El infierno de los venezolanos en Panamá

En Editorial  por

Un fragmento del anónimo poema Verdades Amargas, dice: “…si estamos bien, nos tratan con cariño, nos alaban y hasta nos adulan; mas si acaso caemos en desgracia del destino sólo por compromiso nos saludan. El que nada tiene, nada vale; en toda reunión pasa por necio; y por mas nobles que sean sus hechos sólo alcanzan la burla y el desprecio”.

Cuando hasta la década del 1950, mientras el resto del mundo luchaba por recuperarse de los estragos causados por la Segunda Guerra Mundial, Venezuela era considerado el cuarto país más rico de este mundo, medido por el tamaño de su Producto Interno Bruto. Ese país fue considerado en algún momento, como consideran muchos hoy a los Estados Unidos,  “el sueño americano del Sur”, era dos veces más rico que Chile, cuatro veces más rico que Japón y 12 veces más rico que China. A pesar de que aún cuenta con las reservas petroleras más grandes del mundo (superiores a los 300.000 millones de barriles, casi 10 veces más que las de todo Estados Unidos, y superiores en 30.000 millones de barriles a las de Arabia Saudí), los venezolanos en el día de hoy se mueren de hambre en su país; y algunos que se aventuran a salir son tratados como parias e indigentes en los demás países de la región.

En la historia reciente, cuando en el año 1984, en medio de continuas protestas, azuzadas por los norteamericanos deseosos de salir de Manuel Antonio Noriega, el entonces presidente estadounidense Ronald Reagan congeló todos los fondos del gobierno panameño en bancos norteamericanos, llevando al país al colapso económico. Para la época, los panameños vivieron una crisis similar a la que hoy viven los venezolanos, Provocando que cientos de miles se desplazaran de su patria a otros países, muy especialmente a Venezuela; con la diferencia que los venezolanos les hacían sentir como huéspedes distinguidos.

Lamentablemente el malagradecido no tiene memoria; y hoy los panameños han asumido una beligerante actitud hacia los venezolanos que buscan en su país un mejor modo de vida; tratándolos como parias, indigentes y en algunos casos como si fuesen portadores de alguna contagiosa enfermedad de la que huyen ser infectados. Los panameños a pesar de ser altamente flexibles en su sistema migratorio, con los venezolanos han exhibido un inusual comportamiento de extrema xenofobia que hace sentir a sus vecinos como si estuvieran en el mismo infierno.

Ese sentimiento de animadversión se pone de relieve en todo momento; el trato inhumano, despiadado e inmisericorde que el panameño dispensa al venezolano es tan inconcebible. Por la proliferación de las redes sociales se podemos ver todos los días expresiones tan denigrantes y humillantes como: Este venezolano, hijo de perra, muerto de hambre, escoria; que sólo se la pasa hablando mal de Panamá; y por que susa no hablan de su país, y de su gente, donde se están muriendo de hambre, sin medicina, tienen que atenderse con veterinarios como animales, porque no pueden atenderse con médicos”, etc, etc…

La situación es tan caótica que hoy los venezolanos son los culpables de cualquier cosa mala que le ocurra a un panameño: si caminan mal y tropiezan, la culpa es de los venezolanos; si les va mal en sus negocios, la culpa es de los venezolanos; si mal les va en sus relaciones laborales, personales o conyugales, los culpables son los venezolanos; si llueve o deja de llover, igual son culpables los venezolanos. En fin, esa zozobra de vida a la que tienen expuestos los panameños a los vecinos, es para no deseársela ni a su peor enemigo.

A diferencia de otras naciones del continente en donde se producen casos aislados, en Panamá ese odio patológico hacia los venezolanos es federado, toda vez que desde el mismo gobierno se establecen políticas para fastidiarles la existencia a esos extranjeros y obligarlos a retornar a su país. El gobierno que preside Juan Carlos Varela, de manera hipócrita, irresponsable, inhumana y despiadada juega a la doble cara (la que exhibe al mundo y la que actúa contra los venezolanos). Por un lado dice que va a crear una oficina de atención para los venezolanos que quieran traer a sus familiares con consanguinidad más cercanas… ayudarlos con su estatus migratorio; pero en la práctica establece controles para todo lo contrario.

Los inmigrantes procuran tener su permiso laboral al día para no ser un estorbo en ese país; sin embargo, el gobierno venezolano no les está renovando los pasaportes; y quien puede acceder a ello tendría que erogar una fortuna, lo que se les hace imposible a aquellos que alquilan su fuerza de trabajo en otras latitudes. Ante esa debilidad, el Ministerio de Trabajo de Panamá, tiene la excusa perfecta para deshacerse de sus vecinos. Les exigen el pasaporte vigente o la prórroga que otorga el gobierno, misma que tiene un costo de US$280.00 que muy pocos pueden costear. De lo que se trata es de asfixiarlos, meterlos entre la espada y la pared, para que voluntariamente tengan que abandonar el país.

Si es cierto que que algunos nacionales venezolanos asumen comportamientos divorciados de la ética, la moral y las buenas costumbres, que nos conducen a mal pensar de todos; no menos cierto es que esa es una actitud inherente al ser humano sin importar su nacionalidad. También existen malos dominicanos, malos panameños, malos americanos, malos chilenos, malos de todo; pero por esos malos ciudadanos no debemos marginar a la gran mayoría de sus compatriotas. Todos los países tienen una latente amenaza que los puede llevar a una crisis como la actual que azota a Venezuela.

Es hora de deponer esa actitud xenofóbica hacia un pueblo que ha sido cuna de la solidaridad; a nivel estatal lo hizo el Presidente Hugo Chávez con Petrocaribe; pero a nivel personal el venezolano es acogedor, solidario y hospitalario. Si no somos capaces de alivianar la pesada cruz que cargan sobre sus hombros, al menos no lancemos piedras sobre su senda para hacer mas difícil su peregrinar. No olvidemos que hoy estamos en nuestros países, con nuestros familiares; pero mañana no sabemos en donde estaremos nosotros o uno de nuestros seres queridos. La solidaridad no se mendiga, simplemente se dá.

Autor

Cristian Hidalgo
Cristian Hidalgo

Escritor, Ingeniero Civil de profesión y Realtor de oficio. Desarrollador de proyectos inmobiliarios, Asesor de Fideicomisos, Ley 189-11

Artículos Relacionados

Comentarios

    No hay comentarios

Comentar

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Nos reservamos el derecho de no publicar los comentarios con palabras difamatorias e injuriosas. Por lo que, las personas que en sus comentarios violen la ley 6132 sobre expresión y difusión del pensamiento, entregaremos su identidad a las autoridades correspondientes para los fines de lugar.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.

La realidad existe como un absoluto objetivo: los hechos son los hechos, independientemente de los sentimientos, deseos, esperanzas o miedos de los hombres

Notifica.do Todos los Derechos Reservados 2018.

Powered by

CODASOR

Ir arriba