El Consejo Nacional de la Magistratura, la iglesia en manos de Lutero

En Editorial  por

Cónsono  con el numeral 1 del artículo 23 de la Constitución de la República Dominicana del año 1966, correspondía al Senado la designación de los jueces del sistema judicial: la Suprema Corte de Justicia, las Cortes de Apelación, el Tribunal de Tierras, los Juzgados de Primera Instancia, los de Instrucción, los de Paz y sus suplentes; y los de cualesquiera otros tribunales del orden judicial creados por la ley.
Hasta el año 1994, bastaba caerle en gracia (directa o indirectamente) al senador de la provincia o a alguien de mayor poder político en el Palacio Nacional para ser objeto de la designación como juez, no siendo necesaria en algunos de los casos la condición de abogado. Las sentencias de los tribunales dominicanos dependían del gobierno; bastaba con que el senador enviara un «papelito» al juez «recomendando» a un imputado, para que los culpables sean inocentes y los inocentes sean culpables (salvo pocas excepciones).
Es en la reforma constitucional del 1994, cuando se adecenta y democratiza el sistema judicial dominicano, creando el Consejo Nacional de la Magistratura, sobre quien recae la designación de los jueces de la Suprema Corte. En ese entonces, el gobierno dominicano no controlaba ese supremo organismo, puesto que estaba conformado por siete miembros: el presidente de la república (a falta de éste, por el vicepresidente; y a falta de ambos por el procurador general), por el presidente de la Suprema Corte de Justicia y un juez de ese tribunal; por el presidente del Senado y un senador de un partido diferente al de éste; y por el presidente de la Cámara de Diputados y un diputado de un partido diferente.
Es evidente que al configurar el Consejo Nacional de la Magistratura del 1994, nuestro legislador procuró la independencia del poder judicial con la inamovilidad del juez hasta tanto cumpla el tiempo por el que fue elegido. El juez resultante de este organismo, no tenía compromisos con nadie ni debía el favor a alguien. Existe una frase al respecto que dice: «El juez es el único ser humano que ser mal agradecido lejos de un defecto para su persona, es su mayor virtud».

Actuales miembros del Consejo Nacional de la Magistratura, encabezado por el presidente Danilo Medina.

Es con la reforma del 2010 que a pesar de los jueces seguir siendo designados por el Consejo del Poder Judicial, conformado por: el Presidente de la Suprema, quien lo presidirá; un Juez de la Suprema; uno de Corte de Apelación; uno de Primera Instancia; y un Juez de Paz (todos elegidos por sus pares, exceptuando al presidente). Entre sus atribuciones, la primera expresa: «presentar al pleno de la Suprema los candidatos para nombramiento, determinación de jerarquía y ascenso de los jueces de los diferentes tribunales, de conformidad con la ley».
Mientras en el anterior CNM el gobierno tenía asegurados 3 de los 7 votos, a la hora de designar a los jueces de la Suprema Corte, tenían fuera de su control la designación de sus fieles en esa alta corte, esfumándose la esperanza de que debiéndoles el favor del cargo; dentro o fuera del poder, si fuecen procesados judicialmente, percibir la «benevolencia» de la justicia. En el primer caso, por el privilegio de jurisdicción; y en el segundo, porque a pesar de ser procesados en los tribunales ordinarios, el tercer grado (la Suprema Corte en materia de casación) sería un filtro por donde debe pasar todo proceso para que adquiera autoridad de la cosa irrevocablemente juzgada.
Es así como para fortalecer esa debilidad incluyen al Procurador General de la República, funcionario que depende de la voluntad del presidente de la república. Al Hacerlo no sólo logran «equilibrar» la balanza, sino que la ponen bajo su absoluto control, ya que al tener la configuración un número par, se establece que ante un empate en las deliberaciones el voto del presidente prevalecerá (desempatará). Quiere decir que  en las altas cortes se nombran a los jueces que quiera el presidente de la república, ya que no importa que la presidencia del Senado y de la Cámara de Diputados esté en manos de la oposición; siempre tendrá mayoría de votos en el Consejo Nacional de la Magistratura.
Como está la actual matrícula del CNM, lo convierte en una herramienta de impunidad para los gobiernos de partidos que logren reelegirse. Antes de marcharse del poder dejan en esas posiciones a personas de su «confianza», lo que les brinda impunidad en todos los actos de sus vidas públicas y privadas. Si dentro de 17 miembros que posee su pleno, dos o tres no agradecieren su designación, no sería significativo para los fines. Como los jueces son inamovibles y sólo a los 7 años serán evaluados en su desempeño, donde se determinará si continúan o no en el cargo; quiere decir, que aún el gobierno de turno pierda las elecciones próximas, el próximo gobierno a menos que se reelija no podrá cambiar a los jueces de la Suprema Corte de Justicia.

Autor

Cristian Hidalgo
Cristian Hidalgo

Escritor, Ingeniero Civil de profesión y Realtor de oficio. Desarrollador de proyectos inmobiliarios, Asesor de Fideicomisos, Ley 189-11

Artículos Relacionados

Comentarios

    No hay comentarios

La realidad existe como un absoluto objetivo: los hechos son los hechos, independientemente de los sentimientos, deseos, esperanzas o miedos de los hombres

Notifica.do Todos los Derechos Reservados 2019.

Powered by

CODASOR

Ir arriba