar administrando el Estado, pero mala para los que aspiran a llegar; se percibe una doble moral en los políticos dominicanos al criticar desde las gradas las jugadas que hacen dentro del play. Es de todos conocido que en países con una débil continuidad del Estado, 4 años para un gobierno bueno es muy poco, pero para uno malo es una eternidad.

Si un presidente se repostula o no, dependerá siempre de sus ambiciones y del ordenamiento jurídico del país de que se trate; su reelección sin embargo, dependerá del pueblo. Cuando un pueblo no quiere que un sujeto le gobierne, podrá imponer su rostro en todas las boletas electorales, pero el resultado será salir del gobierno. La Constitución podrá ser reformada y habilitar al presidente de turno para que se nomine; pero finalmente el pueblo tiene la última palabra.

La República Dominicana no será la excepción de cual sea el modelo constitucional que adopte respecto a la reelección presidencial. En países como Colombia, Guatemala, México y Paraguay (para referirnos a nuestro continente), se prohíbe la reelección en cualquier expresión; otros como Chile, Costa Rica, El Salvador, Panamá, Perú y Uruguay, la prohíben inmediata, pero permiten mas de una elección al cargo presidencial.

Otras importantes naciones en nuestro continente admiten la reelección presidencial indefinidamente: Nicaragua, Honduras, Cuba y Venezuela; pero mas allá vemos a España en Europa, nuestra madre Patria, de donde hemos copiado legislaciones tan importantes como nuestra actual Ley de Tránsito, Movilidad y Transporte Terrestre.

En nuestro actual modelo de permitir la nominación por el período siguiente a su elección, se inscriben: Estados Unidos, Brasil, Bolivia y Ecuador. En Argentina, en caso que el presidente opte por no presentarse en el período siguiente a su elección, queda facultado a hacerlo en uno posterior. Ante todo lo anterior, se pone de manifiesto que en nuestro país, la reelección presidencial no es mala ni buena; todo dependerá desde el lugar del que se vea, de arriba o de abajo.

En mi caso personal, en lo que no estoy de acuerdo es que la Constitución la estén festinando los gobernantes de turno para hacer de ella un traje a su medida. Apuesto porque una reforma involucre al pueblo con un Referendum Consultivo, en el que previamente se nos cuestione si queremos o no, sea modificada nuestra Carta Magna respecto a un tema determinado; posteriormente mediante el Aprobatorio, someternos si estamos de acuerdo o no, con lo que se modificó.

Autor

Cristian Hidalgo
Cristian Hidalgo

Escritor, Ingeniero Civil de profesión y Realtor de oficio. Desarrollador de proyectos inmobiliarios, Asesor de Fideicomisos, Ley 189-11

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