El ídolo de cera

En Editorial  por

Decía Joseph Fouché, “…así nacen siempre las guerras, de un juego con palabras peligrosas, de una superexcitación de las pasiones nacionales; y así también los crímenes políticos; ningún vicio y ninguna brutalidad en la tierra han vertido tanta sangre como la cobardía humana”.

Hay personas a quienes la mas efímera de las glorias toca su puerta y se les hospeda por un tiempo, en donde el ungido experimenta un nirvana en el que debe tener muy bien atada la cabeza al cuerpo y adheridos los pies al suelo, para cuando pase el proceso anestésico y les asalte el sentimiento de abandono no se conviertan en víctimas de la felonía de quienes les profesaron amor eterno. “Nunca te crees elevadas expectativas de los demás, para que te sorprendan y no te decepcionen”.

La gravedad se convierte en su mejor aliada; a su entorno conduce todo tipo de personas que le alaban, le adulan, le idolatran; y algunos son tan “leales” y “firmes” que además de profesar una eterna fidelidad, son capaces de jurar hasta lanzarse de un puente para proteger los intereses de “el don”. Es así como Abogados, ingenieros, contadores, auditores, médicos, y un amplio menú de todas las áreas del saber dicen presente para que “el don” sepa que es uno de sus fieles.

Según el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, el tratamiento “don” o “doña” proviene del latín “domĭnus” (propietario o señor), término que también dio origen a la palabra dueño. Así con todo estupor crean un ambiente en donde al “personaje del momento” le hacen acreedor del mundo, que sólo Dios puede igualar su poderío. Lo peor de todo es que se lo creen.

Es una suprema aberración ver todos los días en las redes sociales a personas cuya trayectoria pudiera haberles colocado en elevadas posiciones de sus actividades privadas, esgrimir conceptos como: “Yo soy del don, no me importa que me digan tumba polvo, pecetero, o lo que sea”; otros dicen: “no importa lo que digan del don, aunque sea culpable, para mí es inocente”; o “…para el don, contra ti se levantarán mas no te vencerán porque tienes el poder de Dios”.

Esos lacayos de ejercicio son precisamente los que con su accionar construyen al “ídolo de cera”; les celebran todos sus chistes aún sean estos de mal gusto; siempre asienten a todas las travesuras que por inverosímil que sea se le ocurra a su amo. Al “ídolo de cera” no hay nadie que le aterrice porque sus palafreneros temen a la no aprobación de sus ideas, por lo que se van por lo seguro.

El “ídolo de cera” comete muchos errores porque no tiene equipo; se gradúa del “hombre orquesta” porque toca todos los instrumentos; en su entorno poseen dos o tres cabezas huecas de donde proceden las mas descabelladas iniciativas, pero cuando aparece alguien del entorno que le ofrece una sensata asesoría, por celo de espacio esta es boicoteada  por quienes creen tener la sartén por el mango.

La situación del “ídolo de cera” es tan compleja como el de una señorita muy hermosa; todos buscan su lado y le expresan poemas que excitan sus oídos; entre cien, tal vez 2 o 3 son sinceros, pero el resto sólo quiere aprovechar sus encantos. Se le nubla la razón y su capacidad no le permite diferenciarlos. Es por ello, que suelen terminar con las personas equivocadas.

Si ponemos ejemplos, tendríamos que mencionar nombres; pero si de algo nos sirve el espejo de los que usufructuaron el poder del 2008 al 2012, podemos colegir que todos los que fueron “ídolos de cera”, desde que calentó la temperatura se derritieron y aquellos que por ellos hasta su vida ofrendaban, son los mismos que hoy como cuervos devoran al “don” que como mártir cristiano que padeció el martirio durante la persecución de Diocleciano, y que diariamente sus fieles le encienden una vela.

Mi reflexión y sano consejo para el “ídolo de cera” es que si aspira a no derretirse cuando suba la temperatura, debe manejarse de lejos de los cuervos y facinerosos que hoy le ofrendan su vida, pero que mañana le clavarán el puñal y serán los primeros en echar leña a la hoguera para derretir a #elidolodecera. “Si deseas conocer a tu peor adversario de mañana, búscalo entre tus principales colaboradores de hoy”. Si quieres un ejemplo, mira hacia la acera del frente.

Autor

Cristian Hidalgo
Cristian Hidalgo

Escritor, Ingeniero Civil de profesión y Realtor de oficio. Desarrollador de proyectos inmobiliarios, Asesor de Fideicomisos, Ley 189-11

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